Caminar Punto de Vista

¿Tilín tilín?

p5dialogoDiálogo “Fe y Razón”
¿Tilín tilín?
Diac. Carlos Eduardo  
carloseduardiacono@gmail.com
El “tilín tilín” es un neologismo catracho por “tintineo”.  Se trata de  un vocablo onomatopéyico que hace alusión al ruido de las monedas. El asunto es bastante simbólico, poético si se quiere, puesto la cosa no tentaría a nadie, si de moneditas se tratase. Y es bien sabido que ni los billetes, ni las tarjetas de crédito, ni las transferencias bancarias hacen ruido, que pudiera confundirse con el sonido del vil metal.  Más silenciosos aún son los dineros que han sido blanqueados por alguna de las formas de hacerlo, que a diario inventa esa antigua y nefasta industria sin chimeneas ni vergüenza: la corrupción.
Hace pocos días estábamos hablando entre un grupo de ciudadanos. La conversación entre gente que apenas se conoce suele derivar hacia uno de los tres temas “de hierro”: el clima, la política o el fútbol. En esa ocasión, analizamos el por qué los honorables diputados no acababan de elegir a los nuevos magistrados de la Corte. Hubo toda clase de explicaciones, la mayoría sin sustentación, acerca de lo que estaba pasando, y cómo podía ser solucionado.
Me interesé de pronto por la atractiva sugerencia de darle al asunto una rápida salida, con una vieja receta eclesiástica, nacida ante una situación similar: el Cónclave.Como lo están leyendo: alguien estaba proponiendo aplicar la receta que sufrieron los cardenales, ya que se había prorrogado por unos tres años la Sede Vacante, por no ponerse de acuerdo en quién elegir. Fueron encerrados a cal y canto, y la puerta quedó con llave (con clave), sin comunicación con el mundo exterior; los alimentos deberían ir disminuyendo gradualmente hasta que por fin, en marzo de 1271 fue electo Gregorio X, buena elección, pues mereció ser proclamado beato.
A punto de diseñar una estrategia para que tan magnífica idea llegase a oídos de quien pudiera ejecutarla, uno de los contertulios hizo una declaración radical, que acabó con la gana de discutir. “No sean ingenuos  -nos dijo-  lo que pasa es que aquí hay tilín tilín, pues conviene no elegir Corte alguna”. Antes de dispersarnos, alguien atinó a preguntarle cómo lo sabía y qué pruebas tenía, ya que hablaba con tanta seguridad. Su respuesta la he escuchado en parecidas circunstancias: “Es obvio, esto no necesita anteojos, Siempre hay tilín tilín de por medio. ¿Quién necesita pruebas?”.Me fui para mi casa pensando que tan demoledor argumento habría de ser repetido, una y otra vez, multiplicado y adornado hasta el cansancio.
Por supuesto que en más de una ocasión se ha comprobado haber habido algún tilín tilín. Eso no nos da derecho a pensar que siempre tiene que ser así, ni que esta sea la manera habitual de solucionar conflictos parlamentarios. Lo que nos debe llamar a la reflexión es que son muy numerosos quienes escuchan estas cosas con oído atento, y las repiten enseguida con lengua veloz e imprudente.
Aunque sea un poco difícil de aceptar, esta es una reflexión cuaresmal. Se nos pide oración, limosna y ayuno para entrenarnos en mejorar nuestra relación con Dios, el prójimo y nosotros mismos. Hay ayunos que deben practicarse: el abstenernos de difundir lo que no nos consta; el no producir nico-producir aseveraciones calumniosas; el poner la dignidad ajena por los suelos.
Las lecturas del Miércoles de Ceniza nos han llamado a una conversión profunda e interna. La conversión con mucho ruido es inadecuada y puede que hasta hipócrita. Seremos mejores cristianos y mejores ciudadanos si en esta Cuaresma decidimos tener discursos más constructivos y darle al prójimo aunque sea el beneficio de la duda.

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