Choluteca Diócesis

Pese a las tinieblas, hay muchos signos de resurrección en Honduras

Pese a las tinieblas, hay muchos signos de resurrección en Honduras
“Hago mía la carta que mandó el cardenal Peter Turkson, presidente del Consejo Pontificio Justicia y Paz, a los familiares, amigos y compañeros del Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras (Copinh).  
El cardenal Turkson expresó sus más sentidas condolencias por la muerte de Bertha y pidió que en el caso de ella se realice “una investigación independiente e imparcial”.
Guido Charbonneau
Obispo de Choluteca
Fotos: Archivo
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Me acuerdo que un compañero misionero, el Padre Yván Bouffard (QDDG), nos hizo vivir después de la Pascua de Resurrección un “vía lucis”, o sea el camino de la luz: reflexionando sobre los textos evangélicos de la Resurrección de Cristo, pudimos captar el impacto de este hecho trascendental sobre nuestra vida y sobre la sociedad. Y pudimos descubrir los signos de resurrección, sin olvidar los signos evidentes de muerte que hay en el mundo. La pasión es inseparable de la resurrección, y vice-versa. Cristo tuvo que sufrir la pasión para llegar a la resurrección (cfr. Lc 9,22). Por otro lado, si Cristo no hubiera resucitado, nuestra fe sería ilusoria y nuestros pecados no habrían sido perdonados, y los que murieron como cristianos habrían perecido para siempre (cfr. 1 Co 15,17-18).
Hoy veo muchos signos de resurrección en la sociedad y en la Iglesia. Quisiera destacar diez de ellos.
1) Los jóvenes constituyen para mí un signo de resurrección. Como formador puse en ellos mi confianza. Se dice que los jóvenes están perdidos en las maras, las drogas, el amor libre, el mundo virtual y que no tienen valores morales. Pero olvidan que en un bosque, un árbol que cae hace más ruido que cien árboles que se mantienen en pie. Me he encontrado con muchísimos jóvenes que hacen algo positivo en bien del país. Algunos ejemplos: un joven me dijo que quiere lanzarse en política con la intención de contribuir al bien común; una joven a quien yo le daba su título de licenciada en Sicología me dijo: “quiero servir a los demás”; unos jóvenes misioneros tienen un programa semanal de televisión, para evangelizar a los demás jóvenes con el apoyo de las redes sociales. Si los sabemos orientar, los jóvenes van a dar mucho fruto para nuestro país.
2) La familia hondureña en general es desintegrada. Pero eso no quiere decir que no vive valores humanos y cristianos. Últimamente escuché a una madre sola, que decía cómo les había inculcado a sus hijas unos valores fundamentales. Conozco también muchas familias donde reinan el amor y la unidad, y que eso les ayuda a superar todos los obstáculos que se les presentan.
3) Otro signo de resurrección es el aumento de la conciencia ciudadana. Antes la sociedad quedaba pasiva ante los atropellos que sufría de parte de los poderosos. Ahora la gente levanta su voz. Pastoral Social Cáritas los acompaña en sus legítimos reclamos. Últimamente en Choluteca el proyecto “Fortaleciendo Ciudadanía” de Pastoral Social Cáritas ha organizado una mesa de diálogo sobre algunas categorías muy vulnerables de la sociedad: la mujer, la niñez y la persona con discapacidad. Ese encuentro contó con la participación devarias organizaciones de la sociedad civil y de las autoridades municipales y gubernamentales que tienen que ver con esos temas. Era bello ver el deseo de los participantes de trabajar unidos en la promoción y la defensa de los derechos humanos de esos sectores de la sociedad.
4) El repudio de la población ante la corrupción es un signo de vida y de resurrección. La marcha de las antorchas en sus inicios ha sido muy sana. Llevó al establecimiento de la Maccih. ¡Ojalá logre un vuelco de 180 grados en la reforma de la administración de la justicia! El nivel más elevado de educación engendra también una conciencia más viva de los derechos del pueblo y de los deberes de los que reciben de los electores el mandato de servir a la nación. Nuestro modelo es Cristo que dijo: “El Hijo del hombre no vino a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos” (Mt 20,28). El Papa Francisco resumió esa actitud con estas palabras: “El verdadero poder es el servicio”.
5) La reacción de las comunidades indígenas y de muchas organizaciones nacionales e internacionales ante el vil asesinato de Bertha Cáceres, defensora del territorio y del medio ambiente, es un signo de resurrección. No se puede sacrificar vidas humanas y comunidades enteras en vista a megaproyectos que van a engendrar supuestas riquezas. El episodio de la viña de Nabotes muy significativo a este respecto. El profeta Elías reprochó al rey Ajabel asesinato de Nabot y el robo de su viña (1 Reyes 21). La Iglesia une su voz para denunciar el vil asesinato de Bertha y de muchos defensores de los derechos humanos.Hago mía la carta que mandó el cardenal Peter Turkson, presidente del Consejo Pontificio Justicia y Paz, a los familiares, amigos y compañeros del Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras (Copinh).  El cardenal Turksonexpresó sus más sentidas condolencias por la muerte de Bertha y pidió que en el caso de ella se realice “una investigación independiente e imparcial”. Añadió: “La noticia de su asesinato me llena de pesar y la siento como un ataque a todos los que luchamos por un mundo más justo”. La Iglesia, inspirada por la Encíclica “Laudato Si”, se compromete a defender el medio ambiente de todo tipo de explotación que vaya en contra de la dignidad de las personas y del derecho al agua, al territorio y a los bosques.
6) El hecho de que la Celebración de la Palabra haya cruzado el umbral de los 50 años y que siga siendo viva me parece un signo de resurrección. Un hecho reciente ilustra esta afirmación. El sábado 12 de marzo, un bus que venía de El Triunfo, Choluteca, fue decomisado en Tegucigalpa por no tener los papeles de la revisión física y mecánica para circular. El drama es que llevaba a bordo 55 pasajeros que iban a participar en la fiesta de los Delegados de la Palabra en San Pedro Sula. Se logró alquilar otra unidad de transporte cuando eran las 5 de la tarde. Yo le pregunté a la gente si quería regresar a su lugar de origen. Por unanimidad me contestaron que no: “queremos ir a San Pedro Sula, no queremos perdernos este acontecimiento único en la historia de nuestra Iglesia y de nuestras comunidades”. Son comunidades sufridas pero luchadoras. Con gente que tiene tanta fe, la Celebración de la Palabra tiene futuro y tendrá fuerza para renovarse.
7) Desde el Concilio Vaticano II, he visto en Honduras la participación activa de los laicos en la Iglesia.Están involucrados en la pastoral profética, sacramental y caritativa de la Iglesia. Los movimientos apostólicos rebosan de iniciativas y de entusiasmo, no sólo dentro del recinto de la Iglesia; se proyectan también fuera. Por ejemplo, he quedado admirado el año pasado cuando la quinta comunidad neocatecumenal de Choluteca me comunicó el proyecto de establecer una comunidad neocatecumenal en el Centro penal de Choluteca, en comunión con la Pastoral Penitenciaria. La fe en Dios, el espíritu de oración y la perseverancia de los miembros de esa comunidad superaron sus miedos y vencieron las dudas que yo tenía. Ahora está en vía de constituirse una segunda comunidad neocatecumenal en el Centro penal.
8) El surgimiento de muchas vocaciones sacerdotales, religiosas y misioneras es otra señal de resurrección. Cuando llegué a Honduras, había unos 30 seminaristas en el Seminario Mayor. Ahora son 163. Y no hay que fijarse sólo en la cantidad. Hay que ver también el camino que han recorrido. Algunos han sacrificado una profesión muy lucrativa, otros un noviazgo prometedor, otros su familia, para entregarse totalmente al Señor.
9) Los niños despiertan en mí una gran esperanza. Cuando los papás presentan a su niño recién nacido en la Eucaristía, cuando una religiosa organiza un coro de niños, cuando los niños de la Infancia Misionera rezan el Rosario Misionero y actúan para impregnar con el Evangelio a su familia y a sus compañeros de escuela, yo me digo: en verdad, Cristo ha resucitado y vive en el corazón de estos niños.
10)El Año de la misericordia es un signo de resurrección. El testimonio del Papa Francisco como hombre de misericordia atrae a multitud de gente. Muchas personas que se habían alejado de Cristo y de la Iglesia se están acercando de nuevo. Últimamente el Papa anunció la canonización, el próximo 4 de septiembre, de la Madre Teresa de Calcuta. Ella, con sus gestos de misericordia, ayudó a morir con dignidad a miles y miles de personas desahuciadas. La práctica de las obras de misericordia, tanto corporales como espirituales, es una muestra que Cristo ha vencido el pecado y la muerte por su resurrección. Nosotros cristianos ¿somos signos de resurrección y testigos de la misericordia de Dios en este mundo? El profeta Isaías nos decía el Qinto Domingo de Cuaresma: “No recuerden lo de antaño, no piensen en lo antiguo; miren que realizo algo nuevo; ya está brotando, ¿no lo notan?” (Isaías 43,18-19a). Esa cosa nueva es la Resurrección de nuestro Señor Jesucristo. El domingo de Pascua los primeros cristianos se saludaban mutuamente con la expresión: Cristo resucitó. ¡Ojalá se note en cada uno de nosotros que Cristo resucitó!¡Ojalá contagiemos el mundo con el amor de Cristo!

LAS CLAVES
¿Hay en Honduras signos de resurrección, pese a la difícil situación por la que atraviesa el país, donde se ha perdido el respeto a la vida, crece la injusticia y muchos crímenes y actos de corrupción  quedan impunes?
Monseñor Guido Charbonneau, Obispo de Choluteca, afirma que sí lo hay y distingue al menos diez dentro de la dura realidad hondureña.
Publicamos la reflexión de Monseñor Guido con motivo de la Resurrección de Jesús.

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