Diálogos "Fe y Razón" Punto de Vista

Iglesia doméstica

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Iglesia doméstica
AmorisLaetitia/8
Diac. Carlos Eduardo  
carloseduardiacono@gmail.com
La Constitución Dogmática Lumen Gentium del Concilio Vaticano II, nos ratifica la primigenia doctrina: “La Iglesia es Pueblo de Dios” (LG 9). O sea, que no se enfatiza el aspecto orgánico, que lo tiene, sino el de comunidad de hombres y mujeres, creyentes en Jesucristo, el Redentor, y en su palabra. Cuando Pablo de Tarso es interceptado por el Señor en el camino de Damasco, es enviado a los discípulos, es decir, a la iglesia local, no a Jerusalén donde estaba Pedro y los demás apóstoles.
Hay Pueblo de Dios cuando hay bautizados que están en comunión con los apóstoles y sus sucesores, los obispos. Cada obispo está al frente de una iglesia particular como porción de la Iglesia Universal (Cfr. LG 23). Indican los obispos latinoamericano que “la diócesis, es lugar privilegiado de comunión” (DA 5.5.1). Por su parte, las parroquias “son células vivas de la Iglesia y el lugar en el que la mayoría de los fieles tienen una experiencia concreta de Cristo y de la comunión eclesial. Están llamadas a ser casas y escuelas de comunión” (DA 170).
Muchas de nuestras familias cristianas nacen, crecen, se forman y desarrollan en ese contexto de iglesia local (parroquia), integrante de una iglesia particular (diócesis), célula viva de la Iglesia Universal.  Y se ha subrayado la lógica continuidad que tiene que haber entre esas estructuras eclesiales y la familia, caracterizada como comunidad de amor. Nuestros obispos así lo proclamaron: «Agradecemos a Cristo que nos revela que “Dios es amor y vive en sí mismo un misterio personal de amor” y, optando por vivir en familia en medio de nosotros, la eleva a la dignidad de “Iglesia Doméstica”» (DA 115).
Y siguen afirmando nuestros obispos, entre los que se encontraba el futuro Papa Francisco: «En el seno de una familia, la persona descubre los motivos y el camino para pertenecer a la familia de Dios. De ella recibimos la vida, la primera experiencia del amor y de la fe. El gran tesoro de la educación de los hijos en la fe consiste en la experiencia de una vida familiar que recibe la fe, la conserva, la celebra, la transmite y testimonia» (DA 118). Estas ideas básicas, van a ser desagregadas, sistematizadas y puestas en una perspectiva programática-pastoral por la Exhortación Amoris Laetitia.
En primer lugar se pide un cuidadoso acompañamiento a los novios que se preparan para el Sacramento del Matrimonio, tema al que dedica doce numerales completos. Entre los numerosos conceptos destaca una cita de la Conferencia Episcopal Italiana: «Los que se casan son para su comunidad cristiana un precioso recurso, porque, empeñándose con sinceridad para crecer en el amor y en el don recíproco, pueden contribuir a renovar el tejido mismo de todo el cuerpo eclesial: la particular forma de amistad que ellos viven puede volverse contagiosa, y hacer crecer en la amistad y en la fraternidad a la comunidad cristiana de la cual forman parte» (AL 207).
Luego pide el Santo Padre que la Iglesia acompañe a los casados en sus primeros años. Esta debería ser una tarea propia de la Pastoral Familiar. Al respecto leemos: «Resulta de gran importancia en esta pastoral la presencia de esposos con experiencia. La parroquia se considera el lugar donde los cónyuges expertos pueden ofrecer su disponibilidad a ayudar a los más jóvenes, con el eventual apoyo de asociaciones, movimientos eclesiales y nuevas comunidades» (AL 223). Luego dedica su atención a los matrimonios que van avanzando en su relación, o como él dice: «…a los que en el amor han añejado el vino nuevo del amor». Sobre esto, seguiremos dialogando.

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