Reportaje

«La única forma de salir de la pobreza es la educación»

Padre Patricio Larrosa:
«La única forma de salir de la pobreza es la educación»
El presbítero Patricio Larrosa lleva 24 años en Honduras como misionero ayudando a los jóvenes a salir de la pobreza.
ABC Candalucía
redacción@semanariofides.com
Fotos: Acoes
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El padre Patricio llegó de misión hace 24 años a Honduras y quiso transformar la sociedad que tenía ante sus ojos. Fundó la Asociación Colaboración y Esfuerzo (Acoes),  para ayudar. Ahora hay una extensa red de organizaciones en España que colaboran para hacer realidad aquel sueño. Ha estado en Málaga de la mano de la Organización “Cooperación con Honduras”, que tiene sede en Fuengirola y que manda una media de cuatro contenedores de ayuda al año a los centros que coordina el padre Patricio Larrosa. Se trata de transformar la realidad de un país que es el más violento del mundo. «Hay 19 asesinatos al día y muere una mujer cada 19 horas», explica el padre Patricio, quien relata que «entre el 85 y el 97 por ciento de los niños son maltratados» y que Honduras es el país más joven de América, el más pequeño y el sexto en el ranking mundial de desigualdades. «El país lo controlan las grandes empresas multinacionales. Son dueños de todo y no revierten la riqueza en la población. Los beneficios de la Minería, las bananeras, las empresas de frutas del país o las camaroneras salen de Honduras, se paga muy poco a los trabajadores locales y no se produce un beneficio en la sociedad», lamenta el padre Patricio.

¿Qué es lo que intentan logra con su labor?
Dar oportunidad a la gente de Honduras que quiere ayudar a alguien. Facilitamos que se pueda hacer. También se trata de darle una oportunidad a la gente de otros países, como España, para que preste ayuda. Somos una ONG que lo único que persigue es dar oportunidades para que las personas avancen. Para eso ofrecemos años de educación y de estudiar.

¿Y se consigue?
Hay gente que vive en una comunidad que está muy mal. Le ayudamos a que estudie y a que le ayude a su gente. Esa es la forma en la que desarrollamos nuestra actividad. Un joven que estudia diez o doce años produce un cambio en su familia. Tenemos estudiantes cuyo futuro era sembrar frijoles y que pasaron a ser profesores en una universidad o a trabajar en una empresa. Tienen otras metas. La única forma de salir de la pobreza es la educación. Es un cambio que afecta ya a unos 10.000 estudiantes. Muchos han estado 10 años con nosotros. Empezamos con uno, ese llamó a otro y la voz se extendió. La red de solidaridad en España fue igual y ahora hay 22 de organizaciones involucradas.

¿Cuál es el método que se sigue?
Seguimos el camino del Evangelio. Sólo queremos organizar y ver cómo las personas adquieren esperanza y dignidad. Es un sistema en el que se viene medio día a estudiar y el otro medio día a ayudar a la comunidad. Todo eso lo gestionan hondureños, porque son personas que conocen los problemas, que creían que esos problemas no tenían solución y que resulta que sí se les puede dar alguna solución a sus vidas. Tenemos un grupo grande de hondureños que colaboran. Hay 177 universitarios.

¿Todo se basa en la esperanza de un futuro mejor?
La realidad que siempre se ha vivido aparece como algo que se puede transformar. Se pasa de pensar que no se puede hacer nada a ver que la sociedad se puede cambiar. Alargamos la juventud y creamos esperanza para que se pueda vivir mejor. El principal problema es que la mayoría de las personas jóvenes tienen un futuro incierto. Ofrecemos años de estudio. En Honduras la escuela pública es gratuita, pero las familias tienen que comprar los uniformes para poder ir, el material escolar y correr con todos los gastos. Las familias mandan a sus hijos a trabajar porque no se pueden permitir eso. Nosotros ofrecemos la oportunidad de estudiar en un país donde no se puede.

¿Y cómo se apoya desde España?
Hay 22 ONG que apoyan a Honduras. Todos voluntarios. Nadie cobra nada. Son personas con mucha generosidad. Se da ayuda económica y se envía y recibe personal. Se buscan becas y proyectos para poder desarrollar programas en Honduras y campañas de sensibilización.

REALIDAD
Honduras es uno de los países más vulnerables de América latina. El 80% de la población vive con menos de dos dólares al día y esta pobreza es claramente visible en los barrios que rodean a sus ciudades.
Tegucigalpa sirve de muestra: una de las ciudades más caóticas del continente. La pista de su aeropuerto muere apenas unos metros por encima de una de las principales avenidas de la capital hondureña, desde donde ya se observa multitud de pequeños barrios que cuelgan de las montañas que rodean la ciudad. Enjambres de pequeños habitáculos de chapa y madera, en muchos casos sin agua ni luz, vulnerables a las tormentas.
Niños y ancianos son los más expuestos a la pobreza en Honduras. Uno de cada tres jóvenes hondureños es analfabeta, unido en muchos casos a una deficiente alimentación. Acudir cada día a la escuela es a veces un sueño inalcanzable. El resultado es que cada año 400.000 niños se quedan fuera de las aulas, presas del trabajo infantil.

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