Buenas Nuevas

“Cuando el sol se eclipsó….”

p7encuentroAl encuentro de la Palabra… según San Lucas para la Lectio Divina
“Cuando el sol se eclipsó….”
(Lc 23,26-46 – Domingo de Ramos)
P. Tony Salinas Avery
asalinasavery@gmail.com
Este gran domingo que nos introduce a la Jerusalén espiritual a la que todos debemos de llegar, para estar con Jesús, está alimentado por el Evangelio de la Pasión según san Lucas. El tercer evangelista impregna la trama de los acontecimientos con los elementos riquísimos que ha recibido de la tradición cristiana, son como una huella “existencial”, ya que nos quiere advertir un camino que el discípulo debe seguir detrás de los pasos de su Señor. Siguiendo a Jesús en la pasión, el cristiano está llamado a una adhesión personal y vital, de realizar en Jerusalén, la ciudad-meta del itinerario terreno y espiritual de Cristo y del discípulo.
Subrayemos dos elementos de esta rica tradición. La mención de Simón de Cirene y de las mujeres, a quienes Lucas describe de manera minuciosa, aquí ellos nos están simplemente como espectadores de los acontecimientos de esa mañana en Jerusalén; ellos entran en la escena para presentarse luego como auténticos modelos del seguimiento de Jesús. A Simón “le cargaron la cruz para que la llevara detrás de Jesús”, expresión ésta que el evangelista la usa normalmente para definir el compromiso del discípulo que debe “cargar su cruz cada día”, siguiendo a su Señor aún en la donación extrema de la propia vida. Curiosamente las mujeres repiten un gesto de gran sentido espiritual “se dan golpes de pecho”, gesto que será repetido al final de la narración por la gente que “iba golpeándose el pecho”. Este acto es simbólicamente la representación del arrepentimiento y de la conversión que nace del llamado de Cristo: “Lloren por ustedes…”.
El segundo elemento está señalado cuando Jesús sobre la cruz ofrece al discípulo otro gran ejemplo que hay que practicar en la vida, el del perdón a los pecadores y perdón por la ofensas recibidas: “Padre perdónalos porque no saben lo que hacen”. En el Evangelio de Lucas, esta fue una práctica repetida por Jesús durante toda su vida. En esta línea de amor, de perdón y de donación hasta el final se coloca también el episodio, narrado solamente por Lucas, del criminal arrepentido al que Jesús ofrece el don de la salvación en el reino. Con aquel hombre pecador todos debemos repetir: “Nosotros estamos aquí en justicia, porque recibimos lo que merecen nuestras fechorías; pero éste no ha hecho nada malo”. Y con estas palabras de conversión, también para nosotros se nos abrirán los brazos del amor misericordioso de Dios.
Al malhechor arrepentido Jesús promete: “Hoy estarás conmigo en el Paraíso”. Aquel “conmigo” es por excelencia la definición del discípulo; más aún, la frase sustancialmente había sido anticipada y destinada por Jesús precisamente a sus discípulos: “Ustedes han perseverado conmigo en mis pruebas, y yo les voy a dar el reino como mi Padre me lo dio a mí” (22,28-29). En la Cruz de Cristo, en la figura del “buen ladrón”, está presente todo discípulo de Jesús que espera entrar con Él en la gloria y en la paz de Dios.
Al final del relato de Lucas, se dice que la gente “reflexionaba sobre lo sucedido”, para comprender el sentido profundo oculto bajo el involucro exterior de los hechos de la pasión de Cristo es necesario “observar, reflexionar, meditar”, por eso “el sol se eclipsó”, para que podamos entrar en el silencio de los hechos de su pasión. Es lo que le deseamos a todos ustedes, que estos días nos permitan estar con Jesús, para llegar a comprender el inmenso amor, que le movió a dar su vida por nosotros en el madero de la cruz.

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