Caminar Punto de Vista

Pecios y enhebros

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Pecios y enhebros
Jóse Nelsón Durón V.
En el santo Evangelio de este domingo leímos y escuchamos que el Señor Jesús se queda a solas con la mujer acusada de adulterio, pues sus acusadores no fueron capaces de tirar sobre ella la primera piedra; sus carencias morales y sus propias simonías anulaban la soberbia de sus querellas contra una falta quizá realizada por amor.
La simonía, compraventa espiritual de gracias espirituales, hace de los fariseos modernos unos negociantes mentirosos, queriendo negociar con Dios sus falencias, trocadas en supuesta bondad. Al valorar, en fin, en el instante de votar, señor(a) Diputado(a), medita si tendrás la osadía de tocar la puerta del cielo con las muertes de inocentes sobre tus espaldas, en lugar de tu cruz, ¿o esa será tu cruz por haber votado a favor del crimen más oprobioso: el asesinato de indefensos cuyas almas imploran al cielo por toda la eternidad?.
Ya nos lo dice el Libro de Isaías en su inicio: “Y al extender vosotros vuestras palmas, me tapo los ojos por no veros. Aunque menudeéis la plegaria, yo no oigo. Vuestras manos están de sangre llenas:lavaos, limpiaos, quitad vuestras fechorías de delante de mi vista, desistid de hacer el mal,aprended a hacer el bien, buscad lo justo, dad sus derechos al oprimido, haced justicia al huérfano, abogad por la viuda” (1,15-17).
Conversábamos con el padre Roberto Paiz que, pese a la percepción que se ha querido implantar responsabilizando del vil asesinato de la señora Berta Cáceres al gobierno, siendo éste el menos interesado en ser acusado en el ámbito nacional e internacional, sobre todo ahora que, por fin, tenemos un presidente que parece estar interesado en enderezar muchas cosas, pandas por inercia y por indolencia. Sin embargo, voces desinformadas y/o envenenadas, sumándose a los culpables, tiran lodo sobre una sociedad que aspira a cambiar. Los asesinatos múltiples no parecen terminar, como una secuencia planificada para desacreditar, en un plan general destinado a hacernos fracasar como país. Con fuerza, imitando los desaciertos “justicieros” del mundo, luchan por el aborto, en total oposición al Dios de la Vida. ¿Qué pecio, qué obra llevarán para mostrar al término de sus vidas? Los pecios, es decir, los restos o frutos de nuestras existencias, con sus éxitos y fracasos, deben ser para Dios, que se encuentra en nuestros hermanos, de manera especial en los más necesitados, segregados del bien común. Los pecios de nuestra vida deben ser para el bien, no para lo contrario; los frutos de nuestra esencia deben ser frutos de bondad, no de pecado.
¿Qué es vivir, sino atar cabos; enhebrar gozos, apuros y decisiones, en un mazo siempre intangible que sirve de asta, bastón y féretro, en nuestra búsqueda de la inmortalidad? Siempre hay un motivo escondido en el misterio insondable de la voluntad divina; un origen, fuente o manantial de donde brota nuestra existencia, con un itinerario ya marcado que en el recorrido va despejando cosas, quitando malezas y alumbrando y realizando sueños, que, producto de esfuerzos, debemos trocar en realidades útiles y generosas, para el bien común de los hijos de Dios. Caminar así es ir dando gracias, testimonio y gloria al Altísimo Padre del cielo.“No recuerden lo pasado ni piensen en lo antiguo; yo voya realizar algo nuevo. Ya está brotando. ¿No lo notan?“, dice nuestro Dios. Si en nuestras almas soplan brisas nuevas y armoniosas, será momento de reconocer que todas las almas aspiran a lo mejor, a lo que se les ha negado y, en el momento propicio, alzarán sus brazos para reclamar o sencillamente los estirarán para tomar lo que les pertenece. ¿No será esto lo que escribe calladamente el Señor en la tierra de nuestra vida?

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