Diálogos "Fe y Razón" Punto de Vista

Amoris Laetitia

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Amoris Laetitia / 2
Tratando de comprender el fenómeno misterioso que es una pareja humana, cuando está sinceramente dedicada una al otro y viceversa, me preguntaba a qué se parecía, cuál podría ser la imagen que ayudara a entenderla de la mejor manera posible. Me llegó la respuesta, gracias al Papa Francisco, en su exhortación Apostólica Amoris Laetitia (la Alegría del Amor): ¡se parece a Dios!
Esta afirmación se desprende del texto del Libro del Génesis, que el mismo Señor Jesús quiso citar: « Dios creó al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó, varón y mujer los creó » (Gn 1,27). “Sorprendentemente, -comenta el papa-  la « imagen de Dios » tiene como paralelo explicativo precisamente a la pareja « hombre y mujer »…Puesto que es al mismo tiempo el Creador, la fecundidad de la pareja humana es « imagen » viva y eficaz, signo visible del acto creador”(AL10).
Al explicar este pasaje, acostumbro repetir la interpretación más habitual, según la cual, haber sido creados a imagen y semejanza significa que Dios hace al hombre y a la mujer personas, es decir, seres racionales, capaces de percibir datos e interpretarlos; seres con capacidad de amar; seres que pueden tomar decisiones, pues han sido creados con voluntad. Esta interpretación es válida, como lo es una más literal, pero congruente con otras partes del discurso teológico cristiano.
Si Dios hizo a la pareja “a su imagen”, cada vez que la veamos deberíamos detectar de inmediato en ella la impronta de Dios,  Por eso se nos dice: “A esto se debe que la narración del Génesis esté atravesada por varias secuencias genealógicas, porque la capacidad de generar de la pareja humana es el camino por el cual se desarrolla la historia de la salvación. Bajo esta luz, la relación fecunda de la pareja se vuelve una imagen para descubrir y describir el misterio de Dios, fundamental en la visión cristiana de la Trinidad que contempla en Dios al Padre, al Hijo y al Espíritu de amor. El Dios Trinidad es comunión de amor, y la familia es su reflejo viviente” (AL 11).Para mayor abundancia se nos recuerdan palabras de san Juan Pablo II, en una homilía pronunciada en Puebla, México en 1979: “Nuestro Dios, en su misterio más íntimo, no es una soledad, sino una familia, puesto que lleva en sí mismo paternidad, filiación y la esencia de la familia que es el amor. Este amor, en la familia divina, es el Espíritu Santo”(AL 12).
Ser imagen de Dios impone una sagrada obligación; conservarla y darla a conocer a los demás, especialmente a los propios hijos.  Pero sucede que nos dejamos atrapar por la debilidad humana, por el día a día lleno de no pocas dificultades. Entonces esa imagen se oscurece tanto que la misma pareja tiene dificultad en encontrarla.  Nos pasa algo semejante con el bautismo. Por él somos hechos hijos y herederos del Padre, miembros de la Iglesia, es decir, de Cristo, y templos del Espíritu Santo. Todo lo cual queda difuminado luego, cuando caemos en el pecado.
Se nos invita entonces a restaurar la imagen de Dios. Existe un camino de conversión, de reconciliación, de sanación. Entonces la pareja, al recuperar la imagen perdida de Dios, se recupera a sí misma y vuelve al esplendor de sus primeros días y del primer amor. Bendiga el Señor a todos los matrimonios de nuestra Honduras que, al recuperarse a sí mismos, traerán igualmente amor y reconciliación a esta querida tierra.

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