Choluteca Diócesis

Fiesta en Choluteca por ordenación sacerdotal

Fiesta en Choluteca por ordenación sacerdotal
“Un nuevo Sacerdote es un ejemplo de alguien que ha caminado, luchado, perseverado y ha recibido ese regalo de Dios”  Monseñor Guido Charbonneau
Texto y Fotos: Héctor Espinal
heroes207@yahoo.es
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En junio, Mes de la Juventud, Mes de las Vocaciones en la Diócesis de Choluteca se celebró con mucha alegría y entusiasmo, la Ordenación Presbiteral de Marvin Javier Ramírez Castillo,quien es originario  de la comunidad Portillo del Viento del municipio de Linaca; es el segundo de seis hijos del matrimonio de Tiburcio Ramírez y Marcela de Jesús Castillo.
Actualmente el nuevo presbítero es Asesor Diocesano de Pastoral Juvenil y está en la Parroquia “Cristo de Esquipulas del municipio de El Triunfo; dichos nombramientos fueron hechos en diciembre del año 2015 por Monseñor Guido Charbonneau, Obispo de Choluteca.
La ordenación se realizó en la Catedral Inmaculada Concepción de Choluteca y  los medios de comunicación se incorporaron a esta gran alegría al aportar todo su equipo logístico para hacer la  trasmisión en vivo a este magno evento; tal es el caso de Radio Paz La voz Católica del sur y el canal 42 tvs .
El templo estaba repleto de feligreses, entre ellos los familiares del recién ordenado y muchos sacerdotes que asistieron y concelebraron en la ceremonia
Homilía A la luz de la Palabra de Dios que hemos escuchado, podemos contemplar este don maravilloso que el Señor hace a su Iglesia. Ante todo, el elegido se identifica con Jesús, Sumo y Eterno Sacerdote, y se hace su discípulo misionero, dijo Monseñor Guido Charbonneau, Obispo de Choluteca,  durante la homilía y luego prosiguió.
El Evangelio que hemos escuchado nos pone delante a Jesús que empieza su vida pública. Él proclama con entusiasmo una buena nueva: “El plazo se ha cumplido. El reino de Dios está llegando. Conviértanse y crean en el evangelio”. El reino de Dios es el proyecto de vida de Jesús, su predicación será centrada en el Reino de Dios. Al recibir el bautismo, hacemos nuestro el proyecto de vida de Jesús. En todas las circunstancias de nuestra vida, debemos hacer presente el reino de Dios. Con mayor razón, el sacerdote, que es otro Cristo, consagra todo su ser, todas sus facultades, toda su vida, al reino de Dios. El reino de Dios debe ser la prioridad absoluta del sacerdote. Lo demás viene en segundo lugar. Si dos actividades se presentan al mismo tiempo en la vida de un sacerdote, por ejemplo entre ver un partido de la selección nacional y la celebración de una misa, ¿qué es lo que tendrá que hacer primero? La respuesta es evidente. Con mayor razón, el sacerdote deberá rechazar todo lo que lo puede llevar al pecado y optar radicalmente por Jesucristo como su amigo y su Señor.
La vida de un sacerdote está marcada por un deseo permanente de conversión, para centrar su vida en Dios y poner en Él toda su confianza. Querido Marvin, ¡que Jesús sea siempre la única razón de tu ministerio sacerdotal! Alimenta tu vida espiritual con la oración, con la Lectio Divina y con la Eucaristía. Al recibir la gracia del sacerdocio, serás hecho compañero de Jesús, como los doce apóstoles lo fueron. Jesús no quiso trabajar solo. Inmediatamente después de proclamar el reino de Dios, escogió a sus primeros cuatro discípulos  y los invitó a responder libremente a su invitación: “Vengan conmigo y los haré pescadores de hombres”.
¡Qué vocación más bella ser pescadores de hombres con Jesús e ir al cielo al final de nuestra vida con miles de almas que hemos rescatado de la esclavitud del pecado! La respuesta del elegido implica desprendimiento y renuncia, pero se traduce ante todo en el seguimiento de Jesús. Ser discípulo misionero no significa primero abandonar algo; es ante todo encontrarse con Alguien, con Cristo Resucitado, y seguirlo hasta el final de la vida.
San Pablo invita a los Filipenses a tener los mismos sentimientos de Cristo Jesús. Todo cristiano, con mayor razón el sacerdote, tiene que identificarse con Cristo, el cual se despojó de su grandeza, tomó la condición de esclavo y se hizo semejante a los hombres.
El sacerdote debe ser, como Jesús, un hombre humilde y servidor de los demás. En su condición de hombre, Jesús se humilló a sí mismo haciéndose obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz.
El sacerdote acepta las humillaciones que sufre por Cristo, se hace obediente a la voluntad del Padre y manifiesta eso en la comunión con su obispo. Marvin, te tocará llevar tu cruz detrás de la cruz de Jesús: no te desanimes cuando te suceda esto. Más bien, confía en el Señor, en tu obispo y en tus hermanos sacerdotes. La oración mutua, la fraternidad y la solidaridad son armas espirituales que nos ayudan a pasar a través de todas las pruebas que nos presenta esta vida. San Pablo nos dirige una invitación muy actual: “Ayúdense mutuamente a llevar las cargas, y así cumplirán la ley de Cristo” (Gal 6,2). Marvin, entras hoy en el colegio presbiteral alrededor de tu obispo, que actualmente soy yo. Sé siempre un constructor de unidad y de paz en el clero y con el pueblo que te será confiado.
El himno a Cristo en la carta de san Pablo termina así: “Dios exaltó a Jesús y le dio el nombre que está por encima de todo nombre, para que ante el nombre de Jesús se doble toda rodilla en los cielos, en la tierra y en los abismos, y toda lengua proclame que Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre”.
Marvin, sé el testigo de Cristo Resucitado toda tu vida. Lo has sido desde año y medio en la parroquia “Nuestro Señor de Esquipulas” y en la Pastoral Juvenil diocesana. ¡Que en toda tu vida sacerdotal estés en permanente estado de misión, preguntándote cómo puedes alcanzar las periferias de este mundo, o sea las personas y los sectores más alejados de Dios! Ten en tu corazón la preocupación por todas las Iglesias. Sé un sacerdote ordenado y organizado, poniendo como meta pastoral el cumplimiento del plan diocesano y parroquial de pastoral. Vive la Eucaristía como máxima expresión del amor de Jesús por su pueblo, y como máxima expresión de tu amor por Jesús y por tu pueblo. Ponte a disposición de los fieles para escuchar su confesión y darles el perdón de Cristo. Pon tus manos ungidas para bendecir, nunca para maldecir, para hacer el bien, nunca para hacer el mal. Dios te ha dado un don para la formación: dale prioridad en tu ministerio, sin descuidar el ministerio profético y litúrgico.
Queridos sacerdotes, religiosas y fieles laicos, oren por Marvin no sólo hoy, sino todos los días. Ayúdenle a ser feliz y fiel en su sacerdocio. Nunca sean obstáculo a la realización de su vocación. No duden en practicar con caridad la corrección fraterna hacia él en sus debilidades humanas. Y así podremos decir todos con el salmista: “El Señor es mi pastor, nada me falta… Tu amor y tu bondad me acompañan todos los días de mi vida”. Hoy es la memoria del Inmaculado Corazón de la Virgen María: es la patrona de nuestra Diócesis. Que nuestra Madre María te dé un corazón para amar como el de ella, un corazón universal, un corazón que arda por anunciar el Evangelio.

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