Diálogos "Fe y Razón" Punto de Vista

Abortemos al vector

Diálogo “Fe y Razón”
Abortemos al vector
Diac. Carlos Eduardo  
carloseduardiacono@gmail.com
Los mosquitos se ciernen amenazantes sobre las aguas, las malezas y los basureros en torno a nuestros hogares. Hay alarma a nivel continental y, de no hacer los deberes, podría desatarse una pandemia mundial. En el caso de Honduras, el señor Cardenal, el Sr, Presidente de la República, los representantes de la Oficina Panamericana de Salud y las autoridades y agentes nacionales de salud, al unísono nos han llamado a cerrar filas para combatir tan grave amenaza. No podemos olvidar un mosquito llamado “Anófeles”, transmisor del paludismo o malaria, puesto a raya por el Servicio Nacional de Erradicación de la Malaria (SNEM), de feliz memoria. Muchos hondureños fuimos contagiados, algunos más de una vez y recordamos los períodos de fiebre intensa, que cedían alternativamente el paso a intensos escalofríos. Y recordamos agradecidos la “Primaquina” y el “Alaren”, bendita terapia que traía el alivio.
El villano tiene ahora hasta un nombre elegante; “Aedes Aegypti” (casa sagrada de Egipto, vaya usted a saber por qué), que transmite tres enfermedades: Dengue, Chicungunya y Zika, sin excluir, a como van las cosas, que un buen día se nos informe acerca de alguna más. Más que suficiente razón para emprender una cruzada nacional en su contra, acompañando a unos 35,000 trabajadores de la salud que estarán en línea de vanguardia y que perderían irremisiblemente su lucha, si todos los ciudadanos no les acompañamos en esta gesta.
No hacerlo  -nos alecciona el Sr. Cardenal-  es pecado de omisión.
Ha sido inquietante vernos todos amenazados y tantos que han enfermado.  Pero ahora la preocupación ha subido de nivel, cuando las alarmas se centran en la posibilidad de que, al infectarse la madre embarazada  (sobre todo en los primeros meses), su criatura pudiese nacer con microcefalia, con las dolorosas secuelas que ello conlleva.  Que tan grave posibilidad no nos haga olvidar que todas las personas que tienen su sistema inmunológico afectado, en mayor o menor grado, pueden ser también seriamente afectados.  Entre ellos los que padecen de VIH-sida, diabetes, insuficiencia renal, hipertensión y otros padecimientos crónicos, cuyo cuadro clínico presentaría mayores complicaciones que si el afectado fuese una persona habitualmente sana.
Ante la amenaza que podría afectar a algunas futuras madres, muchos proponen otra clase de “terapia”: el aborto, lo que implica curar matando.  A este respecto, hasta los mismos proponentes ocultan la gravedad de su propuesta, con un lenguaje que, lejos de comunicar los hechos, los oscurecen. Además de la contradicción terminológica en el llamado “aborto terapéutico”–claramente señalada por su Eminencia, ante la venerada imagen de la Virgen de Suyapa-  hay eufemismo culposo cuando se habla de “producto” y no de “ser humano”, cuando se dice “solución” y no “crimen nefando” y cuando no se quiere hablar de las secuelas psicológicas y morales de las madres que han abortado.
Tienen más suerte las tortuguitas golfinas.  Antes se les cuidaba para que llegasen indemnes a las olas del mar. Ahora se les protege desde que están en los huevecillos fertilizados, que se encuentran en sus nidos de arena, para evitar que las aves y los humanos se alimenten de ellos.  ¡Qué contradicción!¡Qué paradoja!  Tu futuro nacimiento depende de que seas un “producto humano” o un “producto tortuguil”. ¡Muerte al primero, vida al segundo!
¿Por qué mejor no acabamos con los mosquitos y sus larvas?  Unámonos todos y pidamos a Dios que nos dé empeño, perseverancia y responsabilidad en esta cruzada.

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