Punto de Vista Reflexión

Palabras de moda

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Palabras de moda
P. Juan Ángel López Padilla
¿Han notado como cada cierto tiempo, a razón de la historia que vivimos como nación, aparecen palabras que luego, desaparecen? Es decir, sin pretender ofender, son palabras que se vuelven una moda. Nada de malo en su uso y menos con la intención que persiguen, pero, dado que estamos en Pascua, me ha llamado la atención una de las últimas palabras de moda: depuración.
No me voy a poner aquí a enjuiciar el proceder de ninguna comisión y mucho menos a juzgar lo que a la vista está y que todos sabíamos desde hace muchísimo tiempo; pero, como en Honduras es casi una costumbre, por demás diabólica, que se cubren las espaldas los criminales del color que sea y del rubro que sea; ahora es que algunos descubrieron el “agua caliente”.
En el evangelio suena raro eso de “depurar”, suena mejor: purificación, que no es lo mismo, ni se escribe igual. Depurar es forzar a la claridad algo espurio, mientras que purificar es un acto de la voluntad libre. ¡Cuánto bien hace al alma reconocer la necesidad de purificarse!
Depurar también está vinculado con un término que a mí me choca: purgar. Es sacar lo malo, para sanar algo, pero no es ni agradable ni un proceso necesariamente, natural.
Todo, durante el tiempo de la Pascua nos habla de pureza, de agua, de bautismo. Es necesario comprender, ese movimiento de amor que significa el bautismo como el gran camino de la purificación.
Cada vez que alguien cuestiona, sobre todo en nuestro tiempo que hay tantos “expertos” en andarle buscando tantos vericuetos a las cosas, me doy cuenta de la grandeza de la sencillez del acto mismo de bautizar o del bautismo, en general. ¡Cuánta falta nos hace ser conscientes de este sacramento! Y sobre todo, consecuentes con el mismo.
Vivir en la pureza, en la rectitud de intención, pareciera hoy en día una obra titánica. ¡Tanta doblez en nuestro mundo! ¡En nosotros mismos! Pero he ahí la grandeza de la Pascua y de su celebración conmemorada cada año: podemos volver a esa pureza primera, a esa intención libre de dejarnos conducir no por las “cochinadas” de este mundo, sino por la claridad de la Luz que viene, sólo de Dios.
Sería bueno poner de moda esta palabra: pureza. Necesitamos más gente con un corazón puro y que sean puro corazón. Necesitamos familias donde la pureza se enseñe, no como un falso pudor, sino como un camino de realización humana. Necesitamos purificar los matrimonios para que se dejen regenerar en el compromiso de “amarse y respetarse todos los días de la vida”. Necesitamos que nuestros jóvenes no le tengan miedo a la pureza, en sus palabras, en sus ojos, en sus pensamientos, en sus relaciones. Y ¿por qué no aspirar a pureza en nuestros profesionales, en nuestros empresarios, en nuestros funcionarios públicos? Si hubiera conexión entre el cerebro y la conciencia en los que nos han gobernado y nos gobiernan, ¡las cosas serían tan distintas!; pero, cuando la conexión es entre billeteras, posters de campaña política y paquetes de “harina” blanca, la palabra de moda se vuelve aquella que dijimos. ¿Por qué tanto miedo a ser distintos? ¿a ser mejores en conciencia? Basta dar el paso hacia el agua, hacia la pureza, lo demás lo hace Dios.

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