Buenas Nuevas

“…Exhaló su aliento sobre ellos…”

p12tonyAl encuentro de la Palabra… según San Juan para la Lectio Divina
“…Exhaló su aliento sobre ellos…”  (Jn 20,19-23 – Pentecostés)
P. Tony Salinas Avery
asalinasavery@gmail.com
Aunque el hecho de Pentecostés es uno, a nivel narrativo tenemos dos textos bíblicos que nos cuentan tan maravilloso episodio vivido por la primitiva comunidad de discípulos, junto con la Virgen María, reunidos en Jerusalén, en el Cenáculo, el mismo lugar donde se celebró la última cena. El primer relato lo leemos en Hechos de los Apóstoles, en el capítulo 2 y la narración del Evangelio de Juan que hemos proclamado en este domingo. Pentecostés en la tradición judía, era la fiesta de la nueva alianza en el Espíritu de Dios, tal como lo habían anunciado los profetas Jeremías y Ezequiel.
Llama la atención de los textos proclamados algunas afirmaciones: “todos quedaron llenos del Espíritu Santo”. Todos han sido plenamente saciados de su presencia prometida y ahora cumplida. Pero de esta experiencia del Espíritu brota un signo particular que Lucas define con la expresión “hablar en otras lenguas”. Releyendo el texto del capítulo dos de Los Hechos de los Apóstoles, se saca la larga lista de nacionalidades que el evangelista une a la narración de Pentecostés, reflejando y afirmando categóricamente, la expansión y difusión del cristianismo en muchas de las regiones y localidades del Imperio Romano.
Los hebreos consideraban tomando como base la “tabla de las naciones”, presente en el capítulo 10 del Génesis, que en el mundo habían setenta nacionalidades. Un midrash, homilía judía sobre el libro del Éxodo dice: “La voz de Dios en el Sinaí, cuando fue pronunciada, se dividió en setenta voces para que todas las naciones pudieran comprender”.  Para Lucas entonces, en Pentecostés se da un cambio real y definitivo, Babel, ciudad símbolo del orgullo y de la opresión, es el lugar donde las lenguas se habían confundido separando entres sí a los hombres; Jerusalén, será cambio todo lo contrario, ésta es el nuevo Sinaí, donde el Espíritu es fuente única de armonía y de unidad entre todos los pueblos de la tierra, con sus diversas lenguas, culturas y nacionalidades. Lucas lo señala claramente: en Babel, según Génesis 11,7 “ninguno comprendía la lengua del vecino”; en Pentecostés “cada uno entendía en la propia lengua” (Hch 2,6). Jesús se hace un mensaje único que todos podían comprender claramente.
Con el Santo Evangelio, Pentecostés se realiza el mismo día de la Resurrección, el Señor presente entre los suyos, “exhala su aliento” y les comunica el Espíritu Santo, fruto de su propia resurrección. El gesto de “soplar”, evoca el evento primordial de la creación cuando “el Espíritu de Dios aleteaba sobre las aguas” (Gn 1,2) y penetrando hasta lo íntimo del alma humana: “había inspirado un alma activa y había infundido un espíritu vital” (Sab 15,11). Todos textos que apuntan a la nueva humanidad, a la nueva creación, que se ha hecho posible con la Resurrección gloriosa del Señor.  Los dos relatos de Juan y Lucas, hacen presente la acción del Espíritu, como inicio de la creación entera y la otra del inicio de la Iglesia misma, que será por su fuerza, el lugar de la vida en la comunión y la unidad de un solo cuerpo.

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