Buenas Nuevas

“¡El Cristo de Dios!”

p12tonyAl encuentro de  la palabra… según San Lucas para la Lectio Divina
“¡El Cristo de Dios!”
(Lc 9, 18-20 – XII Domingo del Tiempo Ordinario)

P. Tony Salinas Avery
asalinasavery@gmail.com
Con la expresión “¡El Cristo de Dios!”, el Evangelista Lucas, presenta a Pedro como cabeza del grupo apostólico, afirmando la centralidad de la fe que permite el seguimiento de Él, cómo único camino por el cual vale la pena que el discípulo lo pierda todo para ganarlo todo.
Este “Cristo”, es decir “Ungido” de Dios, viene presentado en toda la liturgia de la Palabra de este domingo, como un humilde y justo pastor atravesado y desechado por las autoridades de su tiempo, que por haber padecido amorosamente una pasión, alcanzará para su rebaño rebelde la gracia de hacerlo llorar a lágrimas tendidas, su propio arrepentimiento, llorando como cuando una familia llora por la muerte del primogénito, el que tenía que heredar y hacer continuar el nombre de la estirpe (Za 12,10). Sobre esta imagen profunda de contenido, el evangelista Juan presenta la figura de este “Cristo” crucificado y herido en el costado: “Un pasaje de la Escritura dice efectivamente: dirigirán la mirada al que traspasaron” (19,37). Lucas, a través, de este pasaje nos advierte, por otra parte, la profunda necesidad de confesar la verdad sobre la identidad de Jesús: “Y para ustedes ¿quién dicen que soy yo?”.
Con la confesión de quién es en verdad Jesús, Lucas señala en detalle el modo como se encarna la Palabra del propio Jesús en la comunidad de sus lectores. La frase “tomar la cruz” presente en Mateo, recibe un particular mínimo pero sugestivo en esa añadidura lucana “cada día”. Más allá de un martirio vivido de una sola vez, apunta a una vivencia cotidiana de la donación de la propia vida diariamente, recorriendo con Él la “vía dolorosa” (Vía Crucis). No podemos pasar por alto que los verbos empleados por Jesús, son como golpes de martillo que resuenan, para incomodar a quienes desearían una vivencia religiosa acomodaticia y sin la mínima exigencia. La adhesión a la vía de la cruz pasa a través de la fidelidad continua y escondida.
Pero el sufrimiento vivido por Cristo, invitación a vivirlo para sus seguidores, no es por sí un sufrimiento una pesadilla sin fin, ya que el cristianismo no está inscrito en la vivencia masoquista del dolor por el dolor. Los verbos conclusivos son, efectivamente pascuales: “Resucitar” y “Salvarse”. De aquí, que en este tercer relato de los anuncios de la Pasión, que es el que hoy hemos leído, debemos de comprender a la vez, que se trata también del tercer relato de la “Glorificación” del Cristo, es decir, de su triunfal y definitiva victoria sobre el pecado y la muerte, a la cual invita también a sus secuaces. Éste es en definitiva el destino de todos los discípulos de Jesús, que es en verdad el “¡Cristo de Dios!”.

A %d blogueros les gusta esto: