Punto de Vista Reflexión

Pobreza Pascual

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Pobreza Pascual
P. Juan Ángel López Padilla
Esta semana, es decir la Octava de Pascua, he tenido un par de experiencias que me han resultado increíblemente simpáticas y que, de alguna manera, me han hecho reflexionar en lo lejos que estamos de entender el misterio de la Resurrección del Señor y sus consecuencias. La Pascua no es sólo una celebración, no es sólo la Vigilia y tampoco es la conclusión de la Semana Santa. De hecho, como siempre lo insisto, el gran problema con este tiempo es que, frente a la Cuaresma, se valora muy poco y tiene muy pocos gestos y prácticas que le compitan a los Via Crucis, ayunos y abstinencias.
Llegamos demasiado “ahogados” y agotados a la Pascua.
Un par de gentes me preguntaron esta semana si “¿la próxima fiesta de la Iglesia era Pentecostés?” Gracias a Dios estaba sentado, sino, capaz que me desmayo. ¡Que pobre es la comprensión que tenemos del misterio de la Pascua! La próxima fiesta no existe porque esta es la Fiesta de las Fiestas. El tiempo de la Pascua es la Fiesta. ¿No han notado que hay más vírgenes dolorosas y cristos crucificados que imágenes de la Virgen sonriendo o a un Cristo Resucitado? Claro que el misterio de nuestra salvación pasa por ahí pero, vamos, pasa, no se queda. Cierto que sin Cruz no hay salvación pero también es cierto que no todo terminó el Viernes Santo.
Le tengo mucho respeto a aquellos que celebran con gran devoción las prácticas de piedad que subrayan el misterio de la Encarnación llevada hasta el abajamiento total en la muerte del Señor, pero fuera de mi respeto, tienen mucho de una teología fracturada, pobre, incompleta. El Crucificado, está vivo y la muerte, no tiene ningún poder sobre Él.
Menudo trabajo tenemos los catequistas, porque no es un asunto de explicar las cosas, es necesario ser testigos de ellas y ahí es “donde la mula pateó a Genaro”. Olvídense del tema de que si hay más vírgenes sonrientes o no: es que nosotros debemos ser el reflejo de la sonrisa de Dios. Somos nosotros los motivadores de la “Fiesta”, somos nosotros los que le ponemos la música y el baile a la mejor fiesta del año. Por eso es que con la “cara de santo entierro” con la que pasamos algunos, lo único que da ganas de hacer es un panegírico o una elegía cargada de lamentos.
Lo otro que me ocurrió esta semana, es un poco más serio y sinceramente me llamé al silencio porque estaba asustado y no me quedó otra más que rezar. Por circunstancias de la vida estaba en una “Sala de Espera”, no de las de maternidad, sino de un hotel y en cuestión de un par de minutos terminé rodeado de un grupo de “hermanos separados” que andaban de vacaciones, gracias a la “cosecha” de unos fieles que habían bendecido a sus “apóstoles” con un viaje. El asunto no está en el regalo, porque capaz y peco de envidia, pero me sorprendió tantísimo el manipuleo de la Biblia. Yo sabía del abuso de muchos, igualmente católicos, pero en serio que me quedé boquiabierto. Sobre todo cuando volví a escuchar aquello de que “Jesús realmente no fue pobre, eso fue un error de los Evangelios.” Condorito es nada, en comparación con mi susto. ¡Cuánta pobreza, mi Dios!.

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