Buenas Nuevas

“Cuando todo el pueblo fue bautizado…”

p7encuentroAl encuentro de  la palabra… según San Lucas para la Lectio Divina
“Cuando todo el pueblo fue bautizado…”
(Lc 3,15-16.21-22 – Fiesta del Bautismo del Señor)
P. Tony Salinas Avery
asalinasavery@gmail.com
Lucas al igual que los otros evangelios, narra el acontecimiento del Bautismo de Jesús, realizado por Juan el Bautista. Dichas narraciones señalan los especialistas tiene como centro una “visión interpretativa”. Ellos quieren decir, que la narración está compuesta por dos grandes signos: El Espíritu Santo que baja en forma de paloma y la voz divina.
Para los evangelistas la paloma es el símbolo de ese Espíritu de Dios, prometido ya por el profeta Isaías que descendería sobre el Mesías: “Sobre Él se posará el Espíritu del Señor, Espíritu de sabiduría y de inteligencia, Espíritu de consejo y fortaleza, Espíritu de conocimiento y de temor del Señor” (11,2). Con este acontecimiento suscitado inmediatamente después de haber recibido las aguas, se comprueba el inicio mesiánico de Jesús, en quien reside la plenitud de la presencia de Dios a través del Espíritu. A este signo se une el de la voz divina. Recoge en la narración hecha por san Lucas dos textos del Antiguo Testamento: “Tú eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy” y el texto de uno de los Cántico del Siervo del Segundo Isaías: “He aquí mi siervo a quien sostengo, he aquí mi elegido en quien me complazco”. Maravilloso ensamble de textos bíblicos, en el preciso momento de esta manifestación de Cristo, donde aparece como Hijo predilecto, el Unigénito en sentido pleno de Dios. Y, por otro lado, aparece que este Mesías, hijo de David, posee la figura-realidad de un Mesías-siervo sufriente. Esto nos hace comprender que en esta maravillosa fiesta, se nos presenta a Cristo en su dualidad Mesiánica: Rey-Siervo y Profeta-Hijo de Dios.
El bautismo de Jesús encierra un mensaje catequético, que formula de una manera literaria su solemne inicio de misión salvadora y su presentación como tal al mundo que lo esperaba ansioso. Aquí queda satisfecha la expectación mesiánica en curso. Todos pensaban que tal vez sería Juan el Mesías. La intervención de Juan (v.16) significa que la gente pensaba que con Juan ya había llegado el Esperado. Pero su bautismo reflejaba la diferencia: el suyo es un bautismo de solo agua; el de Jesús es un bautismo con Espíritu Santo y fuego. En la tradición bíblica, como sabemos, el fuego es una manifestación de la presencia del Espíritu.
Estrictamente hablando, esta fiesta litúrgica, no debería desembocar en una predicación o mediación sobre nuestro bautismo, ya que colocada al inicio de la misión mesiánica de Jesús, nos invita a profundizar en la cristología que acompaña nuestra vida cristiana y nuestros pensamientos teológicos. Se trata de preguntarnos, ¿quién es para mí hoy este Jesús de Nazaret? ¿qué de Dios he encontrado en Él para reconocerlo como Dios verdadero entre nosotros? ¿Es su bautismo una nueva presentación de lo que representa para el ayer, el hoy y el mañana de la vida de la Iglesia?

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