Buenas Nuevas

«¡Has juzgado bien!»

p7encuentroAl encuentro de  la palabra… según San Lucas para la Lectio Divina
«¡Has juzgado bien!»
(Lc 7,36-8,3 – XI Domingo del Tiempo Ordinario)
P. Tony Salinas Avery
asalinasavery@gmail.com
Queridos amigos, ¿se habrán dado cuenta ya de lo hermoso que es seguir semana a semana los relatos del santo Evangelio? Les animo a continuar acompañándonos por el “camino”, como le gusta a Lucas llamar al cristianismo. Hoy, para comprender el evangelio mismo, hay que tener a nuestras espaldas la finísima e intensa parábola del pobre y de su “pequeña ovejita” que un prepotente le ha robado. Se trata del texto de la primera lectura (2Sm 12,7-10.13). David, ignorando que detrás de esa parábola el profeta había ocultado la trama de su delito, había expresado toda su indignación y su deseo de justicia ante un crimen tan odioso. Pero ese fortísimo “¡tú eres ese hombre!” que el profeta lanza a la cara al soberano intocable pronuncia esa sentencia sobre David que no puede rehuir el juicio formulado por él. Bajo este maravilloso contexto literario, la Palabra de Dios de este domingo, nos vuelve a encarrilar en el Jubileo de la Misericordia que estamos viviendo. Con la primera lectura, se advierte sin lugar a duda, la ley del talión: “Haz golpeado con la espada, la espada no se apartará de tu casa”… Todo se mide como “delito-castigo”. Pero ésta no es la última palabra de Dios, ni el final de la historia, David confiesa: “¡He pecado contra el Señor ¡” El profeta lo absuelve: “¡El Señor ha perdonado tu pecado!”.
Sin lugar a duda, es un domingo para cantar las misericordias del Señor para cada uno de nosotros, que siendo pecadores, necesitamos arrepentirnos y buscar el perdón de Dios. A eso nos anima el Evangelio. Éste se desarrolla bajo la idea de dos deudores: el primero es el símbolo de la mujer que tiene la conciencia viva del gran perdón recibido, porque había pecado mucho, y por lo cual está profundamente agradecida; el segundo es el fariseo, que convencido por la superioridad de sus méritos respecto de sus pecados, se atiene a una formal y fría gratitud respecto a Dios.
Lucas el gran evangelista de la misericordia, nos invita a una seria reflexión sobre la verdad del actuar de Dios, que no obra y paga según nuestros pecados, sino que es rico en misericordia. Delito y perdón es el ritmo seguido por Dios cuando hay un corazón sincero y arrepentido. El escritor francés F. Mauriac declaraba justamente que “entre el Cordero de Dios y la miseria humana no existe abismo que la misericordia no pueda colmar. Dios es misericordia y perdón, y se ha revelado así precisamente perdonando y salvando a todo aquél que arrepentido hoy y siempre busca su salvación.
Con esta palabra de Dios, no podemos quedar impasibles debemos gritar con toda nuestrasfuerzas: ¡Qué grande es hoy y siempre la misericordia del Señor! El Salmo 129 bien nos interpela a pensar que si Dios mira la culpa de su hijos Oh Señor, ¿quién podrá subsistir?”, pero el mismo salmista nos hace comprender que de Él viene la salvación la redención copiosa. Preguntémonos ¿estoy yo juzgando bien el proceder misericordioso de Dios?.

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