Editorial

Editorial del Domingo 3 de Abril de 2016

p4editorialUna semana de fe y esperanza
¡Cristo ha resucitado! ¡Verdaderamente ha resucitado! Estas son las expresiones que bullen en el corazón de quienes durante la Semana Santa, vivieron con intensidad los actos litúrgicos de la Iglesia Católica. Y hoy sienten la alegría de saber, con certeza, que Jesús murió por sus pecados, resucitó gloriosamente y les acompaña con su amor y con su gracia. Está realmente presente en sus vidas, y se sienten renovados espiritualmente.
La esmerada preparación espiritual de la Cuaresma. y la fiel vivencia del “Jubileo Extraordinario de la Misericordia” convocado por el Papa Francisco, han sido elementos que han potenciado la fe, para que se manifestara con mayor vehemencia, en la activa y consciente participación de los feligreses, en todas las celebraciones litúrgicas. Pero de manera especial, durante las solemnidades del Triduo Pascual.
En efecto, las distintas parroquias se vieron concurridas, no sólo de fieles que llegaron a vivir su fe, sino que cada párroco tuvo la colaboración entusiasta de un pueblo cristiano que desde muchos días antes, se dedicó a preparar las imágenes, vestidos, lectores y cantores, alfombras de  aserrín etc. Para asegurar que todo saliera conforme lo planeado.
Todo resultó muy bueno! La celebración de la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor Jesucristo, han dejado una renovación espiritual en toda la nación.
El testimonio más elocuente fue la enorme cobertura periodística, en radio, televisión, prensa escrita y redes sociales, en la cual se constata la enorme participación popular en cada una de las actividades litúrgicas llevadas a cabo en las distintas parroquias, en todas las diócesis.
De esta manera la Palabra de Dios, se predicó con profusión, y el acto de amor más grande, la entrega de la propia vida del hijo de Dios hecho hombre, para salvar a la humanidad entera, fue exaltado para tocar el corazón y la mente de toda persona. Y cuyo objetivo era favorecer un cambio profundo en la vivencia de fe, esperanza y amor de todos los creyentes.
Pero también fue notable durante la Semana Santa, la enorme movilización de personas, por todo el territorio nacional. Con los propósitos de visitar a los familiares con quienes no se convive; vivir la fe en el lugar nativo, o simplemente por el deseo de disfrutar de las bellezas de la naturaleza, con fines turísticos.
La Conaprem (Comisión Nacional de Prevención en Movilizaciones Masivas), que está integrado por Copeco, Cruz Roja, Cuerpo de Bomberos, Tránsito etc. ha contabilizado que se trasladaron un total de 3.1 millones de hondureños. A esto hay que agregar que según Migración se tuvo, simultáneamente,la agradable visita de 60.000 turistas, durante la misma semana, los cuales ingresaron por las diferentes aduanas del país.
El funcionamiento del Conaprem implicó el trabajode unas 20.000 personas, entre empleados de las distintas organizaciones involucradas. Así como la presencia de muchos voluntarios. Todos ellos, dedicados a orientar, servir y proteger a todos los que se movilizaban por el territorio nacional.
No obstante, su presencia en los sitios de turismo, no pudo evitar la pérdida de 44 valiosas vidas de veraneantes (34 ahogados y 10 accidentes de tránsito).También es importante destacar que los Cuerpos de Bomberos y la Cruz Roja, cumplieron una excelente labor de rescate, para evitar mayor número de víctimas.
Según las autoridades de turismo, tal afluencia de viajeros, sirvió para generar un volumen de circulante de 7,000 millones de Lempiras, que dinamizan la economía de la nación. Precisamente, incentivar el turismo interno, fue la razón esgrimida por el gobierno, para conceder asueto a los empleados públicos durante toda la semana, cargado al disfrute de sus vacaciones anuales.
Ha sido un tiempo de crecimiento espiritual  y de esparcimiento,el que ha disfrutado la ciudadanía. Lo cual debe ser positivo para fortalecer una convivencia pacífica, aunque persistan los problemas de inseguridad, pobreza y exclusión, porque el pueblo fiel ha dejado entrar en su corazón, el amor que surge de la resurrección del Señor Jesús. Amor auténtico, que deberá traducirse en la práctica de las obras de misericordia para con los más necesitados. Compasión que es garantía de alcanzar la vida eterna, disfrutando  en plenitud de la presencia gloriosa del Salvador.
Escuchemos atentamente la voz del Señor Jesús: “Yo estaré con ustedes, todos los días….hasta el fin del mundo”.

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