Caminar Punto de Vista

La libertad y sus límites

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Jóse Nelsón Durón V.
La libertad y sus límites
Una artista mejicana, aparentemente presente en una reunión entre el Chapo Guzmán y Sean Penn, ha afirmado: “No creo en el Papa ni en el Vaticano ya que creo que el ser humano debe disfrutar del amor carnal, del sexo y de preferencia sin esconderse ni lastimando a nadie”. No cree en la Iglesia porque cree en el sexo. También ha escrito:“hoy creo más en ‘El Chapo’ que en los gobiernos que me esconden verdades”.Cree más en un vendedor de droga, cuya fuga le pareció “de risa loca”, que en su gobierno. ¿Cuáles serán sus verdades? De cualquier modo, ella es tajante. Algo que es ahora común: artistas metidos en papeles que no les corresponden, usando su fama y riqueza para ocupar espacios y, pese a su dilatada fama, en busca de brillo. No sería extraño que, en el caso del gringo, el interés fuese político. Esta necesidad de aparecer se está dando en todas partes y en todos los medios; pareciera fruto de esas aperturas del Internet y de la cuestionable y progresiva masificación intelectual consecuente, producto de la liberalidad impune, despreocupada y superficial de las publicaciones. Es más fácil aceptar una verdad a medias que acalla conciencias, que es favorable, entendible, sencilla y provechosa, que la verdad a secas; sobre todo cuando ésta se opone a vicios, frustraciones y aspiraciones profundas de origen desconocido.
El ser humano, nacido libre y digno, percibe cierta tensión entre lo finito del mundo y lo infinito de la trascendente, pero no la comprende; y, aunque tarde, llega a explotar cuando en su vida el asco, la desolación y el rechazo resultan ser demasiados y la ira y la protesta desembocan en exigencias radicalizadas. Vivimos en el siglo de las reivindicaciones y de las rebeliones de masas y grupos cansados de la esclavitud, que exigen libertad y buscan por el mundo espacios de oportunidad y justicia. Es necesario que lo entendamos todos y comencemos a estudiar sus causas y efectos para poderacompañar y moderar lo que sea necesario. La masificación de la ciencia y del conocimiento que los medios proveen, si en realidad se produce y es efectiva, puede producir reacciones seudo educadas ante situaciones complejas e incomprensibles, y ante realidades indignas y abusivas encarnadas en los pueblos y culturas desde tiempos inmemoriales, que ahora exigen justicia. Sin embargo, la lucha debe ir acompañada de su propio código de valores para que no se convierta en estampida alocada sin meta y límite. La libertad humana debe tener la frontera de su consecución y la comprensión de sus propios límites, para que las nuevas frustraciones causadas por éstos impulsen solamente el logro y corolario de la libertad absoluta. En esta vida realmente solo tenemos una idea fragmentaria de la verdadera libertad a que aspira nuestra alma. El sueño trascendente de la verdadera y absoluta libertad: Dios, la libertad perfecta.
Caminamos siempre en tinieblas, sujetos a descubrir caminando y muriendo a medida que vivimos. Apenas conscientes del Misterio; asustados, preocupados y enojados por haber perdido lo esencial y la senda para accederlo y vendemos nuestros tronos seducidos por acontecimientos temporales. Debemos tener cuidado que la protesta nos impida la Verdad, cegados por el misterio propio y de la vida. Ese misterio tiene su primera manifestación en la era cristiana en el propio Señor Jesús, que impuso a sus discípulos, a las gentes de su tiempo y a la futura Iglesia, el silencio mesiánico, por causas que todavía queremos entender plenamente.Y encargó a la Iglesia el depósito de la Fe, para que, caminando con sus fieles, fuera administrando los sagrados Sacramentos y fundamentando su fe a través de los siglos, para que el Señor nos diga al final: “Tú, en cambio, has guardado elvino mejor hasta ahora”.

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