Buenas Nuevas

“Si no se arrepienten”

p7encuentroAl encuentro de  la palabra… según San Lucas para la Lectio Divina
“Si no se arrepienten”
(Lc 13,1-9 – III Domingo de Cuaresma)
P. Tony Salinas Avery
asalinasavery@gmail.com
Para entender el Evangelio de hoy, será necesario recurrir un poco a la historia. El procurador romano Poncio Pilato realizó una de sus más duras represiones contra los judíos, como la recuerda el evangelio de Lucas. Flavio Josefo historiador judío, nos recuerda, por ejemplo, la matanza de Cesarea del 26 d.C., con ocasión de la construcción del acueducto para aquella ciudad, residencia del gobernador, o la matanza de samaritanos en el 36 d.C., en la cima del monte sagrado, el Garizim. En cambio, no tenemos otras noticias, fuera de la lacónica indicación de Lucas, respecto de la matanza de algunos galileos durante una ceremonia religiosa (“la sangre mezclada con la de los sacrificios”). Pero de este suceso Jesús se sirve precisamente para su exhortación de este tercer domingo de cuaresma. Pero está también hoy, la historia de un derrumbe que sucedió en Jerusalén en el barrio de la conocidísima fuente de Siloé, la más importante de la ciudad. Una torre se había derrumbado y aplastado a l8 personas.
De esos hechos sucedidos, Jesús llevó a su auditorio a una consideración más profunda. Todos pensarían que los que murieron lo fueron como castigo por sus pecados. Él señala que no hay que ver en eso un determinismo ciego del destino o del castigo de Dios sobre ellos, considerando entonces a la humanidad en justos y pecadores.
De esos sucesos hay que irnos a la enseñanza personal que nos dejan, la lección es una fuerte llamada a la conversión. Esta es la palabra decisiva: “CONVERTIRSE”, que en el original griego indica “cambiar de mentalidad” en lo que respecta a elecciones, juicios, decisiones (metanoein).
Con este tiempo de Cuaresma, la invitación sigue siendo la que hizo Jesús al inicio del Evangelio de Lucas: “Conviértanse y crean en el Evangelio”. De otro modo, en vez del rostro misericordioso del Padre, aparecerá sin remedio en el día del juicio final, el juez que realizará y hará justicia. No es un tema para atemorizar y llevarnos durante este tiempo a un sentimentalismo que suaviza y desfigura la auténtica exigencia cuaresmal, que terminada ésta desaparece de nuestra conciencia. En verdad este tiempo, es el tiempo de la misericordia de Dios, que es lento en la cólera y rico en piedad, como bien lo recita el Salmo 103.
Hay que tomar en serio, según el mensaje de este domingo, el tema de nuestra conversión. Hoy la misericordia está de nuestro lado, como lo enuncia la parábola que escuchamos al inicio, ya que revela el diálogo entre el dueño de la viña y el campesino. Entre el Padre (el amo) y el Hijo (el campesino) se instaura una relación de intercesión por la humanidad árida e indiferente (la higuera). Cristo, pues, trata de unir los hilos de un diálogo que el hombre pasa de largo, sin atender el mínimo de su contenido. Pero Cristo no quiere que el trabajo de los “tres años” de su ministerio sea inútil y suplica al Padre que espere todavía un año más para que finalmente ese árbol, que es la humanidad, logre brotar, florecer, fructificar en una respuesta de amor y de justicia.

A %d blogueros les gusta esto: