Buenas Nuevas

“Siguió escribiendo…”

p7tonyAl encuentro de  la palabra… según San Juan para la Lectio Divina
“Siguió escribiendo…” (Jn 8,1-11 – V Domingo de Cuaresma)
P. Tony Salinas Avery
asalinasavery@gmail.com
Nos dice el Evangelio de hoy que Jesús ante la acusación hecha para la mujer encontrada en pleno adulterio, “sigue escribiendo en el suelo”. Con este gesto, se nos dice en primer lugar, a manera de nota curiosa que Jesús sabía leer y escribir muy bien; pero sobre todo por el contexto que se está narrando, indica la imperturbabilidad de su conciencia, pudiendo por igual hacer alusión a una frase del profeta Jeremías: “Sobre la tierra quedará escrito el que te abandona, porque ha abandonado al Señor fuente de agua viva” (17,13). Jesús escribe la historia nueva de la mujer, cuyos pecados quedarán borrados, como borrará el viento lo que Él escribió sobre el suelo. Y se convierte así, no en el que la abandona, sino en el que asume su debilidad porque para eso vino en nombre del Dios de la vida.
Lo cierto es que Jesús, una vez que termina de escribir en el suelo, repentinamente rompe el silencio y la frase que pronuncia se parece a una espada que penetra, en un solo corte, hasta las profundidades de la conciencia de todos, golpeando sin pudores todas las miserias ocultas y todas las hipocresías: “Quien de ustedes esté sin pecado…”. El hecho narrado pasa a ser la celebración por una parte de la conversión y por otro lado, de la misericordia hecha perdón que Jesús le ofrece a la mujer pecadora.
No olvidemos amigos que en el Antiguo Oriente el adulterio era castigado sólo en la mujer y nunca en el hombre. De aquí que los escribas y fariseos quieran hacer caer a Jesús en una trampa, ya que estos negaban toda clase de perdón, convirtiéndose en implacables tutores de la moralidad pública, deseosos tan sólo de hacer brillar el esplendor inmaculado de su superioridad moral, deseosos de hacer caer a Jesús en esa trampa jurídica que lo descalifique. En efecto, si Jesús perdona a la mujer, violaba el derecho hebreo; si la condenaba a la pena capital por lapidación, violaba el derecho romano, el único que podía condenar a muerte.
La escena encaja de manera especial en el camino cuaresmal, ya que Dios nos envía a su Hijo, para sacarnos del pasado de nuestros delitos y pecados, que nos impiden seguir la vida hacia delante. Jesús perdona en el relato, todo el pasado pecaminoso de la mujer, y le abre la posibilidad de una vida nueva para su presente. Como recomienda san Pablo, la actitud de la misericordia o mejor dicho de uno de sus frutos, es la capacidad de olvidarnos “de lo que queda atrás, lanzándonos hacia lo que está por delante”. La conversión, tema central de la Cuaresma, es para toda la Biblia un cambio de ruta, una separación del pasado tenebroso, un rompimiento con una historia anterior de pecado. Es la hora de salir de ese nuestro rincón de oscuridad, para dejarnos pertrechar por la maravillosa luz del Señor Jesús, superando también nuestros temores a una vida nueva y mejor. Claro que el temor de lo nuevo está siempre en asecho, como se dice en el Almacén del Joyero, el drama juvenil de K. Wojtyla, luego San Juan Pablo II: “No hay esperanza sin temor y temor sin esperanza”. Al buscar la conversión no olvidemos que no estamos solos, el Señor nos acompaña.

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