Diócesis San Pedro Sula

“Muy contento de estar en Honduras”

Rómulo Emiliani
“Muy contento de estar en Honduras”
Agradecido con Dios por la vida y por la misión encomendada, Monseñor Rómulo Emiliani vivió con alegría su natalicio y  sus 14 años como Obispo Auxiliar en San Pedro Sula.
Texto y fotos: Johanna Kattan
jokattan@suyapamedios.com
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Una de las muchas llamadas que recibió en su cumpleaños fue la de su amada madre. Desde Panamá, su país natal, Monseñor Rómulo Emiliani recibió ese saludo lleno del amor maternal de doña Geraldina Sánchez de Emiliani.
Al referirse a la llamada de su madre, Monseñor Rómulo lo dice con ternura y admiración. “Es muy agradable,  ella vive muy bien el presente, tiene 92 años pero se le olvidan las cosas cercanas y entonces con mi madre es divertido conversar, porque ella se ríe de sí misma,  de cómo se le olvidan las cosas”.
“Al conversar, me dice que  se le había olvidado que  era 3 de mayo, día de mi cumpleaños, y  yo le digo: Mamá, eso es bien grave”, expresa con una sonrisa. “Y ella me dice: Pues mira cómo estoy…. Y con eso la hice reír y eso es bueno porque se ríe y deja de ver la limitación”.
Día de la Cruz, 3 de mayo, fecha en la que Monseñor Emiliani celebra la vida, ese regalo hermoso de Dios. Entre sus mejores momentos al celebrar su cumpleaños,  el Obispo Auxiliar de la Diócesis de San Pedro Sula, recuerda con agrado aquellos días con su familia, sus padres y hermanas.
“Recuerdo estar reunidos en el hogar en cada cumpleaños mío y también en el de mis hermanas. Mi papás siempre tenían un detalle en cada cumpleaños, recuerdo en algunas ocasiones a mi abuelo, algunos tíos y primitos,  también otras veces era mucho más sencillo solamente papá, mamá, mis hermanas y yo,  siempre había un pastel y el famoso canto de cumpleaños feliz; en fin cosas que son de nuestra tradición y que las recuerdo con mucho agrado”.
Emiliani, un obispo misionero, comparte que se siente amado  por la feligresía hondureña, su otra familia. “Aquí mucha gente me ha escrito, por correo y  WhatsApp, frases que recogen mucho sentimiento, agradecimiento y alegría. La gente me asombra positivamente,  el ver cómo la gente es agradecida por cualquier cosa pequeña que uno haya hecho por ellos y eso lo pude ver”, compartió monseñor y agregó que fue agasajado con tres pasteles.
Es tradición soplar las velas y pensar en un sueño, para Monseñor Rómulo Emiliani uno de sus sueños es “ver Honduras transformada, Honduras cambiando, Honduras superándose, Honduras desprendiéndose de tanta violencia, de tanta hambre. La sangre corre y los estómagos están vacíos, el hambre y la violencia golpean tanto. Mi gran sueño es que esto cambie”.

Una entrega de 14 años en la Costa Norte
La Diócesis de San Pedro Sula, hace 14 años recibió con alegría a Monseñor Rómulo Emiliani, como obispo auxiliar. Desde entonces su Mensaje al Corazón ha llenado el alma de miles de catrachos y extranjeros.
El 4 de mayo del 2002, la feligresía de la Diócesis de San Pedro Sula recibió con alegría en la Catedral San Pedro Apóstol, como Obispo Auxiliar a Monseñor Rómulo Emiliani Sánchez, Misionero Claretiano que ha ido transmitiendocon amor el Evangelio en diversos terrenos.
“Para mí fue una bendición, un reto que me nombraran Obispo Auxiliar de la Diócesis de San Pedro Sula”, expresa Monseñor Rómulo. “Me encontré con un país de gente tan buena, un país devastado, muy golpeado, muy hundido por la violencia y la miseria, que para mí, te digo fue un reto grande”.
Confiesa estar enamorado de Honduras, donde ha vivido experiencias agradables, momentos de gozo pero también momentos dramáticos arriesgando su vida en ambientes conflictivos. “Honduras me seduce, me conquistó el alma, me conquistó el corazón y por esta gente que uno encuentra lo haré todo. Han sido 14 años muy intensos”.
Aunque no es su tierra natal, sufre por Honduras. “Me duele tremendamente las angustias, los problemas,  dificultades que vive el pueblo, estoy muy compenetrado con este pueblo, vivo una cierta angustia existencial porque yo quisiera hacer más”.
Una vida en austeridad, llevando el evangelio hasta los lugares más remotos y olvidados por el sistema socioeconómico del país. “Lo digo con toda sinceridad, nunca he usado el Ministerio episcopal para enriquecerme, nunca jamás. Vivo con lo que se me da aquí en el obispado para poder pues sobrevivir. Tengo lo esencial, tengo aseguradas las tres comidas al día, y ya para mí eso es ser millonario en un país de tanta pobreza. Estoy muy contento de estar en Honduras”.

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