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“Ya no vivo para mí, vivo para mis hijos”

En este Año Santo, convocado por el Papa Francisco, la Iglesia invita a reflexionar en uno de los gestos más significativos que demuestran que Dios es Padre; ser misericordiosos como Él. En nuestro país, existen miles de padres que han experimentado esta misericordia dada por Dios y los han llevado a vivir esta experiencia con sus propios hijos.
“Enseñarás a volar, pero no volarán tu vuelo. Enseñarás a soñar, pero no soñarán tu sueño. Enseñarás a vivir, pero no vivirán tu vida. Sin embargo, en cada vuelo, en cada vida, en cada sueño, perdurará siempre la huella del camino enseñado”; versa un antiguo poema sobre aquellos caballeros que han colaborado con Dios para dar vida, que enseñan el significado de la honradez, el trabajo duro, muestran el rigor y la ternura, como pilares de la personalidad y que muchas veces,  en el silencio, muestran lo que es el amor. Papá; aquél, que siempre te protege, te da lo que más te conviene y aunque muchas veces te puedes enojar con él, porque no le comprendes, porque no está “en onda”, o porque no estuvo contigo en aquellos momentos más importantes, es trascendental reconocer que lo ha hecho todo por ti, sin importar lo que tenga qué sacrificar.
Texto y fotos: Eddy Romero
emromero@unicah.edu
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“ORGULLOSO DE MIS HIJOS”
Ismael Álvarez es abogado de profesión, es papá de un joven con necesidades especiales:“Dios me regalo cuatro hijos, de los cuales me siento muy orgulloso, entre ellos a José Alexander. Es un joven con necesidades especiales”. Alexander ya tiene más de 30 años y su papá nos cuenta lo que ha sido para él, ser un papá de la misericordia.
“Al momento del parto de Alexander, le falto el oxígeno y hubo la necesidad de llevarlo a una incubadora, ponerle oxígeno inmediatamente porque prácticamente el niño se estaba asfixiando,  lo que nos ocasionó en el futuro problemas neuronales”. Este problema no impidió que en su infancia fuera igual que todos los niños, un niño alegre, inquieto e inteligente. Pero cuando cursaba el final del primer grado, en una mañana antes de asistir a sus clases, “Alexander estaba acostadito en su cama, tenía una convulsión, lo que ignorábamos eran las razones. De inmediato lo llevamos al Materno Infantil y el médico nos preguntó que desde cuándo padecía de epilepsia y eso para nosotros fue una sorpresa”.
Durante su infancia y adolescencia, Alexander contó con  su madre María Mercedes Cantillano, pero hace 12 años, él la pierde  a raíz de un accidente de tránsito. Desde ese momento, don Ismael tiene que asumir el rol de padre y madre. Sumado a esto, un año después del triste acontecimiento, una de las hijas de don Ismael, Susan, quien padecía diabetes,  fallece de un infarto, un golpe muy duro para todos.
“Desde ese momento me ha tocado atenderlos a todos,dentro de todas mis posibilidades, especialmente, atender a José Alexander, apoyarlo en todo, tratar de transmitirle mis experiencias.  A veces como padre le exijo un poco más de lo que puede dar, por lo que yo me siento agradecido con Dios y orgulloso de mi hijo, me siento feliz, salgo con él, voy a todas partes, Me dio un gran fruto, no sólo el orgullo para la familia, sino para el país,   porque él fue uno de los que participó en la sub 20 de olimpiadas especiales  en Irlanda en el 2013 y nos trajo muchas honras y medallas”.
“Cuando él llegaba a los centros educativos decían que mi hijo tenía problemas de aprendizaje, todo lo que es abstracto se le va a dificultar, que es eso, es léxico lector pero en lo técnico, en lo mecánico es excelente estudiante.
En esos momentos no queríamos aceptar la realidad que estamos viviendo, a veces nos enfadamos con nuestro interlocutor y aceptarque tenemos un hijo con necesidades especiales.”
“Es así que buscamos ayuda en diferentes instituciones, médicos, maestros, psicólogos, etc. pero en realidad, esas personas no eran para atender a nuestro hijo, eran para atendernos a nosotros, para que comprendiéramos y entráramos en razón  que teníamos un regalo de Dios, un hijo especial”.

“UN SÚPER MAN, PARA SALVAR A MIS HIJOS”
Edwin Coello es un joven comunicador  que experimentó en carne propia el don preciado de Dios. Casado con Keren Maday Moya, son progenitores de tres hijos.
En abril del año pasado pasaron una de las experiencias más extraordinarias de sus vidas, tuvieron un parto gemelar, ella tuvo complicaciones desde el inicio, fue un embarazo muy sufrido.
Al darse cuenta que su esposa estaba embarazada, no sabía que eran gemelos, no podían creerlo, ya que en la familia de ambos no había gemelos,  los llantos por la felicidad llegan  y le dan gracias a Dios por esa bendición.
Ese momento para Edwin no era el mejor, pues no tenía empleo: “mi esposa se descontroló un poco,  porque decía que cómo íbamos a hacer con dos. Traté de calmarla, le dije que no importaba y decidimos seguir luchando”.
“A los cinco meses vinieron las primeras complicaciones, mi esposa empezó con un sangrado. Lo que nos había dicho el médico sobre un embarazo complicado,  empezaba a dar su efecto”.
La situación empeoró porque “se le quisieron venir, hubo síntomas de aborto. Ella estaba deprimida y llorando; traté de darle ánimo porque como padre de familia no tenía que dejarme caer”.
“Esta situación era un verdadero desafío; las visitas al médico a partir de ese momento eran constantes, la situación económica no era la mejor, no importaba si tocaba conseguir prestado o vender cosas que yo tenía, no me importaba venderlo todo por la vida de mis hijos, hacía cualquier cosa, trabajé de madrugada; pase muchas circunstancias para que mis hijos pudieran salir bien. Tenía ese deseo, que mis hijos estuvieran bien”.
“Mi familia me apoyo con el cuidado de mi hijo mayor Mateo Gabriel, mientras nosotros estábamos en esta lucha. Me concentré en la vida de mis hijos que venían en camino. Tuvimos que trasladarnos a la casa de mi suegra, porque nosotros vivíamos aparte. Es allí donde trato de convertirme en un “Súper Man” para salvar a mis hijos, esto era primordial para mí”.

REGALO DE DIOS
Su voz cambia de tono, entre cortado, empieza a decir “cuando llevaba seis meses y medio de embarazo, lo recuerdo como si fuera ayer, mis hijos se vienen, ya no podían detenerse más mis niños.  El médico recorrió a unas inyecciones para agilizarles el crecimiento de los pulmones; hasta este momento, los niños estaban bien, pero el médico decía que el desarrollo respiratorio iba a estar complicado”.
“Ellos nacen de seis meses y medio, a las dos de la madrugada en el Hospital Escuela. Una situación complicada, porque nos tocó esperar largas horas; mi esposa mintió y dijo que el líquido amniótico se le estaba saliendo, para que  pudieran atenderla, porque pasaba el tiempo y sentía los dolores y presentía que los niños no estaban bien”.
“Sentía una alegría inmensa en mi corazón porque mis esfuerzos habían valido la pena, para tener a mis hijos conmigo. Lo difícil fue que uno de ellos tenía complicada la parte respiratoria, automáticamente le pusieron sonda, eso fue un bajón increíble para mí, porque sentí en ese momento que el mundo se me venía encima.  La verdad es que me descontrolé emocionalmente, pero traté de no transmitirlo a mi esposa, porque estaba operada y aún con la anestesia”.
Joshua, el primero en nacer, tuvo que ser intervenido por complicaciones respiratorias, Addiel no necesito sonda, pero solamente peso dos libras y media. Ambos fueron colocados en una incubadora.
“Pasaron dos días para que pudiera ver a mi hijo Joshua, ya que estaba en estado crítico, con sondas tanto en la boca como en la nariz; su situación era complicada. Dos días después; a las dos y media de la mañana nos llamó el médico y nos dijo que nuestro hijo había fallecido”.
Se vuelve a quebrar su voz, es muy emotivo recordar esos momentos y prosiguió: “me solté en llanto, no pude  contenerme, dejé colgado al médico en el teléfono, mi esposa pensó que habían muerto los dos niños”.
Fui solo a hacer las vueltas para sacarlo y enterrarlo, no permití que mi esposa lo viera, por la operación que tenía. Lo velamos unas cuatro o cinco horas en la casa de mi mamá y seguíamos luchando por nuestro otro hijo”.

CANGURO
“Pasaron siete días para conocer a mi otro hijo, él pesaba dos libras y media y me dijeron que el pronóstico era reservado, no me decían  que todo podía estar bien. Abdiel,  no necesito sonda por gracia de Dios. Al tener dos libras y media, era muy complicado verlo, porque estaba en la incubadora. Era tan pequeño que yo lo sostenía en la palma de la mano”
“Sabíamos que la situación estaba difícil, empezamos a pedirle a Dios por un milagro, pasaron 20 días y el niño seguía interno, sus signos vitales eran muy variables. Pasa algo bien particular, en esa temporada, la mayoría de niños allí presentes estaban infectados de dengue, la directora de ese lugar nos dijo que si queríamos que sobreviviera nuestro hijo, teníamos que llevárnoslo, porque había mucha infección en el entorno”.
“Yo venía comenzando a trabajar y traslado a mi hijo al Seguro Social, una odisea grande. Recuerdo que apretaba fuerte a la incubadora para que no le pasara nada  a mi hijo. Allí  empieza la recuperación. Nuestro hijo necesita un sistema de “cangureo”, que son 24 horas completas dándole calor humano”.
Este procedimiento ayuda al niño a asimilar el proceso del embarazo, consiste en tenerlo junto al cuerpo las 24 horas. “Ahí comienza nuestra odisea, decidimos organizarnos y empezar el proceso.  Mi esposa, mi suegra y yo iniciamos ese proceso”.
El niño tenía que estar aislado completamente;  “mi esposa comenzaba a las ocho de  la mañana hasta las cinco de la tarde y lo mantenía sobre su pecho cubierto por una sábana.  Mi suegra le daba calor  de cinco a once de la noche y yo  permanecía con él toda la madrugada”.
“Prácticamente fue una batalla campal  de unos cuatro meses para que ganara el peso necesario. Era una odisea del día a día, yo llegaba a mi trabajo derrotado físicamente,  pero sentía una gran emoción, porque por ejemplo en el primer mes mi hijo ganó dos libras.  Fue una situación que tuvimos que unirnos como familia”.
Según expertos del Hospital Escuela Universitario, el calor producido por el Papá es mucho mayor que el de la Mamá.
“Durante este proceso hubo dificultades económicas, de mucho agotamiento, tuvo dificultades físicas. Siete meses duró el “cangureo”, ya el niño tenía 8 libras; el proceso que se fue dando fue algo milagroso”.
El 29 de abril de este año, Abdiel Coello cumplirá un año de victoria, “el niño del milagro”, porque sólo Dios pudo hacer eso, tuvo misericordia. “Ser padre, es darlo todo por sus hijos, es olvidarse de uno mismo, sin importar los sacrificios, porque ya no viven para sí, viven para sus hijos” concluyó diciendo.

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