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Historias heroicas de dos madres plenas de fe

Historias heroicas de dos madres plenas de fe
Retoman fuerzas en medio del dolor para decirle a la enfermedad de sus pequeños: “no tienes la última palabra” aquí estoy yo para hacerte frente junto a mi hijo y así verás de que está hecho el corazón de una madre.
Texto y fotos: Suyapa Banegas
sbanegas@unicah.edu
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Apenas calienta el sol en la capital y la señora Lidia Ponce emprende su camino hacia el hospital, pues se acerca la hora. Con su pequeña en brazos atraviesa la puerta de vidrio de las salas de atención de la Fundacion de Niño con Cáncer que hay en el Hospital Materno Infantil. Y es que detrás de esa puerta se divisan sus sueños de madre el ver crecer sana a su pequeña  Elisa de tres años de edad.
Llegó a esta institución cuando sus esperanzas se habían agotado pues en un hospital capitalino le habían dicho que “ya no hay nada que hacer con la niña llévesela a su lugar, a Olancho le daremos unos medicamentos que le ayudarán mas no la curarán”.
“Mi niña tiene Leucemia, nunca pensé que mi niña padecería de eso, y descubrí que tenía la enfermedad porque ella se me golpeó  la traje a Juticalpa, me le hicieron una radiografía, me dijeron que tenía una astilladura en el pie, pero realmente el golpe se le atumoró y se le desarrolló un cáncer, al mismo tiempo que el pie se inflamaba su cara también”… nos cuenta con nostalgia doña  Lidia.
En este momento la niña comenzó a empeorar, y es así que decide trasladarse a Tegucigalpa: “Aquí le hicieron unos estudios y a raíz de hacerle una biopsia en el pie se determinó que tenía células malignas, tampoco me decían que era exactamente mandaron a Estados Unidos la biopsia, esperamos y lamentablemente el diagnostico que nos dieron es que tenía un tumor maligno en la cabeza”.

FATÍDICA NOTICIA
Seguido a este diagnóstico vino algo que estremeció su corazón de madre: “señora ya no hay nada que hacer está en estado muy avanzado si la llegamos a operar esta niña no aguantará la operación es mejor que la lleve a su casa le daremos medicamento pero no vivirá”.
Las palabras parecían acortarse dentro de la  boca de la señora Lidia, al ritmo que respiraba con dificultad, sus ojos contemplaban a su niña pintando un dibujo en una de las sillas del hospital mientras la pequeña sonreía al verle agarró valor y dijo: “Me aferré a Dios, eso fue en marzo de este año, con mucho dolor me imagine como ser humano lo peor, me negaba a perder a mi niña, oré mucho y justo a los siete días recibí una llamada, era la respuesta a mis angustiadas oraciones me dijo la doctora: “ Traiga a su niña recibieron una recomendación de un doctor de Estados Unidos quien dijo que la niña recibiera un tratamiento en la Fundación de Niño con Cáncer que allí si podían tratarla adecuadamente”.

Y EL MILAGRO SE HIZO…
Desde ese entonces, Elisa ha recibido su tratamiento y aquel diagnostico fatal se ha transformado en la fuerza motora de esta madre que con lágrimas en sus ojos nos dijo: “Mi niña ya no ocupa la operación, el daño que había hecho la enfermedad ha cedido, también en el pie ocupaba operación y ha sido descartada por obra de Dios ella seguirá en tratamiento dos años y medio  más guardo la fe que ella será sana totalmente”.
Ahora que contempla a su niña, la ve jugar, desenvolverse bien y poco a poco recuperándose, aun pese  a ser una madre de escasos recursos se aferró a la fe para salvar la vida de su Elisa: “ Si no me la hubieran  tratado quizá la hubiera perdido, esto es caro pero hasta eso Dios me facilitó al mandarme aquí, yo sueño ver a Elisa junto a sus hermanos, jugar reír y crecer junto a mí a cambio de la vida de mi hija yo le he ofrecido a Dios servirle de corazón,  la vida de mi niña no tiene precio”.

“MADRES NO SE AFLIJAN QUE HAY ESPERANZA”
Así como esta heroína encontramos a muchas, quienes toman la mano de sus pequeños y se introducen al “túnel” de la incertidumbre esperando afianzadas en la fe en ver la luz al final del tormentoso camino. Esta experiencia también la vive la joven señora Yessenia García originaria de Alubarén. La encontramos sentada a la par de la cama de este centro de asistencia, hablando con su pequeño Cristian mientras éste recibía su quimioterapia, conectado a un suero que gota a gota se traspasaba  hasta el llegar al cuerpo de Cristian. Él también padece de Leucemia y fue diagnosticado con la enfermedad hace seis meses.
Juguetón como todo niño, su desarrollo parecía transcurrir con  normalidad hasta que un día una fiebre acompañada de unos moretones alertó a la madre. “Allá en mi lugar sólo le recetaron acetaminofén, pero pasado un tiempo la fiebre no paró y vine aquí al hospital y me los trasladaron con referencia para aquí”.
Recuerda que al recibir la noticia, pese a que ella cuenta con sólo 24 años de edad, lo tomó con tranquilidad “Tenía que ver por él y saber qué hacer, así que me vine para  acá y desde allí lo traigo cada ocho días a su tratamiento, fue difícil al recibir la noticia pero como madre tenía que buscar la alternativa para que mi hijo se curara”.
El pequeño Cristian ya está habituado a sus días de tratamiento” Él sabe que cuando lo alisto, nos vamos para el hospital ha ido respondiendo, he tenido que renunciar al trabajo y buscar aquí quedarme con una hermana en Tegucigalpa porque las citas son seguidas y sería más costoso venir desde Alubarén”.
“Nuestro mejor aliado es Dios, Él es el dueño de la vida, les digo a las madres no se aflijan que hay esperanza, ellos nos necesitan somos quienes más los amamos en el mundo” dijo con una leve sonrisa, mientras tomaba la mano de su pequeño Cristian, quien devolvió el gesto con una hermosa sonrisa acompañada de la vivacidad de sus ojitos que contemplaban al ser que un día lo vio nacer.
Estas guerreras de la fe, ensamblan su corazón junto al de sus hijos desafiando a la misma vida, de la mano del dolor llevan sobre sus espaldas el peso de la enfermedad, que les quiere arrebatar al fruto de sus entrañas. Pero ellas enarbolan la bandera de la vida, sacan fuerzas de flaqueza de la mano del Creador, para adentrarse a una batalla diaria en donde el andar se torna  lento, retoman fuerzas en medio del dolor para decirle a la enfermedad de sus pequeños: “no tienes la última palabra” aquí estoy yo para hacerte frente junto a mi hijo y así verás de que esta hecho el corazón de una madre.

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