Editorial

Editorial del Domingo 8 de Mayo de 2016

Imprimir25 años de formación
“La Escuela de la Fe” estará arribando a 25 años ininterrumpidos de brindar formación  teológica a los laicos de la Arquidiócesis, que ya suman miles. Ellosse han matriculado en sus cursos regulares, con el objetivo de prepararse espiritualmente; conocer el área doctrinal; vivir la liturgia; integrarse en la pastoral; saber analizar lo social y lo político, para servir mejor a sus parroquias o sus movimientos apostólicos.
“La Escuela de la Fe” se inauguró el 15 de mayo de 1991, en el Instituto “San José del Carmen” con una conferencia del Cardenal Óscar Andrés Rodríguez, en aquel entonces Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis. El tema fue la encíclica del Papa Juan Pablo II: “Centesimus Annus”, que se refiere a la cuestión social, al cumplirse cien años de la “RerumNovarum”. Presidió los actos inaugurales el Arzobispo Héctor Enrique Santos, quien fue impulsor de la obra naciente, para el servicio de la Arquidiócesis.
Desde la siguiente semana, iniciaron las clases regulares, todos los días miércoles, con una duración de dos horas semanales. Después de un breve lapso, se decidió hacer el traslado al Centro Parroquial de la Guadalupe, en el Boulevard Morazán: Este cambio obedeció  al propósito de captar mayor número de estudiantes, dada la mayor accesibilidad del lugar y la facilidad de arribar,utilizando el transporte público.
Desde entonces la “Escuela de la Fe” ha permanecido en ese mismo lugar, y desde las diversas parroquias de la ciudad han llegado los alumnos en su gran  mayoría laicos. También llegan miembros, consagrados y en formación deórdenes religiosas.
La creación de la institución fue idea del padre Pedro Drouin PME co-fundador del Grupo de Empresarios y Profesionales Católicos (GEPROCA), y quien percibía la necesidad de formación teológica para los laicos, capacitándolos así “para impregnar de los criterios de Cristo, las realidades temporales en que transcurre su existencia”.
La idea del padre Pedro, encontró apoyo en un grupo de laicos, matriculados en la facultad de Teología de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala, que recibían sus clases los días sábado en el Instituto Salesiano San Miguel.Este grupo de teólogos en ciernes, con gran entusiasmo dedicaron, mucho tiempo y esfuerzo, para definir la formación a impartir. También se preocuparon en la selección de los profesores. Y así para cada una de las clases a impartir se escogieron sacerdotes con formación especializada, y laicos cuya “hoja de vida” acreditaba formación teológica seria.
Desde un principio, se pudo percibir que la “Escuela de la Fe” era una obra bendecida por Dios. Cuando por razones de trabajo, traslado o por asuntos familiares, quienes iniciaron la obra tuvieron que dejarla, se recibió la colaboración desinteresada de personalidades destacadas, miembros de movimientos apostólicos, que brindaron una valiosa ayuda en los aspectos académicos y organizativos. De manera que la entidad se mantuvo con alto nivel académico, gracias a la ayuda de buenos sacerdotes que, como ahora, fungen como profesores y creen en la importancia de la formación de los laicos.
A medida que fueron saliendo las distintas promociones de diplomados, muchos de los graduados, satisfechos por la formación teológica adquirida, decidieron integrarse como miembros del equipo dirigente de la institución. Y en esa forma se ha dado la situación que todos los que tienen responsabilidades en el funcionamiento de la “Escuela de la Fe”, han obtenido su diplomado en el mismo centro educativo.
Cada uno de ellos está convencido de que mientras más se forma el laico, mas siente la exigencia de continuar y profundizar la formación. Si existe una formación espiritual, doctrinal, pastoral, social y política continuas, mayor será la capacidad de transmitir el mensaje de amor, misericordia y de bondad de Jesucristo. Mayores posibilidades tendrán de servir a los demás.
Todos los profesores de la “Escuela de la Fe”, trabajan como docentes en el Seminario Mayor y la Universidad Católica de Honduras /UNICAH), para garantizar que el nivel de conocimientos que se imparte en la Escuela es de alta calidad. Formación dada de manera adecuada para que el laico que se matricule encuentre, en el diplomado, los medios que le ayuden a obtener la plenitud de su vocación humana y cristiana.
La formación para el laico católico, es un deber y un derecho ineludible. Y un laico formado está llamado a transmitir sus conocimientos, pero hechos vida. Ello significa dar a los demás la posibilidad de tener un encuentro con Jesucristo, y que adquieran así, un sentido de comunión y de misión.
Ya lo expresó el Señor Jesús: “El que permanece en Mí como Yo en él, ese da mucho fruto….  porque separados de Mí, no pueden hacer nada”.

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