Arquidiócesis

Amor maduro

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Caminar
Jóse Nelsón Durón V.
Amor maduro
Rafael llevó a su novia, Miriam, para presentarla a su madre Ana Julia, que le acogió en su casa y le proveyó de un hogar y una familia hace ya ciertos años y que, dicho sea de paso, estaba en mi casa visitando a su hermana, mi suegra, doña Marta, la inventora de los ricos frijolitos que se venden en los supermercados. Tanto Rafael como Miriam son personas maduras, con tres hijos cada uno, todos graduados universitarios y buenos ciudadanos. Ambos vienen de relaciones maritales rotas y paterno-maternales excelentes con sus respectivos hijos, criados a punta de esfuerzos propios de los padres solos. Ella, después de haber nacido en un hogar no católico, donde, a decir suyo, no hubo una íntima relación con Dios, encontró el sentido del caminar espiritual en el Catecumenado Católico y él, en una relación con Dios más bien personal, sin ayuda y compañía eclesial. Se conocieron en un momento de íntima soledad, con necesidades afectivas y hasta emocionales, y estrecharon lentamente sus mutuas compañías, hasta decidir convertirse en novios. Aquí es propicio revelar que ambos ya están jugando el segundo tiempo del partido de sus vidas, tienen un deseo de vivir admirable y que, si Dios así se los permite, las campanas de la Iglesia sonarán, aunque ya tiemblan, emocionadas. Sacramentalmente, es un caso propio para la misericordia de Dios y para el depósito de la fe a ella confiado.
No puedo menos que confrontar esta emocionante situación de dos personas buenas con la realidad nacional que nos hacen vivir nuestros políticos, enfrascados en la continuación del status que les ha llevado al poder del que se han enamorado y no quieren soltar por ambiciones de poder. Pienso yo, ¿qué podrá abonarle al país un ex que, en la mayoría de los casos, hizo lo que quiso y no lo que pudo; desfasado de la historia y de su comprensión en una sociedad que desilusionó? Ahora, esa sociedad está ávida de cambios estructurales que pongan el ojo del interés gubernamental y empresarial en quienes les sustentan, sus ciudadanos, y que le pongan a bailar en la fiesta de las naciones prósperas. El mundo vive una conmoción política que lucha por la paz, el bienestar y el progreso que le han negado tantos seres obsesionados, que utilizaron toda clase de artimañas para alcanzar un poder que quizás no merecían y que se resisten a dejarlo, tercos y empecinados en intereses mezquinos. Reelegirlos, ¿para qué? Se la pasan buscando, dicen, “balances, contrapesos, consensos…” ¿qué le interesan a quien tiene el estómago vacío y jamás ha pisado cerámicas imperiales, ni comido caviar y bebido vinos “espirituosos” y que tienen que dejar su país huyendo de la miseria y de la violencia? Quiera Dios que sus decisiones, pese a que a Él invocan a cada rato, sean para el bien de todos.
La pequeña historia de Rafael y de Miriam, por lo poco aquí expresado y no por el significado espiritual, moral y existencial para cada uno de ellos, debe también llamarnos a reflexionar en cuán importante es la compañía, el ser dos, el mezclar diferentes temperamentos, orígenes y costumbres para hacer realidad la voluntad de Dios para formar una familia, capaz de encontrar, practicar y prolongar en la vida Su gloria, camino de regreso a Su casa. Un pequeño fragmento de la Carta a los Corintios dice: “Ahora vemos como en un espejo y oscuramente, pero después será cara a cara.”, como aviso que deberían escuchar todos los novios, antes de profesar votos matrimoniales; de tal manera que, reflejándolo en los esponsales de la Iglesia con nuestro Señor Jesús, excelente Esposo, Maestro y Amigo, puedan todos afirmar, continuando con San Pablo: “Ahora sólo conozco de una manera imperfecta, pero entonces conoceré a Dios como él me conoce a mí. Ahora tenemos estas tres virtudes: la fe, la esperanza y el amor; pero el amor es la mayor de las tres.” Palabra de Dios. Le alabamos, Señor.

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