Caminar Punto de Vista

Al pan pan y al vino vino

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Al pan pan y al vino vino
Jóse Nelsón Durón V.
Aunque parezca una barbaridad literaria, el refrán español es más que propicio para sentar las bases de lo que podría ser el camino para crear una familia o una sociedad en que prevalezca la verdad, por muy dolorosa o fuerte que sea o parezca ser. La verdad es la verdad y es signo de autenticidad, sinceridad y confiabilidad. El Señor Jesús nos lo dice de una manera elegante: para ustedes el sí debe ser sí y el no debe ser no, porque si buscan y viven en la verdad serán libres. ¿Y qué mejor en este caminar que la libertad?, la gloriosa libertad de los hijos de Dios, dice san Pablo; no hay mayor felicidad que saberse libre, verdadero y hasta dispuesto a morir por la Verdad; libre y feliz por ella, porque, si estamos dispuestos a morir por ese don, ¿cómo no vamos a poner la otra mejilla por una simple bofetada de la vida o de aquellos que odian ver la felicidad en el prójimo? Dos tipos de autenticidad lían nuestro caminar: la propia nos define ante los otros y la ajena nos afecta en sentido positivo o contrario. La falta de autenticidad, falsedad e incertidumbre ajenas, es la causa mayor de las dolencias morales y espirituales del pueblo; su carencia nubla la percepción de una realidad que, por el contrario, luce diferentes colores y hace fallar en el momento de tomar decisiones, atándonos a una situación irreal y falsa. Las ataduras permanentes son esclavitud. Y no hay peor esclavitud que la soberbia que exhiben muchos mandamases y sus desmedidas ambiciones.
Pero en medio del bullicio y entretejida con el manto social en que se imprimen sus páginas, una noticia buena sobresale: el Decano de la Prensa Nacional cumple sesenta años de experimentar la alegría de anunciar el Evangelio. FIDES, Semanario de la Iglesia que tiene el santo honor de ocupar sus manos, amado hermano en el Señor, se llena de gozo por saberse instrumento de la gracia de Dios y por ser un sencillo papelito que lleva impresa la Palabra de Dios y el mensaje de su Iglesia a todos sus lectores, y por medio de ellos a muchísimos más, para única gloria del Altísimo Señor que ama a sus hijos y les comunica la radiante felicidad, el suave gozo y el regocijo de la verdad, que invita siempre a la libertad hermosa de las almas sencillas y limpias, en la esperanza que los hondureños vivamos en una sociedad auténticamente cristiana.
Estos días, tan llenos de significancia teológica y espiritual, dirigen nuestras almas hacia la verdad absoluta, el eminentísimo misterio de Dios que se manifiesta como Padre, Hijo y Espíritu Santo, que deja para la humanidad cristiana y para aquella que se una a la Verdad, el inefable y precioso Sacramento de la Eucaristía que celebramos en la Solemnidad del Cuerpo y Sangre de Cristo, «Pan mismo de los ángeles, que ahora comemos bajo los sagrados velos, lo conmemoraremos después en el Cielo ya sin velos» (Concilio de Trento). Pan convertido en Cuerpo crucificado y vino convertido en Sangre vertida en la cruz para la redención de todos, alimento auténtico para la vida eterna. Fue así como quiso Él que le recordáramos todas las generaciones, entregándose por nosotros. En el santísimo sacramento de la Eucaristía están “contenidos verdadera, real y substancialmente el Cuerpo y la Sangre junto con el alma y la divinidad de nuestro Señor Jesucristo, y, por consiguiente, Cristo entero” (Cc. de Trento: DS 1651). Realidades inefables que brotan del más auténtico corazón que se ofreció para que todos vivamos en la Verdad, aquí en la tierra temporalmente y en el cielo por toda la eternidad. Al pan, pan. Al vino, vino. Al Señor, ¡Señor y Dios mío! Amén.

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