Caminar Punto de Vista

A manu servi

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A manu servi
Jóse Nelsón Durón V.
Buenas noches, señor, dice el Comisario de Policía para cerrar la llamada por medio de la cual daba información al jefe de un cartel de la Mosquitia que ordenó el asesinato del General encargado de la lucha contra el narcotráfico. ¡Así le dijo: señor!… un Comisionado de la Policía o es muy educado para dar este tipo de tratamiento, o es un sirviente, mandadero o empleado. Vaya usted a saber.
Lo cierto es que aparentemente la policía hondureña está o estaba a disposición de estas personas que ordenaron el vil asesinato del general Julián Arístides González Irías, jefe de la lucha contra el narcotráfico, el 8 de diciembre de 2009. A manu servi.
Dos años después desapareció la periodista Luz Marina Paz y, un día después, el abominable asesinato de mi amigo y vecino don Gustavo Alfredo Landaverde Hernández, quien murió al lado de su herida esposa, la señora Hilda Caldera.
“Buenas noches, señor”… así, sin más… mañana entregaremos nuestras almas al demonio y un alma noble pasará para el cielo; por decreto de ¿quién? Lo más duro de aceptar en las dificultades que vivimos es que ni siquiera nos dan pistas,que puedan ser seguidas, de los verdaderos responsables de la iniquidad, delito e injusticia. Casi todos, por no decir TODOS para no ser injusto con unos pocos, aceptamos con desinterés aquella frase de Concepción Arenal, “Cuando la culpa es de todos, la culpa es de nadie”.
Cuántos compatriotas sufren por malas decisiones de los gobiernos, cuántos niños sufren y mueren porque los funcionarios no toman decisiones o porque las toman mal, muchas veces por ignorancia, por comodidad, o por no afectar amigos, correligionarios o compinches. La ciudad capital sufre por la cruel falta de agua, por sistemas sanitarios colapsados y por la casi inexistencia de un sistema de evacuación de aguas lluvias, pese a que la responsabilidad de esta labor ha sido del SANAA desde su creación. Los problemas del IHSS, del Ministerio de Salud, HONDUTEL, ENEE y tantas otras oficinas donde reina la corrupción, el nepotismo, abuso de poder y la bravuconería de empleados con actitudes de dictadores… las dificultades que agobian a nuestro pueblo parecen no tener fin.
Sin embargo, la reciente experiencia espiritual que hemos compartido nos ha dejado, por lo menos a quienes tenemos fe y acompañamos las celebraciones que la Iglesia realiza para conmemorar la Pasión, Muerte y Resurrección de nuestro Señor Jesús, la certeza de que siempre hay esperanza y de que, pese a que el sol tarde un poco en aparecer o el cielo esté nublado, por detrás de las nubes que lo ocultan o del espacio de tiempo que lo retrasa, no tardará en alumbrarnos el brillo inmanente de la misericordia divina y el bálsamo inagotable del amor de nuestro Dios. Es esta esperanza la que nos mantiene en pie a pesar de las dificultades y adversidades en una sociedad enferma y alicaída; digna de mejores derroteros y merecedora de óptimas condiciones de vida, en un pedazo de la tierra que un grupo de españoles, temerosos y cansados por la larga travesía del viejo al nuevo mundo y por las tempestades que les acompañaron, acertó a relacionar con las profundidades, dificultades y el temor. Siempre en la vida de los pueblos habrá honduras, nubarrones y tempestades, pero en la historia de cada uno resuenan las voces imperdibles de sus próceres y buenos ciudadanos y, de manera muy especial, la voz de Dios, que nos acompañará durante toda nuestra vida. La resurrección de nuestro Señor Jesús es la máxima garantía que tenemos.

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