Caminar Punto de Vista

Ocupar inútilmente la tierra

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Ocupar inútilmente la tierra
Jóse Nelsón Durón V.
Deberíamos pedir perdón, por deslizarnos por la vida sin poner atención en lo esencial, en mejorar el entorno, en ajustarlo a la gloriosa libertad que Su Padre eterno nos concedido desde el vientre de nuestra madre. Hemos debido decir algo, hacer mucho y sostener grandes batallas para que el mundo fuese más humano, ajustado a la dignidad que el Señor nos dio; hemos debido gritar, escribir o sencillamente dejar alguna pequeña huella de la nuestra. Hemos olvidado el temor de Dios.Dejado que nuestra conciencia cristiana se relaje. La historia de muchos: la del pueblo judío, que estaba seguro de la presencia de Dios en sus correrías; la de la Virgen María y san José, seguros que el Niño Jesús iba de regreso a Nazaret en la caravana; el sacerdote que cae, al dejar apagar aquel fuego que le llevó al Seminario; la Iglesia, que necesita la santidad de sus miembros para refrescar su misión y dar al mundo un reflejo de la gloria de Dios en su seno; la del vecino, del amigo, de todos, que en algunos momentos hemos dejado palidecer la fe.
¡Cuántos viven descuidadamente, encerrados en sí mismos y pensando solo en intereses propios!;se golpean mecánicamente el pecho y salen de la Misa igual o peor¡Hasta los animalitos y las plantas reaccionan ante el entorno de manera mejor!, unos por instinto y otros por asociación con la creación. Hay quienes olvidan su origen, su hogar y su tierra, hayan nacido en cuna de oro legítimo, o dorada después por corrupciones y arrogancias;esos que siembran en el mundo, fertilizándolas de vez en cuando, malas semillas contra su propia patria. Escuchamos cansinamente intereses propios por los medios, de quienes continúan dañando la patria, incrementando la mala percepción y causandoansiedad, depresión, desilusión y miedo.
“¡Moisés, Moisés!” llama el Señor a quienes se desvían. “Yo soy el que soy” te envía, “mi nombre es Yahveh para siempre”… pero se nos olvida… y comenzamos a inventarle nombres… decimos: yo que soy poderoso, yo que fui presidente, yo que soy diputado o millonario…vociferando inútilmente en busca de actualizar avejentadas esterilidades. Todos somos responsables; incluso quienes insisten en ser santos, en ir directito para el cielo. Hemos olvidado hasta los buenos modales, el respeto, la humildad. Qué lejos parece cuando los niños juntaban sus manitas para dar los buenos días y pedir la bendición a sus padres; cuando decir tonto todavía no era un insulto; cuando la mujer era un ser digno, no un objeto sexual; cuando la relación entre un hombre y una mujer no era pecado; cuando no se especulaba sobre los otros, juzgándolos; cuando nombrábamos a nuestros hijos con nombres bíblicos, cristianos o castizos. Cuando el gobernante era el Señor Presidente y no Juan tortilla; la misma exuberancia de la campaña (¿hipocresía?) sirve después para rebajar el alto cargo de la Presidencia. ¿No se borra también con la mano izquierda lo que se hace con la derecha,al afirmar que se lucha contra la corrupción y se practica el nepotismo?
El Evangelio de hoyafirma que tres años continuos pasó el Señor yendo a la higuera, como viene siempre a nosotros. Él buscaba unos dulces higos, quizás para saborearlos con mamá María y papáJosé como fruta, o comer sus crujientes semillas,una vez secados. O quizás como una enseñanza para siempre, porque recuerdo que dijo a Natanael, que es Bartolomé: “desde que estabas debajo de la higuera te vi”.Bartolomé estaba quizás compartiendo los dulces frutos del Evangelio. Manda el Señor cortar la higuera estéril, porque está ocupando inútilmente la tierra. ¿Qué frutos tendremos nosotros? ¡Cuántos viven estérilmente, como los extensos campos de tierra inculta, mientras nuestros hermanos padecen de hambre!

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