Homilia

Homilía del Domingo 19 de Junio de 2016

p3homiliaHomilía del Señor Arzobispo para el XII Domingo del Tiempo Ordinario
Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo? (Lc. 9, 18-24)
Hace dos mil años que Jesús formuló esta pregunta a un grupo de seguidores en la región de Cesarea de Filipo y la historia del cristianismo no ha terminado de responder a esta pregunta. Es una pregunta tan importante que la recogen los tres primeros Evangelios. Esta pregunta  de Jesús sigue pidiéndonos a todos una respuesta. Se trata de una respuesta vital, existencial, que pase por el corazón.
La pregunta es: ¿quién es Jesús para mí? ¿Qué lugar ocupa en mi vida? Pero, Jesús, ¿es realmente el centro de mi vida? ¿Le damos primacía absoluta en nuestras comunidades? ¿Lo ponemos por encima de todo y de todos? ¿Es Él quien me anima y me hace vivir? ¿Es Jesús quién llena mi corazón? ¿Siento que voy ganando vida con Él? ¿Me siento feliz de haberme encontrado con Él?.
Andrés Gide, a pesar de su rebeldía contra el cristianismo escribe: “Se que no existe nadie más que Tu, capaz de apagar mi corazón exigente”. Ciertamente Jesús es la expresión más elevada, más pura y más fecunda de la humanidad. En Jesús se encarna los valores que constituyen la base de una civilización plenamente humana: Jesús es lo mejor de nuestro mundo, Aquel que llena de sentido nuestra vida
Pedro, respondió diciéndole: “Tú eres el Mesías de Dios”. Pedro habla en nombre de todos. Y su convicción profunda es firme:” el Mesías de Dios”. Esta respuesta de Pedro está mezclada con una fe en un Mesías triunfal. La persona de Jesús tenía un atractivo. Tenía un gran éxito. Despertaba una  esperanza en la  gente. Pero esta respuesta de Pedro es inacabada, está condicionada por la ideología religiosa, proyectando sobre Jesús el ideal mesiánico del pueblo judío…
Jesús no reacciona felicitando a Pedro sino imponiendo silencio: “El les prohibió terminantemente decírselo a nadie”. Y es que la respuesta de Pedro, correcta en su formulación verbal, no corresponde a lo que Jesús piensa de sí mismo ni a lo que Dios quiere de él. Pedro anhela un Mesías triunfal, un líder político que se haga con el poder y se adueñe de la situación. Pero Jesús ha descubierto que los caminos de Dios van por otros derroteros.
Por eso les  anuncia su Pasión: “El Hijo del Hombre tiene que padecer mucho,  ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y letrados, ser ejecutado y resucitar al tercer día”. Jesús ve su futuro tan evidente y tan contrario al triunfo que ellos esperan que les habla con claridad de su Pasión y final trágico, como expresión de un gran amor.
Después Jesús añade a sus discípulos: “El que quiera seguirme, que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz  cada día y se venga conmigo. “El que quiera seguirme”. Quiere decir que Él no fuerza a nadie, no se impone a nadie, no obliga, respeta nuestra libertad….. Pero, ¿Qué significan las dos condiciones tan escandalosas que Jesús exige para el que quiera seguirle? Por eso, dice “El que quiera seguirme”.  Primera condición: “Negarse a sí mismo” quiere decir no estar centrado en sí mismo de manera egocéntrica, sino en el otro, es decir, en amar de verdad, liberar nuestra capacidad de amor verdadero superando el egocentrismo.
En definitiva, es como si les dijera: se trata de renunciar a sus ambiciones de poder, a sus necesidades de ser importantes, a sus intereses personales y, quizás, de perder la vida por mí y por la Buena Noticia. “Nadie tiene amor más grande que el que da la vida”.
Segunda condición: “Cargar con su cruz” ¿Qué es cargar con su cruz? “cargar con su cruz” no es sólo asumir los sufrimientos inherentes a la condición humana, sino asumir también el riesgo que supone el seguir a Jesús y el ser fiel a lo profundo de sí mismo, tomando opciones coherentes con los valores del Evangelio.
Al recordar hoy la pregunta de  Jesús, nos vienen las palabras que escribió E. Renan: “Jesús no será superado jamás…En él se ha condensado todo lo que hay de bueno y elevado en nuestra naturaleza…” Pero, ¿quién se toma  tiempo para escuchar su Palabra y dejarse fascinar por su amor? ¿Quién permanece en la noche de las dudas y de las incertidumbres con el corazón abierto a su Presencia? ¿Quién espera el alba de un nuevo día teniendo encendida la llama de la fe?
La fe en Jesús Resucitado nos abre un horizonte de una esperanza firme que no defrauda; nos revela un fundamento sólido sobre el cual podemos apoyar, sin miedos, nuestra propia vida.
Que hoy, en este domingo, podamos abrirnos a Él, a Jesús, para decirle: Tú eres Aquel que iluminas las noches de nuestro corazón y abres  un camino de esperanza para el mundo. Tú, Jesús, eres Alguien que nos  amas, que estás ahí siempre,  muy cerca de cada uno de nosotros, como una luz en la oscuridad.  Tú eres aquel que  hemos buscado siempre. Tú eres la Fuente única de nuestra vida y de nuestra alegría.

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