Buenas Nuevas

“Yo les doy la vida…”

p7encuentroAl encuentro de la Palabra… según San Juan para la Lectio Divina
“Yo les doy la vida…”
(Jn 10,27-30 – IV Domingo de Pascua)
P. Tony Salinas Avery
asalinasavery@gmail.com
Ninguna imagen de la vida humana logró identificarse tanto con Jesús para expresar el amor solícito de Dios como la del pastor. Pero también el movimiento al revés es cierto: nunca Jesús se identificó tanto con una imagen humana para revelar el corazón misericordioso de Dios como lo hizo con la del Buen Pastor. Con esta alegoría de profunda trascendencia, comprendemos que la razón no lo puede penetrar todo; sólo el corazón abierto, acogedor, puede intuir que Dios está explicando todo así mismo a través de Jesús. Los corazones son como el aire, permítanme hacer también esta comparación; el aire puro recibe la luz con una facilidad absoluta; en cambio, cargado de nubes, de nieblas, de polvos, recibe sólo una luz atenuada. De aquí se desprende entonces, que quien haga y mantenga su corazón limpio recibe a caudales la luz de Dios, para comprender su Misterio.
A Dios le gusta hacernos entender las verdades espirituales y morales por similitudes tomadas de las cosas sensibles; es su pedagogía. Ya Jesús nos ha dicho que es la fuente de agua viva, que es la luz del mundo; ahora nos dice aquí: “Yo soy el buen pastor”, símbolo amable que va a desarrollar de manera cariñosa, seductora aún. Mejor y más significativo sería traducir: “Yo soy el hermoso pastor” (poimènhokalos). Efectivamente la imagen nos sitúa en las fuentes de la unidad que le comunica al ser humano su verdadera hermosura, la del amor. Sólo en Jesús como Pastor, encontramos la verdadera hermosura  humana y espiritual; sólo en Él encontramos el equilibrio del ser. Sí esto es así, el breve relato evangélico de este domingo nos advierte, que el pastor y las ovejas se describen con sus actitudes respectivas: El pastor conoce las ovejas-ellas escuchan su voz; Él les da la vida eterna-ellas los siguen y no perecerán jamás; Él las recibe del Padre mismo-ellas no serán arrebatadas de la mano del pastor, son don del Padre a Jesús; El Pastor-Jesús es Uno con el Padre-ellas son Uno con Cristo. Todo desemboca en la Unidad.
Con esta palabras se comprende que todos los buenos pastores son como los miembros del único pastor. No es que falten buenos pastores, a estilo de Jesús. Comprendemos además, que si hubieran muchos pastores habría división, y, porque aquí se recomienda la unidad, se habla de un único pastor. Para ejemplarizar, vemos como al mismo Pedro el Señor encomendó la unidad. Eran 12 los apóstoles, pero sólo a Pedro se le dice: “Apacienta mis ovejas”.
Si existen buenas ovejas habrá también buenos pastores, pues de entre las buenas ovejas salen los buenos pastores. Pero hay que decir que todos los buenos pastores son, en realidad, como miembros del único pastor y forman una sola cosa con Él. Cuando ellos apacientan es Cristo quien apacienta.
Oremos mucho en este domingo del Buen Pastor, para que no sólo aumente el número de los llamados, sino también para que todos los pastores de la Santa Iglesia, formen parte del único pastor y que a través de todos ellos resuene solamente su voz; al oír esta voz las ovejas seguirán no a éste o aquél, sino a su único Pastor. Hermoso domingo éste, para reconocer desde Cristo, nuestro único buen pastor, la necesidad de buscar la unidad de su cuerpo, en un mundo que tiende cada vez más a la pérdida de la unidad.

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