Punto de Vista Reflexión

La Provincia Eclesiástica de Honduras

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Reflexión
La Provincia Eclesiástica  de Honduras / II
P. Juan Ángel López Padilla
La semana anterior me quedé comentándoles algo de los antecedentes dela creación de la Provincia Eclesiástica de Honduras.
En 1853 fallecía después de apenas casi 8 años de episcopado, Monseñor Francisco de Paula Campoy y se nombraba en su lugar al primer obispo nacido en Honduras, del clero diocesano o secular como se estilaba llamarnos en esa época: Monseñor Hipólito Casiano Flores.
El problema es que, su episcopado, duró menos tiempo que todos los obispos anteriores de la historia de Honduras. Fue ordenado obispo el 6 de mayo de 1855 y el 29 de septiembre de 1857 fallecía producto de un envenenamiento del que algunos acusaron a la clase política del momento y en particular, al Presidente de la República: José Santos Guardiola.
Se desató uno de los episodios más extraños de nuestra historia eclesiástica: la Guerra de los Curas. Impulsados por la pasión desesperada del Provisor Nicolás Irías, unos pocos sacerdotes se alzaron en armas contra el gobierno. El presidente Guardiola aprovechó la coyuntura y se negoció un Concordato con el papa Pío IX. Dicho Concordato fue firmado en Roma el 9 de julio de 1861 y tendrá unas repercusiones interesantísimas dado que los gobiernos de turno esgrimirán su aplicación a su conveniencia, al punto que cuando se propuso la creación de la Arquidiócesis de Tegucigalpa, el gobierno de Manuel Bonilla, opuesto visceralmente a dicho proyecto, se atreverá a invocar un tratado que existió en el papel, pero no en la práctica.
Antes de que empiecen a pretender que amplíe lo del envenenamiento a Monseñor Flores, me basta con decirles que no fue el primer obispo asesinado en la historia de Honduras, al menos uno comprobado en la época colonial y, después de él, existen fundadas razones para considerar que al menos dos más, lo fueron.
El siguiente obispo de Comayagua fue muy querido y será el primer obispo hondureño en participar en un Concilio Ecuménico: Monseñor  Juan Félix de Jesús Zepeda. Había sido nombrado obispo auxiliar de Guatemala en 1859 y el 22 de julio de 1861 fue nombrado obispo de Comayagua. En 1870 participó en el Concilio Vaticano I y a su regreso a Honduras le tocará enfrentar los efectos de la Reforma Liberal promovida por Marco Aurelio Soto y Ramón Rosa, que siguiendo la línea del liberalismo decimonónico se ocupará de despojar a la Iglesia de todo lo posible y legislar contra ella.
Monseñor  Zepeda morirá el 20 de abril de 1885 y por primera vez aparecerá en el horizonte la figura de Monseñor José María Martínez Cabañas quién será propuesto por el gobierno como obispo. Roma optará por el elegir al guatemalteco Manuel Francisco Vélez.
Monseñor  Vélez fue ordenado obispo el 26 de diciembre de 1887. Celebró el primer Sínodo de la diócesis de Comayagua, organizó lo mejor que pudo la extensa diócesis y fue el primero en proponer a la Santa Sede la creación de otras diócesis en el territorio hondureño. Sus conflictos con los gobiernos liberales, sobre todo con el fundador del Partido Liberal, Policarpo Bonilla, lo llevará incluso a abandonar el país y salir al exilio.
La próxima semana hablaremos ya de la creación de la Provincia Eclesiástica. Por cierto, a Monseñor Vélez también lo envenenaron.

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