Caminar Punto de Vista

El silencio en el mundo

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El silencio en el mundo
Jóse Nelsón Durón V.
El Señor quiere entrar hoy en nuestra patria, ciudad, pueblos y almas; quiere ser realmente el Cristo nuestro; el Redentor de nuestras realidades; el innegable salvador de nuestros destinos. Él es el Enviado que siempre se manifiesta y siempre entra; humilde, sencillo y sobre un manso jumento, que también pasó a la historia, y es prueba del valor redentor y glorificador de la sencillez, de la bondad, generosidad, modestia y disponibilidad. Ha dicho: “Busquen la verdad, porque la verdad les hará libres” y Él mismo se ha designado como la Verdad. ¿Por qué buscar donde nada hay? Las gentes de aquellos días le alababan y honraban, con exclamaciones exaltadas que anticiparon para la eternidad su grandeza. Nunca hubo mejores galas que aquellas; hombres y mujeres, herederos del Reino del Altísimo Padre, sometían a su paso olorosas palmas y aclamaban sencillas alabanzas, propias de emperadores y reyes de las posesiones celestiales. Sus afectos y sensibilidades quedaron impresas en el sagrado corazón de aquel Rey, que vive y reina, como lo afirmó, por los siglos de los siglos.     
El Papa Bergoglio nos ha advertido sobre la mundanidad que nos acecha, que roba nuestra identidad a fuerza de igualarnos, de pasarnos el rasero que opaca nuestra originalidad, nuestra especificidad; y echa, por la borda del desinterés por el otro, cualquier y todo esfuerzo que pueda realizarse para encontrar y desarrollar el enorme potencial que el Señor nos concede en esta vida, más allá de la cual seguiremos debiéndole, porque nunca seremos capaces de llegar al cenit que Él diseño para cada uno. Fijémonos, como ejemplo, en el grado de importancia que le damos al poder, dinero, belleza, sensualidad y tantos otros;es tal que condenamos a la ignorancia, la burla, la pobreza, escarnio, persecución y al éxodo a nuestros propios hermanos, por el espantoso crimen de haber sido marginados desde siempre. Vale más nuestras pobres y ralas verdades y nuestros intereses egoístas, que el bien de todos. Vale más el ascenso meteórico en la política, la riqueza y la fama, que el caminar en sendas de justicia, honradez y la ética en el trabajo y en nuestra profesión. Valoramos más una noche de parranda y juerga, que un momento en el entorno familiar, una caricia del hijo, un abrazo al cónyuge o un secreto dicho al oído por el más pequeño.
Esa mundanidad, que el Papa Francisco quiere hacernos percibir, es propicia para las traiciones, las calumnias y las infidelidades; veamos como ejemplo a Pedro, sentado en torno del fuego con los encargados del templo, sacerdotes y ancianos que habían capturado al Señor. El peligro de la mundanidad también es peligrosa porque en ella se agazapa el mal: Judas sentado a la mesa con el Señor es un testimonio de esto.Cuántas veces y cuántos supuestos cristianos nos sentamos con Él y le fallamos, entregándole a la burla y al desprecio del mundo: “Pero miren: la mano del queme va a entregar está conmigoen la mesa. Porque el Hijo delhombre va a morir, según lodecretado; pero ¡ay de aquelhombre por quien será entregado!”
El silencio de la vida humilde,que no hace alardes,que no ofendesiquiera al ruido;el silencio orante del alma capaz de escuchar a placer las armonías escritas por Dios en la naturaleza, es el caminar de quien saluda a Jesús en el hermano y vive arrullado en la sonrisa franca del amanecer hermoso.

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