Diálogos "Fe y Razón" Punto de Vista

Misión no cumplida

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Misión no cumplida
Diac. Carlos Eduardo  
carloseduardiacono@gmail.com
El que no lo sabía, lo sospechaba. Quien lo sabía, no quería que se supiese. Los culpables, comportándose como si el asunto no fuera con ellos y la autoridad que conocía los hechos había permanecido hasta entonces en silencio.  Pero cuando el asunto se expuso a la luz pública, todo pareció encajar, con lógica demoledora. No obstante, el dolor se hizo más intenso. Y la vergüenza también.
Saber que la Policía Nacional ha estado implicada en varios asesinatos, planificados con enorme frialdad y cuidado, financiados generosamente por poderosos delincuentes y ejecutados con meticulosa perfección, no es fácil de asimilar. Pese a que en todos los grupos humanos hay quienes no sólo no cumplen con su deber, sino que además hacen todo lo contrario, es triste analizar actos que parecen responder a una agenda de quienes no tienen ningún respeto a Dios, a la Patria, a la ciudadanía, a su institución, a su familia, ni a sí mismos. Y pensar que muchos de ellos pasaron ya a condición de retiro, pronunciando de modo sacrílego: “Misión Cumplida”.
Causa aún más dolor que indignación ver cómo los seres humanos, con más frecuencia de la debida, no estamos a la altura de una misión que libremente –y quizá con ilusión- habíamos elegido. Así, hay que cuidarse de policías que prometieron proteger, de funcionarios que juraron cumplir y hacer cumplir la Ley, de malos agentes de la justicia que no proceden ni con independencia, ni con equidad. Y los medios de comunicación nos traen noticias semejantes de otros horizontes: médicos o enfermeras que en lugar de curar han matado; bomberos que resultaron ser incendiarios; dirigentes religiosos que en vez de predicar la misericordia divina promueven el odio y la muerte. Y no olvidemos a los corruptos y estafadores de toda laya, que han traicionado la confianza que en ellos depositaron sus compatriotas.
Cada uno de nosotros asume una misión en la vida; y a algunos les ha tocado desempeñarse en más de una. Pero hay condiciones que observar, antes de aceptar una misión.En primer lugar, hay que tener una total claridad en qué consiste, cuáles son las tareas, cuáles los retos y cuáles las dificultades. En segundo lugar, es necesario poseer aptitudes, es decir, disposiciones mentales, psicológicas y corporales para el desempeño. Luego está la formación específica. Pero, además, debe haber una suerte de pasión por querer estar ahí y sentirse orgulloso de querer hacerlo. Y mientras se cumple la misión habrá que evaluarse y actualizarse y motivarse.
Honduras necesita urgentemente de “cumplidores de misión”.Habrá que sanear, reestructurar y hasta reinventar instituciones. Habrá que redescubrir valores que se han creído superados y desarrollar nuevas estrategias. Y tendremos que examinarnos, cada uno de nosotros, y sin excepción. ¿Cómo estoy cumpliendo la misión laboral que me permite ganar el diario sustento? ¿Cómo cumplo con el deber ciudadano de respetar leyes e instituciones y aportar mi cuota de esfuerzo por el bien común? ¿Cómo cumplo mis obligaciones  de cristiano, amando a Dios y a mis hermanos, de corazón, en espíritu y en verdad?
Que nos inspire la Escritura: “Si uno ama la vida y quiere ver días felices, …apártese del mal y obre el bien, busque la paz y corra tras ella, pues los ojos del Señor se fijan en los justos y sus oídos atienden sus ruegos; pero el Señor hace frente a los que practican el mal” (1 Pe 3, 10-12).

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