Choluteca Diócesis

Jubilosa celebración de Pentecostés en Choluteca

Jubilosa celebración de Pentecostés en Choluteca
“Si Babel es la confusión y la dispersión, Pentecostés es la comunión en la diversidad.” (Creo en el Espíritu Santo/ Pneumatología Narrativa- Víctor Codina)
Texto y Fotos: Oscar Ibrahan Rodríguez
ibrahanrodriguez@yahoo.com
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Recientemente se llevó a cabo la Fiesta de Pentecostés. La Diócesis de Choluteca en sus distintas comunidades participó con mucho fervor de esta celebración, iniciando con la vigilia del sábado y continuando el domingo como principal día festivo a la tercera persona de la Santísima Trinidad.
La Parroquia San Lorenzo desde las 6:00 pm del día sábado inició la vigilia de Pentecostés, así como la mayoría de las demás parroquias. Desde luego, no podía faltar la Parroquia Espíritu Santo de Monjarás que de igual manera estuvo de Fiesta. Una parte de la feligresía católica de la zona urbana de la ciudad de Choluteca, también vivió la vigilia en un concierto católico de Azeneth Gonzalez en el Instituto Santa María Goretti, finalizando con una hora santa.
El día domingo, el personal de la Universidad Católica de Honduras, Campus Dios Espíritu Santo, se unió también a la festividad, participando en el rezo del rosario y seguidamente en la Eucaristía presidida por Monseñor Guido Charbonneau.
En la homilía de pentecostés Monseñor Charbonneau dijo:
“Pentecostés es el nacimiento de la Iglesia, una Iglesia que sale de sus miedos, de su encerramiento, de sus fronteras, para proclamar la buena nueva del Evangelio a todas las naciones.
Nosotros, que hemos sido bautizados, podemos preguntarnos cómo se manifiesta el Espíritu Santo en nuestra vida. Para enfrentar el poder del pecado y de la muerte, contamos con un aliado formidable: el Espíritu Santo. Nuestra vida es una lucha constante: las fuerzas del pecado siguen amenazándonos con su capacidad destructiva, pero la situación ha cambiado con la venida del Espíritu Santo.
San Pablo presenta el Espíritu Santo con un dinamismo formidable en el capítulo 8 de su carta a los Romanos: el Espíritu inspira, tiende a la vida y a la paz, habita en los cristianos, dará vida a nuestros cuerpos mortales, nos ayuda a dar muerte a las bajas acciones, nos hace hijos de Dios, nos permite clamar en la oración: Abba, Padre; nos hace herederos de Dios y coherederos con Cristo. El Espíritu Santo es el que nos da nuestra tarjeta de identidad como cristianos. Como cristianos, somos hijos de Dios, pertenecemos a Cristo, somos templos del Espíritu Santo, somos miembros de la Iglesia, somos herederos de Dios y coherederos con Cristo.
Volvamos a tomar algunas expresiones de esta carta de san Pablo: “Ustedes no están animados por los bajos instintos, sino por el Espíritu, ya que el Espíritu habita en ustedes”. El Espíritu habita en nosotros desde nuestro bautismo. Muchas personas no están conscientes del don maravilloso que han recibido en el bautismo, el Espíritu Santo. Viven obedeciendo a sus bajos instintos. San Pablo dice: “Si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no le pertenece”. El Espíritu nos hace pertenecer a Cristo. Frente a la tentación del pecado, el Espíritu nos da la fuerza para decir: No, yo pertenezco a Cristo. “Pero si con el Espíritu dan muerte a las bajas acciones, entonces vivirán”. El Espíritu Santo nos sostiene constantemente en nuestra lucha contra el mal. Nuestra recompensa será la vida eterna. Recibiremos no una herencia de plata y oro, sino algo que no tiene precio: la vida eterna.
San Pablo prosigue: “Todos los que se dejan llevar por el Espíritu de Dios son hijos de Dios. Y ustedes no han recibido un espíritu de esclavos, para recaer en el temor, sino un espíritu de hijos adoptivos que nos permite llamar a Dios Abba, Padre”. Ser cristianos es lo contrario de ser esclavos. Ser cristianos nos libera de todos nuestros temores, nos hace vivir como hombres y mujeres libres y responsables. Nos hace reconocer en nuestra vida la presencia de un Dios que es Padre, un Padre misericordioso que se alegra cuando sus hijos viven en fraternidad y cuando se unen para construir una familia unida y una sociedad fraterna.
El Espíritu Santo trabaja incansablemente por la unidad de la Iglesia y de la humanidad. Nos mueve a vivir en comunión: comunión entre el obispo y los sacerdotes, entre los sacerdotes y los agentes de pastoral, entre los distintos movimientos apostólicos, entre personas de distintas sensibilidades políticas.

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