Voz del Papa

Francisco será exigente con la Iglesia en su viaje a México

‘Les pedirá no vivir de rentas de su gran patrimonio y plantearse a fondo la conversión personal, pastoral y misionera’.
El santo padre Francisco viajará a México desde el próximo viernes, 12 de febrero hasta el miércoles 17.  Será el cuarto viaje apostólico del pontífice argentino al continente americano: el primero fue Brasil para la Jornada Mundial de la Juventud, el segundo Bolivia, Ecuador y Paraguay y la última Cuba y Estados Unidos.
Cuando faltan pocos días para iniciar este viaje, ZENIT tuvo la oportunidad de conversar con el profesor Guzmán Carriquiry, secretario de la Pontificia Comisión para América Latina (CAL), con encargo de vicepresidente, quien ha precisado algunas particularidades del viaje.
El profesor Carriquirry ha señalado que “es el primer viaje al continente americano que el papa Francisco dedica enteramente a un solo país durante cinco días” en el cual será recibido por un gran calor popular. Y precisa que “quizás en ninguna otra parte como en México y Filipinas haya tal abrazo del pueblo con el pastor Universal”.
Un viaje que van a seguir con atención no solo todos los mexicanos sin distinción, sino también los pueblos latinoamericanos, Estados Unidos y Canadá y toda la catolicidad entera.
“Es como si se previera -aseguró el secretario de la CAL- que un viaje del Papa a México se convierte siempre en un gran acontecimiento”. Añadió que “el de Juan Pablo II en enero de 1979 marcó su pontificado y el estilo de los cinco viajes apostólicos posteriores” y recordó que Benedicto XVI, no obstante lo poco que pudo viajar a América Latina, quiso ir al país azteca.
Un punto importante para tener en cuenta, indicó, es que “México es el país con mayor número de católicos después de Brasil”, sin olvidar además que “ha recibido muchos dones de la providencia Dios, como fue la primera gesta misionera emprendida por los adelantados de las órdenes mendicantes reformadas según observancia. Aquellos ‘12 apóstoles’ franciscanos, que están en el origen de la primera evangelización, querían nada menos que implantar la comunidad primitiva según el paradigma de los Hechos de los Apóstoles entre los indígenas”.
“México además recibe como don de la providencia -añade el profesor uruguayo- nada menos que la nueva visitación de la Madre de Dios, la Virgen Inmaculada que trae en su seno a su Hijo para gestar una pueblo de hijos y hermanos en medio de mucha violencia y laceraciones. Y que se convierte en Madre de los nuevos pueblos y les acompaña desde sus orígenes, en todas vicisitudes y momentos fundamentales de su historia”.
En tercer lugar destacó “el don del martirio de muchísimos de sus hijos. Y lo repetimos con Tertuliano: la sangre de los mártires es semilla de nuevos cristianos”,  a lo que se suma que “el pueblo de Dios en México ha recibido en el siglo XIX y XX -quizás como ningún otro- una multitud de carismas fundacionales, de congregaciones religiosas y movimientos eclesiales”.
Por todos estos motivos, explicó Carriquiry, se entiende “que hoy en día haya misioneros mexicanos ad gentes un poco por doquier. Es significativo que exista también, como don de la providencia, el seminario de la ciudad de Puebla con el mayor número de seminaristas y sacerdotes del mundo, unos 900”.
De este modo, señaló que “en el sur el Papa va a Chiapas, la zona de mayor pobreza en este país de grandes contradicciones y concentraciones de riqueza; en la diócesis que tuvo como obispo a fray Bartolomé de las Casas y donde pasa la peregrinación cuaresmal de los migrantes centroamericanos; a Michoacán en donde la violencia del narcotráfico es impresionante pero también aquella religiosidad popular que tiene sus orígenes en el testimonio y la obra formidable del Tata Vasco de Quiroga, su primer obispo; y después se dirige a Ciudad Juarez, que solo nombrarla recuerda el feminicidio prolongado durante años, la violencia del narcotráfico, su frontera con el muro delante, una ciudad en condiciones tremendas y temibles”.
Claro que esa tradición católica de México, asegura, “tiene que  cultivarse, y es fundamental que se reavive, que se haga carne en la vida de las personas, de las familias y del pueblo mexicano. Y pienso que el Papa va a ser y tiene que ser muy exigente con la Iglesia mexicana, porque un pueblo que ha recibido tantos dones tiene, no solo que custodiarlos, sino también actualizarlos, cultivarlos y hacerlos fructificar, para bien del propio pueblo y de toda la catolicidad”.
Carriquiry advirtió entretanto que “la Iglesia mexicana no puede seguir viviendo de rentas del patrimonio que ha recibido. Cada mexicano estará llamado a un renovado encuentro personal con Cristo. Por su parte, los pastores tiene que plantearse a fondo la conversión pastoral”. Una conversión pastoral, consideró, que “es mirar al Papa y aprender del Papa como pastor, con esa proximidad misericordiosa, solidaria, llena de ternura y compasión por el propio pueblo”. Además “los sacerdotes mexicanos están llamados a una formación espiritual y cultural mucho más exigente”. Todos estamos llamados siempre a un “más y mejor”.
Asimismo indicó que se vuelve necesario “superar todo lo que hay de clericalismo en México”. Aunque reconoció que “con razón la Iglesia mexicana se puede lamentar de que durante mucho tiempo ha sido marginada de la vida pública, política, cultural, editorial y demás”, no puede olvidarse que “la presencia de los laicos en todos los espacios de la vida pública no haya sido suficientemente educada, alentada y sostenida”.
“Por todo ello pienso -concluyó el secretario de la CAL- que la visita del Papa al santuario de Nuestra Señora de Guadalupe va a ser fundamental, porque allí va a hablar a la patrona de México, y al mismo tiempo a la patrona de América Latina y a la emperatriz de todo el continente americano”.

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