Homilia

Homilía del Domingo 29 de Mayo de 2016

p3homiliaHomilía del Señor Arzobispo en la Fiesta de Corpus Christi
“Denles Ustedes de comer” (Lc. 9, 10-17)
Los discípulos se acercan a Jesús para decirle: “Despide a la gente para que vayan  a las aldeas a buscar alojamiento y comida”.  Pero Jesús no comparte su deseo…  Él tiene otra visión de la realidad. Por eso,  les contesta: “Denles Ustedes de comer”. La negativa de los discípulos se reviste de sentido común: hablan de lo poco que tienen y de la necesidad de comprar. Sus categorías son las de la sociedad injusta que Jesús  cuestiona. “No tenemos más que cinco panes y dos peces…”
A los doce  (y a nosotros),  nos toca darles de comer, eso forma parte de su tarea del anuncio del Reino y del anuncio del Evangelio.  Según los discípulos, la gente tendría que comprarse algo para comer. Jesús, sin embargo, les invita  a sustituir el comprar por el compartir: Eso significa que tienen que cambiar las relaciones entre nosotros y las relaciones entre nosotros y las cosas.  El problema del pan para todos es problema nuestro, no sólo de los hambrientos. El esquema del comprar crea afortunados y desafortunados: algunos tienen  mucho, demasiado, otros poco, otros nada. Necesitamos pasar del comprar al compartir. Hay más de mil millones de seres  humanos que se acuestan todas las noches con hambre. El mayor problema que sufre la humanidad es el hambre y eso es intolerable cuando hay sobradamente para todos. No es justo que algunos ganen tantísimos millones y otros se mueran de hambre.
Necesitamos concienciar a los señores del poder y de las finanzas para que hagan lo posible por darle también a la gente,  trabajo o una oportunidad para que desarrollen sus capacidades y también, abrirles horizontes de esperanza. El neoliberalismo globalizado, por afán del beneficio rápido y desmedido, desintegra culturas y religiones.
Dice el evangelio que Jesús: “tomó el pan, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición sobre ellos, los partió y se los dio”. Este gesto es muy importante: sólo cuando reconocemos que nuestros bienes son don del Padre a la Humanidad,  podemos ponerlos al servicio de los demás. No es posible reconocer sinceramente a Dios, como Padre de todo y fuente de nuestros bienes y seguir acaparándolos egoístamente, desentendiéndonos de los  pueblos hambrientos y de los que viven hundidos en la miseria. La vida no se nos ha dado para hacer dinero y consumir compulsivamente, sino para hacernos hermanos y hermanas. La vida consiste en aprender a colaborar en la humanización de nuestro mundo, empezando por nosotros mismos.
“Y se los dio a los discípulos para que se lo sirvieran a la gente”…  Jesús, al tomar los cinco panes y los dos peces, dar gracias y repartirlos, da una respuesta innovadora a las objeciones sobre la falta de dinero y la escasez de alimento para poder saciar el hambre de todos. Se trata de la respuesta del amor generoso del Padre, que a partir de poco,  sacia nuestra necesidad sobreabundantemente.
El Evangelio de hoy subraya la importancia de la solidaridad humana para resolver problemas que parecen no tener solución.  Sin solidaridad hay cuestiones que nunca se solucionarán. Sí, el Evangelio de hoy, nos invita a “globalizar” la solidaridad, el amor y  el compartir. Dios quiere que todos vivan y puedan alimentarse hasta saciarse.
Hoy celebramos la Fiesta del Corpus Christi. Al pronunciar la Acción de Gracias sobre el pan y el vino en la Eucaristía  reconocemos  que todo bien de la tierra es don del amor generoso de Dios y, por tanto, quedan  liberados, de la ambición de poseer para que los bienes  tengan  un destino universal, (los bienes de la tierra son para todos).  Cada vez que celebramos la Eucaristía nos disponemos a compartir nuestra vida y nuestros bienes.
En un mundo donde el hambre, la injusticia y el ansia de acumular bienes están tan presentes en nuestras sociedades, hemos de afirmar que la Eucaristía tiene una dimensión social y nos pide crear las condiciones de una nueva sociedad. Sólo si la Eucaristía es celebración del  amor y del compartir, puede considerarse memorial de Jesús, memorial de su amor.
Hoy también hay mucha hambre en nuestro mundo, hambre de pan, de cultura pero también de comprensión, de amor y de ternura. Nuestro mundo está hambriento de Dios…  ¿Quién va a satisfacer tantas hambres en nuestro mundo? Tenemos necesidad de que Alguien alimente nuestro corazón vacío de sentido. Jesús se convierte en alimento de nuestros corazones y nuestras vidas,
En esta Fiesta,  tenemos que preguntarnos: ¿Estamos dispuestos a poner en común “nuestros cinco panes y nuestros dos peces”? ¿Tenemos el valor para perder nuestros panes y nuestros peces y entregarlos al Señor para que puedan vivir muchos?
Que en nuestra oración hoy podamos decirle: “Señor Resucitado, gracias por tu Presencia entre nosotros y  porque en este gesto nos enseñas a compartir nuestra vida y nuestros bienes.

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