Punto de Vista Reflexión

A la mitad del camino

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P. Juan Ángel López Padilla
A lo que me refiero, es a la mitad de este año civil. A la mitad del camino espero que no se convierta en un “a medio camino”. Recién esta semana pasada hemos cruzado el ecuador de este 2016 y mientras hacía oración en la mañana de ese día, me vino a la memoria que era el cumpleaños de uno de mis padres espirituales: el P. Juan Pablo Pelloquin. Supongo que la celebración ha debido ser por todo lo alto en el cielo con la Virgen, de la que debe seguir siendo un gran devoto, dirigiendo el coro. Fuera del recuerdo de este santo sacerdote al que espero llegarle siquiera a los talones, algún día, me puse a hacer examen de conciencia de los propósitos de este año y qué tanto los había mantenido.
Al inicio del año civil siempre nos planteamos algunas metas, algunos proyectos. Conviene saber si “a estas alturas del partido”, siquiera hemos alcanzado a mantenernos fieles a lo que allá nos propusimos.
El tiempo es una medida humana que hay que saber administrar y que desperdiciamos con demasiada facilidad. Muchas veces me ha golpeado aquello de que: “el tiempo perdido, hasta los santos lo lloran.” El golpe viene sobre todo por la preposición “hasta”. Ese “hasta” puede hacer referencia a 3 cosas, a cual más delicada. Hasta, remite a un asunto de tiempo. Por el contexto del refrán, pareciera que por ahí vienen las cosas, al límite del tiempo que se malgasta.
Por otro lado, hasta, también puede referir a un asunto de cantidad. Aquí el asunto se complica. Son muchas las circunstancias, en las que si hacemos el balance hemos acumulado cosas sin hacer o hechas a medias. Finalmente, esta preposición también puede apuntar a una dificultad, a lo que puede ocurrir: hasta que nos pase tal o cual situación. Me hace pensar en el riesgo que corremos de terminar con muchísimas lágrimas en nuestro rostro y sobre todo en el corazón, porque colmamos nuestra historia personal o comunitaria, de mediocridades, de cosas hechas a medias.
En fin, si hacemos, con corazón sincero, el balance de lo que vamos haciendo con nuestro tiempo, nos daremos cuenta fácilmente de lo mucho que derrochamos este bien, este medio.
Para el caso, y disculpen si generalizo un tanto, ¿Cuántas veces han cruzado la Puerta Santa de la Misericordia? Creo que nos hemos vuelto un tanto conformistas con esto. Ya peregrinamos una vez, a la catedral o a cualquiera de los santuarios que han sido señalados para ese propósito, y pensamos que con eso, ya hicimos suficiente. Nos quedan 5 meses para concluir este Año Extraordinario de la Misericordia y es muy posible que estemos desaprovechando la oportunidad de ganarnos la indulgencia plenaria, concomitante con este año de Gracia.
Llegados a la mitad de este año, deberíamos preguntarnos por si estamos satisfechos con el bien que hemos hecho y el mal que hemos evitado. De repente es necesario un cambio de actitud generalizado, porque al ritmo que vamos, estamos desperdiciando mucho tiempo en cosas que no valen la pena, para nada. Porque lo que ya no hicimos, pues ni de recuerdo sirve.

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