Diálogos "Fe y Razón" Punto de Vista

Con sentido o sin razón

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Con sentido o sin razón
Diac. Carlos Eduardo  
carloseduardiacono@gmail.com
El sentido o razón de ser de la existencia, de los fenómenos, de las ideas y hasta de los sueños, ha preocupado e incluso obsesionado a los seres humanos, a lo largo de la historia y a lo ancho de la geografía. Casi instintivamente se ha llegado a la conclusión de que todo lo que es, y todo lo que sucede, tiene su razón de ser. Pero, aunque su número sea bastante inferior, son aún muchos los que no le encuentran sentido a la vida, ni a la misma realidad.  La sinrazón y el sin sentido son los fantasmas cotidianos que les deprimen o que, en el mejor de los casos, deambulan con ellos a lo largo de una existencia pobre y vacía, carente de significado.
Y si otros encontramos sentido  a lo que somos, hacemos o nos acontece, ello no significa que coincidamos en las razones de ser que las sustentan. Tan sólo coincidimos en llamado “principio de razón suficiente”enunciado por el filósofo alemán Leibniz, según el cual todo objeto debe tener una razón suficiente que lo explique. Lo que es, es por alguna razón, nada existe sin una causa o razón determinante.
El sentido común, presente en el refranero español –de España o de América- recoge ese mismo principio, de manera intuitiva. Pueda que se entienda de manera determinista: “El que nace para tamal, del cielo le caen las hojas”. O bien de manera optimista: “No hay mal que por bien no venga”. Y aún de modo premonitorio, pues cada uno construye su propio sentido: “Caminante no hay camino, se hace camino al andar” (A. Machado).
La razón de ser indica la causa que originó algo o el fin hacia el cual tiende. Y hay ejemplos que se comprenden fácilmente. El sentido que tiene el comer, es el preservar la propia vida. El sentido que tiene el estudiar es prepararse a desempeñar un trabajo, una misión. El sentido que tiene la transparencia y la honradez es preservar la convivencia pacífica en la sociedad, respetar la dignidad ajena y buscar el bien.
También hay razones de ser individuales que pueden llegar a chocar con el bien común, como cuando alguien considera que el sentido de su vida es acumular el mayor poder posible, o la mayor riqueza que pueda conseguir. Otros parecen tener en el ocio la única razón de su existencia.
Algo es seguro. Las razones que encontramos para la propia existencia están íntimamente vinculadas con la jerarquía de valores que cada quien tiene. Si su valor mayor es Dios, entonces lo colocará fácilmente como el fundamento de todo lo que es y le acontece. Si su valor mayor es el dinero, alrededor de él encontrará las razones de ser, trabajar y esforzarse.
El apóstol Pedro nos alecciona al respecto: “Estad siempre prontos a dar razón de vuestra esperanza” (1ª P 3:15). Así el sentido de nuestra vida está en sabernos peregrinos, creer que un día seremos transformados y confiar que viviremos en las moradas eternas. Para el cristiano la vida está llena de sentido, pues Cristo ha resucitado. Así lo hace ver el Apóstol Pablo cuando radicalmente afirma: “Si Cristo no ha resucitado, nuestra predicación carece de sentido y nuestra fe lo mismo.” Nuestra Cuaresma nos prepara para la Pascua; la vida nos prepara para la Pascua Eterna.

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