Buenas Nuevas

“¡Era verdad!”

p7tonySalinasAl encuentro de la Palabra… según San Juan para la Lectio Divina
“¡Era verdad!”
(Jn 21,1-19 – III Domingo de Pascua)
P. Tony Salinas Avery
asalinasavery@gmail.com
Las apariciones del Señor resucitado, como hemos podido ya corroborar a través de los relatos evangélicos, se diferencian marcadamente de las escenas del Jesús terrestre. El ambiente realista, casi palpable, de éstas contrasta con el carácter de sorpresa, de si es o no es el Señor, de apariciones repentinas y desaparición no puntualizada, elementos que rondan toda su presencia después de la resurrección.
La renovada escucha de estos textos pascuales, nos invita a una lectura creyente y a la vez de sorpresa para todos. En la narración de hoy, Pedro y los otros discípulos se dedican a la pesca, como si no hubieran sido enviados. Siendo pescadores bregan toda la noche no pudiendo recoger peces, un incidente que recuerda Lc 5,5. La aparición del Resucitado se produce al amanecer, su reconocimiento por igual se realiza en la hora en la que se pasa de la oscuridad a la luz. Mientras los discípulos estaban pescando en el lago, el Señor se hizo presente en la playa. Por la distancia y por la falta de luz, ellos no pudieron reconocerlo.
Jesús les pregunta si han pescado algo, pregunta que tiene el objetivo de poner de manifiesto la incapacidad de los discípulos. Ellos respondieron con un simple “¡No!”. La voz del Señor no es suficiente para que lo reconocieran. Será el propio Jesús que ahora les indicará dónde obtener la pesca abundante, señalando el evangelista Juan, que deberán tirar las redes a la derecha de la barca. Ellos cumplen la orden y se verifica el milagro: la cantidad de peces que se recogió era tan grande que no podían arrastrar la red. Y, tras el milagro reconocen que era el Señor. A Pedro le basta con la palabra del “discípulo amado” para ir al encuentro del Señor resucitado, y en su ansiedad no espera llegar con la barca sino que se arroja al lago para ir nadando hacia Jesús.
Cuando los otros discípulos llegaron con la barca repleta de peces, Jesús les ordenó que trajeran algunos peces que habían sacado del lago. Será Pedro quien vaya por ellos, tomando así unos rasgos simbólicos. Pedro, que el comienzo del relato apareció como jefe de un grupo incapaz de recoger peces, ahora, como “pescador de hombres” (Lc 5,10), arrastra una red con una enorme captura de peces. La Pascua comienza a ser abundante en sus frutos.
No parece que los peces aportados por Pedro se hubieran utilizados para la comida, porque inmediatamente Jesús los invitó a comer lo que había preparado. Entre la invitación a comer y la entrega del pan y el pescado, el evangelista abre un paréntesis para observar que todos sabían que era el Señor y ninguno de los discípulos se atrevió a preguntar “¿Quién eres?”. La observación vuelve a poner de manifiesto que la apariencia del Resucitado era diferente de la que ellos conocían de su vida anterior a la Pascua, pero parece fuera de lugar si esta es la tercera vez que Él se presenta ante sus discípulos.
Jesús resucitado a través del relato escuchado y meditado, nos recuerda esa estrecha solidaridad con todos los hombres, Él se hará compañero de nuestro caminar, hasta compartirnos su mesa, para que sea nuestra mesa.

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