Punto de Vista Reflexión

Auténtico giro

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Auténtico giro
P. Juan Ángel López Padilla
No se asusten que no se trata de ninguna reflexión sobre algunas de las rotondas que está haciendo el alcalde de Tegucigalpa. Sencillamente estoy haciendo eco de una de las frases de la Exhortación Pastoral última que nos han regalado los señores obispos de la Conferencia Episcopal de Honduras.
En varias ocasiones he manifestado públicamente mi gran descontento a la pobre repercusión, cuando no completamente ausente, que hacen los medios de comunicación de los documentos emanados por el Santo Padre o por cualquier órgano de la Iglesia Católica. Más aún cuando, no me cabe la menor duda, el contenido de las encíclicas, comunicados, cartas pastorales o demás, nunca se alejan de la realidad que vivimos y sus mensajes son necesarios para nuestra meditación personal o comunitaria.
La Conferencia Episcopal de Honduras (C.E.H.), que no tiene nada que ver con otro acrónimo que vaya casualidad adoptaron unos hermanos que a veces se les olvida serlo, se reúne de manera ordinaria  cuatro veces al año, pero, sus reuniones no tienen nada de ordinarias. Siempre saben poner el dedo en la llaga sobre lo que vivimos en Honduras. El asunto es que también proponen algún remedio a las heridas. Sólo que: “no se oye Padre”.
La frase que, en esta ocasión particular me llamó la atención, no es ninguna genialidad teológica o algún verso poético, pero sí, una gran verdad: “La conversión que este tiempo de Cuaresma viene a favorecer consiste en un ‘auténtico giro’ de toda nuestra vida, orientándola de cara a la voluntad de Dios”.
Ese “de cara a la voluntad de Dios” es el hilo conductor de esta Exhortación Pastoral. Porque es de cara a Dios y no dándole la espalda, que descubrimos quiénes somos, admitimos nuestra pequeñez y nos ponemos en camino a vivir en su Gracia. De ahí que la Conferencia Episcopal nos ponga como ejemplo de la aceptación de la misericordia de Dios a nuestra Madre común, y desde ella se pide una “verdadera conversión hacia los valores cristianos, culturales y patrióticos”.
Acto seguido: ponen el dedo en la llaga y vaya si supieron decir las cosas como se deben.
Es bien bonito ver a todas las autoridades de nuestro país, y no me refiero al poder ejecutivo, sino a todos los que son “autores” de nuestro destino, incluidos los sacerdotes, pasar por Suyapa para la Feria; pero sería mil veces más hermoso y más digno de nuestro Padre del Cielo, que pasásemos con la conciencia limpia.
A todos se nos recuerda que debemos cumplir con lo más importante de la Ley, es decir la Justicia, la misericordia y la lealtad.
Convertirnos significa esto: ir más allá de las leyes humanas que, como tantas veces lo hemos visto, se tuercen a gusto y paciencia del caudillo de turno y sus comparsas. Insisto que no me refiero a lo evidente, sino a lo de siempre.
Conversión implica darle a Dios nuestra lealtad, nuestra fidelidad. Convertirnos implica reconocer que nuestra rectitud de intención a veces no existe, porque nos mueven otros intereses.
Lealtad se debe a Dios, a nuestra conciencia, a los que más nos necesitan y no a nuestras billeteras o a otra bandera que no sea la de azul turquesa, con una franja blanca y con 5 estrellas al centro.

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