Diálogos "Fe y Razón" Punto de Vista

Jueces para el pueblo

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Jueces para el pueblo
Diac. Carlos Eduardo  
carloseduardiacono@gmail.com
El libro del Éxodo narra la visita que hizo Jetró, sacerdote de Madián y suegro de Moisés, a su yerno. En tal ocasión, vio cómo “Moisés se sentó a juzgar al pueblo. El pueblo se colocó alrededor de Moisés todo el día” (Ex 18, 13). Jetró se dio cuenta de que ésta era una enorme tarea, que consumía tiempo y energías, tanto de Moisés como del pueblo. Entonces le dio un consejo:“Elige hombres buenos, dignos de confianza, que respeten a Dios, que no se dejen sobornar. Ellos estarán encargados de juzgar al pueblo en todo momento” (Ex 18, 21-23).Al líder del pueblo le pareció bien:
“Moisés siguió el consejo de su suegro e hizo todo lo que él le dijo. Nombró hombres capaces de entre todo Israel” (Ex 18, 24-25).
Puede observarse cómo, desde tiempos antiguos, los jueces han de tener cualidades indispensables para cumplir con su misión. Las anteriormente citadas siguen siendo válidas en nuestros días: el juez tiene que ser persona buena, digna de confianza, con temor de Dios, insobornable y capaz.
La Cumbre Iberoamericana de Ética Judicial, celebrada en Copán-San Salvador impulsó la elaboración y adopción de un Código Modelo para los países miembros, el que fue aprobado en la XIII Cumbre, celebrada en junio de 2006, en República Dominicana (Véase Declaración de Santo Domingo). En este instrumento se establecen las características de todo juez que actúa responsablemente, enmarcado en la necesaria ética profesional. Tales características son:
Independencia, pues una vez nombrado, seguirá su criterio y su conciencia, desligado de vínculos o presiones de partidos políticos, grupos económicos o personas influyentes.
Imparcialidad, para escuchar a las partes con igual atención y amplitud, y para juzgar sin inclinar su decisión por interés, simpatía o compromiso con alguna de ellas.
Motivación, lo que implica que sus fallos estarán motivados, es decir, bien fundamentados, dando las razones de hecho y de derecho que los sustentan.
Conocimiento y capacitación, lo que suponellegar al cargo con idoneidad académica, acostumbrarse a estudiar a fondo cada caso y recibir cursos para actualizar o ampliar sus conocimientos.
Justicia y Equidad, dando a cada quien lo que en derecho le corresponde,  pero atemperando con su criterio “las consecuencias personales, familiares o sociales desfavorables surgidas por la inevitable abstracción y generalidad de las leyes.”
Responsabilidad institucional, pues cada uno de ellos representa a todo el poder judicial.
Cortesía, fruto del respeto a la dignidad de toda persona, litigante o acusada, inocente o culpable.
Integridad, ya que toda su vida debe ser ejemplo de coherencia con sus principios y valores.
Transparencia, pues cumple una función pública, que no se realiza en lo secreto, ni se resuelve en oscuras transacciones; el juez siempre podrá dar razones válidas y verdaderas de su actuar.
Secreto Profesional, para respetar el honor y buen nombre de cada persona y cumplir con la Ley.
Prudencia, que es la virtud de los sabios, de quienes ponderan y analizan, de quien no se precipita.
Diligencia, pues la justicia tardía no siempre sirve a quien lleva razón; y hay que disminuir la gran mora judicial que se tiene y adoptar un ritmo más productivo en los juicios.
Honestidad profesional, ya que no se busca ni beneficio ni provecho personal.
Las anteriores características son congruentes con los valores del Evangelio. Por ello es imperativo que todos los cristianos oremos al Señor para que a ellas ajusten su quehacer nuestros jueces, desde los recién electos magistrados de la Corte Suprema, hasta el más humilde juez de algún rincón apartado de nuestro país. Que el Señor, justo juez, vele por todos ellos y por quienes a ellos acuden.

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