Arquidiócesis

Rutina

Diálogo “Fe y Razón”
Diac. Carlos Eduardo  
carloseduardiacono@gmail.com
Rutina
-“¡Hola! ¿Cómo te va?”- pregunté. “Aquí, enfrentando de nuevo la rutina” contestó. “¿Qué me habrá querido decir con eso de enfrentar de nuevo la rutina?” pensé.
Este amigo con quien dialogaba hace poco, es bastante representativo de miles de personas, para quienes, pasadas las festividades –en este caso de Navidad y Año Nuevo- vuelve a cierta norma o costumbre, que podría denominarse “normalidad” o bien “cotidianidad”, pero que muchos conceptúan como rutina.
El diccionario (-siempre lo consulto-) nos dice que la rutina es “costumbre o hábito adquirido de hacer las cosas por mera práctica y de manera más o menos automática” (RAE sv). No es casual, entonces, que en vocabulario de la informática, la palabra se refiera a una “secuencia invariable de instrucciones que formaparte de un programa y se puede  utilizar repetidamente” (RAE ib.) La rutina, pues, indica repetición, hacer más de lo mismo o de la misma manera, ausencia de creatividad y,  lo que es peor: ausencia de ilusión, o bien de imaginación.
Si somos rutinarios podemos fácilmente caer en la monotonía y el desgano. La vida diaria se nos presenta sin mayor relieve o atractivo. Podemos aburrirnos de casi todo, hasta de nosotros mismos, y ser causa de aburrimiento para los demás. A este punto alguien podría opinar que la rutina debe tener alguna ventaja, para que tanta gente se adhiera a ella. Ciertamente; se busca la seguridad que muchos encuentran cuando no hay cambios; salir de la rutina puede costar trabajo, a veces hay que pensar extra, y con ella evitamos el estrés.
Los psicólogos siempre recomiendan salir de la rutina, ya sea que ésta se presente en el trabajo, en las relaciones intrafamiliares, en la movilidad física o en cualesquiera otros campos. Dentro de estos últimos destaquemos la vida espiritual. Hay que estar motivado permanentemente, cargado de entusiasmo. Es sorprendente el número de consejos que al efecto se dan: cambie de ruta para llegar al trabajo, ordene de distinta manera los muebles de la casa, cambie de peinado y de manera de vestirse (ellos le dicen “look”), etc.
En la vida profesional recomiendo estudiar, para estar siempre al día, o para aprender conceptos o procedimientos nuevos. Deberíamos examinar si hay maneras más ágiles de actuar y de “fabricar” más tiempo para más actividades.
En la vida familiar, los esposos deben hacer juntos actividades nuevas, incorporar a los hijos conforme vayan creciendo y tener siempre planes familiares para cada ocasión. También se deben practicar con mucha frecuencia las tres palabras mágicas que recomienda el Papa Francisco a las familias: “Permiso”, “Gracias”, “Perdón”.
La rutina, en vida espiritual, es atrofia, signo de una peligrosa debilidad. Sin excluir que a veces se nos presenta “la noche oscura del alma”, tenemos que trabajar para renovar nuestras prácticas espirituales. Al efecto el Papa nos exhorta: “¡Que la Santa Misa no caiga para nosotros en una rutina superficial! ¡Que tomemos cada vez más de su profundidad!”
Creo que allí está la clave: si hay profundidad, no habrá rutina. Y podremos entender entonces qué nos quiso decir el Santo Padre: “Pero quiero que haya lío en las diócesis, quiero que se salga fuera. Quiero que la Iglesia salga a la calle”.

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