Punto de Vista Reflexión

La Provincia Eclesiástica de Honduras

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Reflexión
La Provincia Eclesiástica de Honduras
P. Juan Ángel López Padilla
Seguramente para muchos este asunto de dedicar un espacio para relatar la Historia de la Iglesia en Honduras, sobre todo en lo que respecta a la creación de la Provincia Eclesiástica de Honduras, les sonará un tanto aburrido y preferirían que me ocupase de algún otro tema. Sobre todo cuando hay de por medio tantos aspectos de nuestra realidad actual como la elección de la Corte Suprema de Justicia o bien podríamos dedicar un tiempo a hablar de las Obras de Misericordia, corporales y espirituales, porque ese es un tema que estoy queriendo desarrollar desde hace un buen rato.
Sin embargo, mi particular vocación y pasión por la historia me obligan a comentarles un poco sobre cómo se llegó a la creación de nuestra Provincia Eclesiástica. Advierto que es un poco riesgoso porque ese es el tema de mi tesis doctoral y de capacidad de abreviar, tengo muy poco.
Desde 1531, específicamente el 5 de septiembre de ese año, fue creada la diócesis de Trujillo en el Cabo de Honduras. El obispo designado para la nueva diócesis era el fraile Jerónimo, don Juan Alonso Guzmán de Talavera. Un poco a la usanza de la época y a pesar de los esfuerzos que había encaminado en España la reforma del Cardenal Cisneros 35 años atrás, el obispo electo nunca se trasladó a su sede.
El primer obispo residente en Honduras fue Monseñor Don Cristóbal de Pedraza, quién había estado en México alrededor de la época de las apariciones de la Virgen de Guadalupe y quién había llegado a Honduras probablemente en 1537 con el cargo de Protector de Indios. Regresó a España a ser ordenado obispo y a participar en la redacción de las Leyes Nuevas del rey Felipe II.
Es entonces desde 1545 que Honduras contó con un obispo que recorrería el país con el afán de sentar las bases de una evangelización por demás titánica por lo agreste del territorio y lo disperso de sus pobladores.
Es probable que este primer obispo, sino su sucesor Jerónimo de Corella, trasladasen la sede episcopal de Trujillo, muchas veces saqueada por los piratas, a la ciudad de Nueva Valladolid de Comayagua. El punto es que desde 1561 podemos hablar de la que será la única diócesis de Honduras hasta 1916.
La diócesis de Honduras o de Comayagua, fue una de las más marginales durante la época colonial aunque eso no impidió que contase con santos obispos y sacerdotes; mártires y forjadores de una historia que bien puede catalogarse de gloriosa sino fuese por el prejuicio con el que tantas veces nos juzgamos los hondureños a nosotros mismos. Como diría un amigo querido, “si querés oír hablar mal de Honduras, tenés que preguntarle a un hondureño.”
Pasada la época colonial no contaba con un obispo y el que había sido electo para sustituir a Manuel Julián Rodríguez del Barranco que había fallecido en 1819. De tal manera que no tuvimos obispo sino hasta 1844 en la persona de Monseñor Francisco de Paula Campoy.
Dolorosamente esas sedes vacantes, que ha habido muchas, han imposibilitado el devenir ordenado de la vida eclesiástica de nuestra patria.
Les dije que no iba a ser fácil, pero lo digo de una vez. Hablo de los obispos, pero no sólo ellos deben ser considerados protagonistas sino desde el más humilde de los bautizados en adelante.

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