Diálogos "Fe y Razón" Punto de Vista

Familia en problemas

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Familia en problemas
AmorisLaetitia/4
Diac. Carlos Eduardo  
carloseduardiacono@gmail.com
En la vida de las familias, primero como pareja, y después junto a los hijos, siempre ha habido y habrá luces y sombras, momentos de intensa felicidad y otros de gran angustia, épocas serenas y épocas tormentosas, desde los comienzos de la humanidad, hasta nuestros días. Las familias de estos primeros años del siglo, a escala mundial, están bastante sacudidas por un “enjambre” de problemas.
Con eso no quiero ni de lejos decir que todo tiempo pasado fue mejor. Eso no sería cierto, ni tampoco justo. Para mí es mejor comprobar que el matrimonio se efectúa gracias al pleno consentimiento de ambos, en lugar de aceptar la antigua usanza (que no acaba de desaparecer de algunas culturas) de dejar que sean los padres –o uno de ellos- quienes decidan con quien deben casarse sus hijos y, sobre todo, sus hijas. También es mejor que ni papá, ni mamá (ni el señor cura) obliguen a una boda únicamente porque viene un hijo en camino. El trabajo femenino fuera del hogar es saludable para la economía doméstica y para que el marido aprenda a compartir también las tareas del hogar, siempre que no se descuiden otros deberes, especialmente para con los hijos.
No obstante, están muy claro los numerosos desafíos que está enfrentando la familia. A ellos se refiere el Papa Francisco en la Exhortación Apostólica “Amoris Laetitia”, concretamente en el capítulo II. La semana pasada nos referimos a uno fundamental: logar que triunfe el proyecto común de familia, en lugar de luchar por proyectos individuales de vida.Destaquemos algunos otros de los varios citados en el documento pontificio.
Se constata, particularmente en occidente, “un descalabro moral y humano”, que hay que atribuir al relativismo postmodernista tan extendido y publicitado; no es fácil navegar contra corriente, razonando con quienes han llegado a creer que la verdad también es relativa. A esto se agrega que los cristianos hemos pretendido convertirnos en la conciencia ajena, dando pautas “doctrinales, bioéticas y morales” sin verificar cómo están siendo comprendidas. En lugar de un matrimonio “abierto a la gracia y a la vida”, se lo hemos presentado como una pesada obligación. Por eso el Papa vuelve una y otra vez a la alegría del amor y al gozo del compartir (AL 35-45).
Pero no sólo hay dificultades de índole intelectual o psíquica. Hay problemas objetivos que han de ser enfrentados por las familias de hoy, sobre todo en nuestro país. Políticas reproductivas que refuerzan la ausencia de compromiso; el debilitamiento de la fe y la religiosidad; la impotencia frente al modelo económico competitivo consumista; la soledad a que obliga un individualismo hecho bandera. A esto se suman la crisis de vivienda, crecientes tasas de desempleo, la violencia en la sociedad, fruto de la guerra, el crimen organizado y la embriaguez de poder; la violencia intra-doméstica, la ruptura de la unidad familiar, a causa de la necesidad de migrar o por ser víctima de alguna forma de exclusión social o de explotación inhumana. La crisis es aún mayor cuando vemos a niños creciendo sin uno o ambos padres, a ancianos excluidos del seno familiar y la pretendida elevación de uniones de otro tipo a rango “matrimonial”, gracias a ideologías de género y a la tendencia de seguir modas legislativas de países “del primer mundo”, que están socavando los cimientos mismos de los diversos humanismo que en buena hora contribuyeron a formar(AL 46-48).
El Papa Francisco recuerda que la Iglesia debe ser “esa Madre que está llamada a acercarles la misericordia de Dios”, teniendo cuidado “para comprender, consolar, e integrar” a esas familias conflictuadas(AL 49).

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