Caminar Punto de Vista

Aspiración al bien común

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Aspiración al bien común
Jóse Nelsón Durón V.
Desvíos, retrocesos, pérdidas de ruta, regresos malogrados y vueltas a caminar parecen ser típicas o normales en cada existencia y, debo confesarlo, en la mía han sido tan recurrentes que me llena de vergüenza tanta debilidad.Y un profundo sentimiento, que soy incapaz de descifrar, pone trabas cada minuto y cada día a mis débiles intentos por volver a ser lo que un día muy lejano fui; por intentar, espero sean sinceras mis palabras, pensar, actuar y vivir conforme con aquel tesoro que Dios escondió en un pequeñísimo espermatozoide que Él escogió para darme vida. Es tiempo de decirlo, antes que la pretensión de una supuesta conversión eche por tierra un nuevo propósito y, por el contrario, pueda causar más daño a cualquiera de mis herman@s que confiad@ se acerque a la mentira que camina cada día. Esta no es una confesión, sino una declaratoria, una afirmación. La confesión solamente es válida y eficiente en el Sacramento de la Reconciliación, como todo cristiano sabe (Jn 20,23).
Es un hecho innegable que nunca llegaremos a conocernos totalmente en nuestro interior y que solamente el Señor nos conoce hasta el tuétano; es importante, indispensable dice la Iglesia, inspirada por el Espíritu Santo, profundizar en la aspiración del yo interior a ubicarse y entonarse.Más que ser congruente, aspira a alcanzar lo ulterior, a sobre pasar las fronteras de sus limitaciones, a librar batallas que le permitan dominar las colinas ajenas y su entorno, donde se siente rey y guía de su propio destino. “Son muchos los elementos que se combaten en el propio interior del hombre. A fuera de criatura, el hombre experimenta múltiples limitaciones; se siente, sin embargo, ilimitado en sus deseos y llamado a una vida superior. Atraído por muchas solicitaciones, tiene que elegir y que renunciar. Más aún, como enfermo y pecador, no raramente hace lo que no quiere y deja de hacer lo que querría llevar a cabo.”(Constitución sobre la Iglesia en el mundo actual, Gaudium et Spes, Concilio Vaticano II, No. 10) He allí lo que sacude al hombre, lo asombra y empuja, y, no pocas veces, lo inclina negativamente. He allí lo que desdice su vocación y le declina en la búsqueda del bien común: su propio interior. Las grandes guerras y los grandes crímenes surgieron de corazones dañados que perdieron el norte y el sentido de sus vidas, enajenados, derrumbados y aplastados desde dentro.
Es tarea y misión, entonces, discernirnos y abrirnos totalmente, si en realidad queremos ser objeto de cambios y, por consiguiente, sujetos de la consideración profesional, social, gremial y hasta política en una sociedad hambrienta de justicia, equidad y paz. “Un puñado de cariño redime mejor que una sarta de amenazas” escribe el padre Ignacio Larrañaga, QDDG, refiriéndose a la sociedad cristianizada, al sentido de la vida del cristiano y, extrapolándola, a quienes se sienten llamados a la gestión del bien común por los distintos medios que aquella dispone.  Parafraseándola  me gustaría escribirles: «Una migaja de bien, un trabajo digno y un puñado de justicia, equidad, salud y paz, transforma un pueblo más que mucha politiquería barata e interesada» Y ahora que ya inician los deslumbres politiqueros, es hora de convencernos que la popularidad ganada por sagaz coincidencia con intereses de grupos y por astuta manipulación periodística, no necesariamente sustituyen un programa de gobierno inteligente y una personalidad capaz de llevarlo a la realidad, que eslo que merece y necesita la patria. Es tiempo de revisión sincera y de compromiso auténtico con el bien común.

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