Caminar Punto de Vista

La perla o la ostra

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Caminar

La perla o la ostra
Jóse Nelsón Durón V.
La vida interior, la espiritualidad, el nivel cada día más íntimo que el cristiano va consiguiendo en el caminar de su crecimiento, es una de “ las pocas cosas necesarias” que el Señor Jesús menciona a Marta y María, las hermanas de Lázaro (Lc 10,42), y se yergue, por esa unicidad, en una meta que debe alcanzarse para conseguir lo más importante: la salvación eterna. Esta última contemplada no solamente como alivio por la alternativa esquivada, sino como corona y meta del alma diseñada para vivir en el amor.
Es necesario, nos dice el Señor, escuchar su palabra, entenderla en toda su dimensión, acogerla y tomarla como guía y senda para nuestras vidas y enseñanza de consecuencias últimas, y signo de Su presencia en nuestras almas. Precisamente por esa singularidad es necesario buscarla y para ello será imprescindible aprender a bajar, a nadar más adentro en el mar de nuestras personalidades y temperamentos; a deshojar poco a poco la a veces complicada barrera que hemos levantado para esconder todo aquello que nos da miedo, vergüenza y o dolor; o sencillamente que se nos esconde, como diablillo empeñado únicamente en causar daño. O como mariposa loca que nos distrae de lo esencial, importante o necesario.
Cuando dejamos de conversar con los demás casi siempre dedicamos un espacio de tiempo para pensar un poco en las palabras, gestos o acciones recién vividas; al quedarnos solos y dependiendo de la importancia que asignamos al encuentro, como que quisiéramos adentrarnos un poco más para descubrir posibles intenciones ocultas o sencillamente valorarlo. El adentrarnos un poco más y caer lentamente por el talud de nuestros recuerdos, descubrirá cada vez más nuestro interior e iremos conociendo nuestra alma con todas sus fortalezas y debilidades. La frecuencia de estas “tiradas al agua” van volviéndose más necesarias y con su profundidad, que se incrementa con ella, podemos repentinamente encontrarnos con el Señor, que aguarda serenamente en el sagrario más íntimo de nosotros: nuestra conciencia, el núcleo de nuestras almas.
El Miércoles de Ceniza, inicios de la Cuaresma, escucharemos la voz de la Iglesia quenos dice y pide: “Conviértete y cree en el Evangelio”, en su misión de pescadora de hombres, animadora de las almas y continuadora de la actividad salvífica del Señor por la administración de los santos Sacramentos a los hombres de toda la historia. Llamados a creer profundamente, convertirnos, obedecer y seguir la Voz del Señor que resuena en nuestras almas desde lo más ignoto; interiorizar cada día más nuestra oración, confesar nuestros pecados y atender fielmente, con el alma llena de fe, sus enseñanzas. Podemos hacer de todo inicio una nueva historia y un nuevo caminar, disponiéndonos al diálogo precioso con el Señor por medio de la oración profunda, que contempla y desvela el misterio de Su amor por todos los hombres, capaz de llevarlo hasta la muerte por el camino de la iniquidad humana desde aquel día de su oración en el Huerto de Getsemaní. Profundizar en el Ministerio de Dios, adentrarnos en Él, puede ser un chapuzón pasajero o el baño limpiador más importante de nuestras existencias.Quizás debamos ser como el antiguo buscador deostras, que casi explota sus pulmonesen busca de la agraciada con una perla, entre miles que no lo son. Tomarla y descubrirlacubierta del lodo ancestral de la profundidad oceánica y conel interior vacío;o verla lavada, escondiendo en su interior la más fina de las perlas. O podemos ser el granito de arena que la generó; o la perla misma, que en las benditas y santas manos de nuestro Dios ha sido pulida y necesita de cuidados permanentes, para que el ácido abrasivo de cremas, perfumes y sudor humano no apaguen el esplendente brillo, encendido en nuestros corazones desde nuestro bautismo. Es así como en esta Cuaresma podremos iniciar caminos inéditos, con una nueva esperanza.

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