Ecos del Seminario

Dios llama y cada quien responde con libertad

Dios llama y cada quien responde con libertad
Gracias al Señor, con  el tiempo voy entendiendo que la felicidad no está justamente en las cosas, en las profesiones, en el dinero, sino en el ser verdaderamente humano para el servicio de los demás.
Texto: Marcos Israel Valladares Sevilla
marcosvalladares76@yahoo.com
La vocación al sacerdocio sigue siendo un misterio del que se ha sentido llamado, no lo puede expresar en una frase simplificada, ya que es algo tan grande que sólo el mismo Cristo pudo manifestarlo en plenitud.
Soy originario de Juticalpa Olancho, tengo 21 años, el tercero de seis hijos y el mayor de los tres varones. Curso mi segundo año de formación en el “Seminario Mayor Nuestra Señora de Suyapa”, tiempo en que he estado y sigo escuchando la voz de Dios, que es quien me ha llamado a seguirle en este estilo de vida.  Por supuesto, Dios no me ha hablado como a Moisés, pero sí se ha manifestado en mi vida de muchas maneras a tal grado que he decidido dejarlo todo por Él.
Mi llamado inicia cuando mi vida transcurría normal como cualquier otro joven, era estudiante universitario y trabajaba. Mucho tiempo antes había sentido la curiosidad y la inquietud de ¡qué se sentiría o qué sería ser sacerdote!, pero no era esa mi meta, sino que era ser psicólogo, casarme y ser feliz así, pero ciertamente los planes de Dios no son los míos.
Asistía siempre a la Iglesia y me involucré en la pastoral juvenil en la cual permanecí cinco años, tiempo que fue propicio para acercarme más a los sacerdotes de mi zona, a ser líder de jóvenes y a vivir más de cerca la fe, tiempo en que el Señor poco a poco, me sedujo para que indagara más en lo que ya de tiempos tenía intriga. Acercarme a sacerdotes, conocer su trabajo, conocer la realidad pastoral, la necesidad de pastores que hay en nuestra tierra fue una lanzada directa a pensar en qué yo podía arriesgarme a serlo. ¿Por qué no? Dios utilizó los medios que quiso para acercarme a Él y a decidirme por Él.
Los encuentros juveniles que proporcionaban como resultado la conversión de jóvenes y de los cuales era instrumento, aún sin sentirme digno, fue la voz de Dios que me decía: ¡Esto y muchas cosas más harás si te entregas a Mí!
Dios a todos nos llama, y cada quien responde en libertad, no elige lo perfecto, pero a quien reconoce su voz lo convierte para ser en su nombre lo mejor. Y gracias al Señor, con  el tiempo voy entendiendo que la felicidad no está justamente en las cosas, en las profesiones, en el dinero, sino en el ser verdaderamente humano para el servicio de los demás. Hoy estoy aquí con la ilusión y confiando en la misericordia de Dios de un día ser sacerdote, no para que la gente lo sepa ni lo admire, sino para que la gente lo sienta, sienta que Cristo sí está vivo y se hace presente en los más necesitados por medio de los sacerdotes que se entregan totalmente a Él.
Por ello, en la escuela del Señor estoy aprendiendo cada día de Él, y si es su voluntad llegue a configurarme con Él, para tener sus mismas actitudes, sus mismos sentimientos y sobre todo su amor para darlo a los demás.
Oren mucho por las vocaciones sacerdotales y religiosas.

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