Arquidiócesis

Homilía de Monseñor Juan José Pineda Fasquelle con motivo de la Novena a la Virgen de Suyapa con la presencia de las Fuerzas Armadas

29 DE ENERO 2016

EDUQUEMONOS PARA LA PAZ Y LA JUSTICIA EN HONDURAS

HOMILÍA CON MOTIVO DE LA NOVENA DE NUESTRA SEÑORA DE SUYAPA CON LAS FUERZAS ARMADAS, LA POLICÍA NACIONAL, EL GOBIERNO DE LA REPÚBLICA Y EL CUERPO DIPLOMÁTICO,

PRONUNCIADA POR SU EXCELENCIA

MONSEÑOR JUAN JOSÉ PINEDA FASQUELLE CMF,

OBISPO AUXILIAR DE LA ARQUIDIÓCESIS DE TEGUCIGALPA.

Queremos compartir, desde Cristo, y en esta casa de Santa María de Suyapa, el compromiso de todos los hondureños, -la necesidad de movilizarnos todos-, en nuestro país,

  • en la defensa de la justicia social,
  • los derechos humanos
  • y la dignidad de las personas más vulnerables:

Nuestra mirada se fija sobre la realidad de desigualdad y pobreza que afecta a nuestro país.

Como cristianos y como miembros de una Iglesia, -que guiada por el Evangelio de la misericordia y por el amor a todos-,

  • hemos de escuchar el clamor por la justicia
  • y hemos de responder a él con todas nuestras fuerzas.

Compartamos como nación, nuestra respuesta a la pregunta que Dios Padre nos hace: “¿Dónde está tu hermano?” (Gen, 3:9).

Para responder a esta pregunta hemos de seguir compartiendo la tarea inaplazable de acompañar a los más pobres,

Por lo tanto, todos los hondureños hemos de

  • participar en una tarea colectiva de corresponsabilidad, para seguir denunciando las condiciones de desigualdad e injusticia que nos afectan,
  • y hemos de combatir ese modelo deshumanizado de economía basada en la exclusión y el máximo beneficio, niños, ancianos, mujeres, migrantes, los enfermos, y las minorías étnicas, quedan fuera, abandonados a su suerte.

Es un imperativo que todos los hondureños actuemos desde nuestros espacios -personales y comunitarios-

  • para transformar nuestra realidad dominada por el consumo,
  • la acumulación de bienes y
  • el individualismo
  • mediante un cambio de estilos de vida que nos haga más austeros,
  • y más abiertos a la solidaridad y la fraternidad con los derechos y la dignidad de los miles de desprotegidos que hay en Honduras.

Hemos de trabajar, -todos los días-, en los ámbitos públicos y privados de participación:

  • para ser corresponsables con los actores políticos y sociales -nacionales e internacionales- hacia una gestión austera, transparente, eficaz y valiente
  • a favor de las prioridades de un proyecto de desarrollo social nacional humano:
  • para lograr el fin de la desigualdad y la injusticia,
  • y para la promoción y protección de los derechos humanos de todos.

Y recordamos que todos, en Honduras, somos una sola familia humana:

  • nuestros rostros reflejan la riqueza de nuestro país,
  • pero también una idéntica esperanza en el futuro
  • y una sólida firmeza en la defensa de nuestra dignidad y la de nuestras familias.

PARA LOGRARLO, HEMOS DE EDUCAR A LOS HONDUREÑOS EN LA JUSTICIA Y LA PAZ

Los principales responsables de la educación son los padres y luego los maestros. Son educadores: el Estado, la Iglesia, y cada ciudadano, por lo tanto, nadie se puede excusar de ser responsable de Honduras.

Educar es tarea de los padres, las familias y los responsables en los distintos ámbitos de la vida religiosa, social, política, económica, cultural y de la comunicación.

La educación es la aventura más fascinante y difícil de la vida pues es conducir a otro. Hay uno que enseña y otro que aprende, un juego de dos voluntades. Por eso, el educador se vuelve testigo auténtico, y no simples dispensador de reglas o informaciones.

La utopía que proponemos es que en Honduras sea el lugar donde madura una la educación en la paz y en la justicia. En honduras todos hemos de enseñar y aprender los principios humanos y cristianos como la solidaridad, la acogida por el otro, el respeto por las reglas, la colaboración, la compasión, la fraternidad, el perdón -bases esenciales para la vivencia de la paz-.

La paz es fruto de la justicia y efecto de la caridad.

Pero la paz no es sólo un don que se recibe, sino también una obra que se ha de construir.

Cada hondureño, es un don precioso para la sociedad. No nos dejemos vencer por el desánimo ante las dificultades o a las falsas soluciones, pues no son las ideologías las que salvan a Honduras, sino sólo dirigir la mirada al Dios viviente, que es nuestro creador, el garante de nuestra libertad, el garante de lo que es realmente bueno y auténtico.

EDUCAR A LOS HONDUREÑOS EN LA JUSTICIA Y LA PAZ

Me pregunto: ¿Con qué actitud debemos vivir en Honduras?

En el salmo 130 encontramos una imagen muy bella.

  • El salmista dice que el hombre de fe aguarda al Señor «más que el centinela la aurora» (v. 6),
  • lo aguarda con una sólida esperanza,
  • porque sabe que traerá luz, misericordia, salvación.
  • Esta espera nace de la experiencia del pueblo elegido,
  • el cual reconoce que Dios lo ha educado para mirar el mundo en su verdad
  • y a no dejarse abatir por las tribulaciones.
  • Vivamos, entonces, el año 2016 con esa actitud de confianza.

Es, por lo tanto, un imperativo Educar a los hondureños en la justicia y la paz, convencidos de que todos juntos,

  • con nuestro entusiasmo
  • y nuestro impulso,
  • podemos ofrecer a Honduras una nueva esperanza.

Todos hemos de transmitir a nuestro prójimo:

  • el aprecio por el valor positivo de la vida,
  • suscitando en todos los deseos de nuestras vidas al servicio del bien.

Éste es un deber en el que todos estamos comprometidos en primera persona.

Y si nos seguimos preguntando:

¿Cuáles son las materias pendientes de educación en Honduras?

La respuesta no es secreto para nadie:

  • Educar el deseo de recibir una formación que nos prepare con más profundidad a afrontar la realidad,
  • Educar socialmente para superar la dificultad de formar una familia y encontrar un puesto estable de trabajo,
  • Educarnos para alcanzar la capacidad efectiva de contribuir con el mundo de la política, de la cultura y de la economía, para edificar una Honduras con un rostro más humano y solidario.

TODOS LOS HONDUREÑOS SOMOS CORESPONSABLES DE LA EDUCACIÓN

Sabemos que la educación es una aventura fascinante y difícil.

Educar que viene de “educere”, -en latín significa conducir fuera de sí mismos para introducirlos en la realidad-.

Es decir: conducir a cada hondureño, a toda la nación, hacia la plenitud que hace crecer a la persona y al país.

Ese proceso se nutre, siempre, del encuentro de dos libertades.

Requiere la responsabilidad de

  • uno, que ha de estar abierto a dejarse guiar al conocimiento de la realidad,
  • y la de otro, que debe de estar dispuesto a darse a sí mismo.

Por eso, los testigos auténticos, y no simples dispensadores de reglas o informaciones, son más necesarios que nunca;

  • testigos que sepan ver más lejos que los demás,
  • porque su vida abarca espacios más amplios.
  • El testigo es el primero en vivir el camino que propone.

¿Cuáles son los lugares donde madura una verdadera educación en la paz y en la justicia?

La respuesta no se debe callar:

  • todos los hondureños,
  • todas las hondureñas
  • somos corresponsables de la educación para la justicia y la paz.

Con todo respeto

  • a las Fuerzas Armadas,
  • con todo respeto a la Policía Nacional,
  • con todo respeto al Presidente de la República y su gabinete de gobierno,
  • con todo respeto a la Corte Suprema de Justicia y a la Fiscalía:
  • ustedes no son suficientes para que en Honduras haya paz y justicia.
  • Eso es tarea de todos y todas en nuestro país.
  • Y si alguien no lo entiende así, está destruyendo a nuestro país con su actitud.

Honduras no puedo dejar de hacer una mención al mundo de los medios de comunicación, para que den su aportación educativa.

  • En la sociedad actual, los medios de comunicación tienen un papel particular:
  • no sólo informan,
  • sino que también forman el espíritu de sus destinatarios y,
  • por tanto, han de dar su aportación a la educación de los hondureños y del país.
  • Es importante tener presente que los lazos entre educación y comunicación son muy estrechos,
  • Que los lazos entre paz, educación y medios de comunicación, son muy estrechos:
  • Sabemos que la educación se produce, también, mediante la comunicación, ya que influye -positiva o negativamente- en la formación de la persona.
  • Allí les queda esa tarea, hasta ahora pendiente para ustedes en Honduras.

EDUCAR EN LA VERDAD Y EN LA LIBERTAD EN HONDURAS

La educación persigue la formación integral de la persona, incluida la dimensión moral y espiritual del ser, con vistas al bien de la sociedad.

La primera educación consiste en aprender a reconocer en el hombre la imagen del Creador y, por consiguiente, a tener un profundo respeto por cada ser humano y ayudar a los otros a llevar una vida conforme a esta altísima dignidad.

Nunca podemos olvidar que el auténtico desarrollo del hombre concierne de manera unitaria a la totalidad de la persona en todas sus dimensiones y que no se puede sacrificar a la persona para obtener un bien particular, ya sea económico o social, individual o colectivo.

Es cometido de la educación el formar en la libertad.

Ésta

  • no es la ausencia de vínculos
  • o el dominio del libre albedrío,
  • no es el absolutismo del yo.

El hombre que cree ser absoluto, no depender de nada ni de nadie, que puede hacer todo lo que se le antoja,

  • termina por contradecir la verdad del propio ser,
  • perdiendo su libertad.

Por el contrario, el hombre es un ser relacional, que vive en relación con los otros y, sobre todo, con Dios.

La libertad es un valor precioso, pero delicado; se la puede entender o usar mal.

Para ejercer su libertad, la persona debe conocer la verdad sobre sí mismo y sobre el bien y el mal.

En su conciencia, cada persona, descubre una ley a la que debe obedecer y cuya voz lo llama

  • a amar,
  • a hacer el bien
  • a huir del mal,
  • a asumir la responsabilidad del bien que ha hecho
  • o del mal que ha cometido.

El uso recto de la libertad es central en la promoción de la justicia y la paz, que requieren el respeto hacia uno mismo y hacia el otro.

De esa actitud brotan los elementos sin los cuales la paz y la justicia se quedan en palabras sin contenido:

  • la confianza recíproca,
  • la capacidad de entablar un diálogo constructivo,
  • la posibilidad del perdón, que tantas veces se quisiera obtener pero que cuesta conceder,
  • la caridad recíproca,
  • la compasión hacia los más débiles, así como la disponibilidad para el sacrificio.

EDUCAR PARA LA JUSTICIA EN HONDURAS

En nuestra Honduras, -en el que el valor de la persona, de su dignidad y de sus derechos-, más allá de las declaraciones de intenciones, está seriamente amenazado por la extendida tendencia a recurrir exclusivamente a los criterios de utilidad, del beneficio y del tener, es importante no separar el concepto de justicia de sus raíces transcendentes.

  • La justicia no es un simple acuerdo entre personas o instituciones, ya que lo que es justo no está determinado -originariamente por la ley creada- por el ser humano, sino que por la identidad profunda de cada individuo.
  • La visión integral del hombre es lo que permite no caer en una concepción de la justicia como un mero acuerdo o contrato entre personas,
  • La verdadera justicia es la que abre el horizonte de la solidaridad y de la verdad.

No podemos ignorar que ciertas corrientes ideológicas en Honduras, -sostenidos por principios económicos o políticos racionalistas y muy individualistas-, han sustraído al concepto de justicia de sus raíces, separándolo de la caridad y la solidaridad:

  • Honduras no se promueve sólo con relaciones de derechos y deberes
  • Sino, antes y más aún, con relaciones de gratuidad, de misericordia y de comunión.
  • Honduras no avanzará si esos grupos políticos o económicos siguen, simple y sencillamente, pensando en sus bolsillos o en sus mezquinos interés.

Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados (Mt 5,6).

Serán saciados porque tienen hambre y sed de relaciones rectas consigo mismos, con sus hermanos y hermanas, y con toda la nación.

EDUCAR PARA LA PAZ EN HONDURAS

La paz no es sólo ausencia de guerra y no se limita a asegurar el equilibrio de fuerzas adversas.

Ya no voy a tratar, por quinta vez, -desde este ambón-, el tema del desarme, porque ya veo que a los que les corresponde la responsabilidad de esa regulación, -por lo menos en estos cinco años de clamor, desde este ambón-, no han asumido su responsabilidad.

Sigamos.

La paz no puede alcanzarse en Honduras

  • sin la salvaguarda de los bienes de las personas,
  • la libre comunicación entre los hondureños,
  • el respeto de la dignidad de las personas
  • y la práctica asidua de la fraternidad.
  • Si algunos siguen tratando a sus conciudadanos como enemigos, por el hecho de no pensar como ellos, no vamos a ninguna parte.

La paz es fruto de la justicia, entre todos, y efecto del trato respetuoso, entre todos.

La paz no es sólo un don que se recibe, sino también una obra que se ha de construir. Y visto lo visto, es tarea pendiente en Honduras.

Ya sé que no estamos en guerra.

Pero, también puedo afirmar, que, en Honduras, no estamos en paz.

Para ser verdaderamente constructores de la paz en Honduras:

  • Debemos ser educados en la solidaridad, la colaboración, la fraternidad;
  • Hemos de ser activos, TODOS, dentro de las comunidades y atentos, TODOS, a despertar las consciencias sobre los problemas nacionales,
  • Es tarea de todos los hondureños trabajar y reflexionar sobre la importancia de buscar modos adecuados de redistribución de la riqueza, de promoción del crecimiento, de la cooperación al desarrollo y de la resolución de los conflictos.
  • «Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios», dice Jesús en el Sermón de la Montaña (Mt 5,9).
  • Ojalá que se pueda decir algún día de nosotros: Bienaventurados los hondureños, porque trabajan por la paz.

La paz para todos los hondureños nace de la justicia de cada uno y nadie puede eludir este compromiso esencial de promover la justicia.

Y para finalizar, invito a todos los hondureños a que seamos constantes y perseverantes en buscar la justicia y la paz; y de cultivar el gusto por lo que es justo y verdadero.

LEVANTEMOS LOS OJOS HACIA DIOS EN HONDURAS

Ante el desafío que supone recorrer la vía de la justicia y de la paz, podemos sentirnos tentados de preguntarnos: ¿Qué hemos de hacer?

Deseo decir con fuerza a todos, los hondureños: no son las ideologías las que salvan a Honduras, sino dirigir la mirada al Dios viviente y a Su Madre, María, garantes de nuestra libertad, garantes de lo que es bueno y auténtico.

Hondureños, hondureñas:

Miremos a Dios, que es la medida de lo que es justo y recto.

El amor, -como dice San Pablo en su Carta a los Corintios-,

  • se complace en la verdad,
  • es la fuerza que nos hace capaces de comprometernos con la verdad, la justicia, la paz,
  • porque todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta (cf. 1 Co 13,1-13).

Hondureños:

No nos dejemos vencer por el desánimo ante las dificultades y no nos entreguemos a las falsas soluciones, que se presentan como el camino más fácil para superar los problemas.

No tengamos miedo de comprometeros, de hacer frente al esfuerzo y al sacrificio común, de elegir los caminos que requieren

  • fidelidad y constancia,
  • humildad y dedicación.

Vivamos con confianza y con profundos deseos de corresponsabilidad, verdad, justicia y trato fraterno verdadero, entre todos.

Seamos conscientes de que podemos ser ejemplo y estímulo para los demás, dentro y fuera de Honduras,

  • y lo seremos cuanto más nos esforcemos por superar las injusticias y la corrupción,
  • cuanto más deseemos un futuro mejor y nos comprometamos en construirlo.
  • Seamos conscientes de nuestras capacidades y nunca nos encerremos en nosotros mismos,
  • sino sepamos trabajar por un futuro más luminoso para Honduras.

La Iglesia Católica confía en Honduras:

  • somos Honduras,
  • acompañamos a Honduras,
  • nos animamos y deseamos ofrecer lo que tenemos de más valor:
  • la posibilidad de levantar los ojos hacia Dios,
  • de encontrar a Jesucristo, aquel que es la justicia y la paz.

A todos ustedes, hombres y mujeres preocupados por la causa de la paz:

  • la paz no es un bien ya logrado en Honduras,
  • sino una meta, una tarea, a la que todos debemos aspirar.

Miremos con mayor esperanza al futuro,

  • animémonos mutuamente en nuestro camino,
  • trabajemos para dar a nuestra Honduras un rostro más humano y fraterno
  • y sintámonos unidos en la corresponsabilidad respecto a los hondureños,
  • particularmente en educarnos a ser pacíficos y artífices de paz.

Unamos nuestras fuerzas espirituales, morales y materiales para educar a los hondureños en la justicia y la paz.

Amen.

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