Diálogos "Fe y Razón" Punto de Vista

Amoris Laetitia

p5dialogosDiálogo “Fe y Razón”
Alrededor de la mesa
Amoris Laetitia/1
Diac. Carlos Eduardo  
carloseduardiacono@gmail.com
Este solo título evoca una escena familiar, todos reunidos para compartir el pan, para recordar, para hacer planes y para celebrar la alegría del amor. La frase está tomada del salmo 128, que le sirve al Papa Francisco para abrir, a la luz de la Palabra, su exhortación post-sinodal “Amoris Laetitia”, a la que quiero dedicar algunas reflexiones, a partir de esta semana. Advierto que no se encontrará aquí un resumen de la misma; hay alguno ya elaborado y se puede conseguir en la redes. Mi deseo es reflexionar sobre nuestras familias, aprovechando tan rico documento que invito fervientemente a todos a leer, a estudiar y a poner en práctica.
“Dichoso el que teme al Señor”, es la descripción inicial y podría decirse condición del padre de familia feliz, a quien la vida sonríe y le va bien, pues tiene la mayor riqueza: a Dios. Con alguna frecuencia he asustado a algunas parejas a punto de casarse cuando les digo que si quieren felicidad en su matrimonio, hagan un trío: ella, él …y Dios. La familia que así procede se consolida, tiene un rumbo y educa apropiadamente a los hijos. Alrededor de la mesa está el padre, la madre, de quien se celebra la fecundidad y los hijos, como brotes que garantizan la continuidad en el tiempo de esa familia. La bendición que recibe incluye ese deseo: “que veas los hijos de tus hijos”.
Desde la cima de la edad que tengo, contemplo en mi pasado la mesa familiar, alrededor de la cual estábamos todos, los tres tiempos de comida (gracias Señor por esto) y en varias ocasiones más, a lo largo del día. Aquella mesa, que desde mi perspectiva infantil se me hacía enorme, era ciertamente el epicentro de la vida familiar. Hay que decir que la tarea de mi madre siempre fue la de madre, ama de casa, esposa administradora de los bienes (¿cómo hacía para que alcanzara?), además de tutora (era maestra titulada) y catequista de sus hijos. Mi papá en su trabajo, y nosotros, estudiantes, teníamos dos jornadas, pues todo se interrumpía a la hora del almuerzo.
Cuando formé una familia, algunas cosas ya habían cambiado: más mujeres incorporadas al trabajo, jornada única para trabajadores y estudiantes, y necesidad de ahorrar combustible. Entonces alrededor de la mesa estábamos al menos para un veloz desayuno y a la hora de la cena. Ahora, casados los hijos, disfrutamos de vez en cuando encontrarnos todos alrededor de la mesa.
Me pregunto si nuestras familias actuales se reúnen a fortalecer los lazos familiares alrededor de la mesa. Sé que hay nuevos obstáculos. Se ha hecho mucha promoción del individualismo y de la “independencia y derechos” de cada quien. Hay miembros de una misma familia que se reúnen de vez en cuando, pero “respetando intimidades” les da pudor conocerse. Otros están separados por la tecnología: unos frente al televisor, otros hablando por teléfono, o mensajeando, otros más con la computadora o con la tablet. Viven con, pero no conviven, son vidas paralelas.
A este punto bueno es citar la palabra del papa, recordando que fueron ambos creados “a imagen y semejanza de Dios y, por tanto llamados a ser “imagen de Dios en este mundo: “La pareja que ama y genera la vida es la verdadera « escultura » viviente —no aquella de piedra u oro que el Decálogo prohíbe—, capaz de manifestar al Dios creador y salvador. Por eso el amor fecundo llega a ser el símbolo de las realidades íntimas de Dios”.

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