Buenas Nuevas

“Simón Pedro…”

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Al encuentro de la palabra… según San Lucas para la Lectio Divina
“Simón Pedro…”
(Lc 5,1-11 – V Domingo del Tiempo Ordinario)
P. Tony Salinas Avery
asalinasavery@gmail.com
En el centro del leccionario de este domingo, se narra la vocación, es decir, la llamada de un profeta (en la primera lectura Is 6,1-2.3-8) y la de un apóstol (el evangelio). Ambas están en el marco de una presencia directa de Dios mismo que irrumpe en sus historias. La primera es la vocación de Isaías, el más grande profeta escritor de Israel. Era ciudadano de Jerusalén y de familia sacerdotal de allí que sus escritos tengan como fondo el templo y su liturgia.
El contenido vocacional fundamental de hoy, se basa en dos expresiones: “Aquí estoy yo, mándame” y “Sacadas las barcas a tierra, dejaron todo y lo siguieron”. Vemos pues, que son dos verbos típicos de estos relatos: “dejar y seguir”. Como Isaías Pedro tiene que reconocer su impureza y ser liberado de ella y, como Isaías, ve brillar un horizonte de apostolado, una misión difícil de salvación: “De ahora en adelante serás pescador de hombres”. Aparece el imperativo que es fruto de su decisión afirmativa, hay un destino apostólico que le espera, una misión que cumplir y un desafío que asumir.
Lucas señala, por otro lado, el particular único de los evangelistas al decir: “Dejaron todo”. Para Lucas un evangelista que gusta reconocer la pobreza de Jesús y su opción por los pobres, coloca como requisito del seguimiento, un desapego total, una elección definitiva por el Reino que Jesús anuncia. Seguirle será ser como Él, sin apegos y en situación de pobreza como muchos de su tiempo.
En la historia de la vocación de Simón Pedro, pescador en Betsaida (que en arameo quiere decir “casa del pescado”), se perfila el camino vocación de todos los llamados, nada ha cambiado desde entonces. Jesús sigue llamando a quien quiere, como quiere y cuando quiere. Los que respondan deberán responderle en libertad, desapegados de sus afectos y lanzados a la misión que el propio Señor les encomiende. Pero todo basado en un acto primero de fe. Nadie ama a quien no conoce. El relato evangélico manifiesta un acto fundamental, por medio del cual Jesús de Nazaret, se pone al lado de la vida de Pedro, crea confianza e intimidad con él. Solo después el propio Pedro “basado en la Palabra de Jesús”, se arriesga y consigue el resultado que lo deja sorprendido y maravillado. Todo señala que sólo ha Jesús se le puede confiar la vida, sólo por Jesús vale la pena dejarlo todo para seguirle. Ese “todo” es lo que importa al momento de querer ser discípulo: “El que de ustedes no renuncia a todos sus bienes no puede ser mi discípulo” (Lc 14,33).
La vocación entonces es término específico empleado para Jesús, no es sinónimo puramente de profesión. Éste va referido a ese que es el Maestro por excelencia y que desde la barca, a manera de su cátedra, sentado les enseña. Su fama se había extendido de boca en boca, de allí que Lucas sepa decir: “La gente se agolpaba junto a Jesús, para escuchar la Palabra de Dios”. Literariamente hablando podemos decir que, la escena ha sido preparada por estos elementos que introducen al marco maravilloso de la llamada y del imperativo. La multitud, el mar, la barca, las redes, los pescadores, son parte de un entramado donde los personajes van cayendo sin notarlo en la extraordinaria atmósfera de un Dios que está allí y que comienza a revelarse. ¡Jesús no te canses de llamarnos por favor!

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