Diálogos "Fe y Razón" Punto de Vista

Propósitos

p5dialogos3Diálogo “Fe y Razón”
Diac. Carlos Eduardo  
carloseduardiacono@gmail.com
Propósitos
Al llegar una nueva etapa en la vida personal o de los pueblos, se suelen hacer y escuchar nuevos propósitos. Así acontece cuando inicia un nuevo gobierno, o se da un cambio de estado, por ejemplo, al momento de casarse, o cuando se ordena un eclesiástico o profesa un religioso. Otro tanto sucede al comenzar un nuevo año, y se acostumbra, o hasta se espera, que todo el mundo haga sus propósitos de mejora.
Lejos de mí oponerme a tan magnífica tradición.  Empero, no puedo dejar de constatar que muy a menudo esos propósitos han quedado en buenas intenciones, y nada más. No pretendo dudar de la sinceridad con que se formularon, pero veo que no se definió la estrategia adecuada para llevarlos a cabo.
No siendo experto en estrategias, quiero hacer al menos algunas sugerencias y comentarios, a fin de ver si este año más personas -yo el primero- cumplimos nuestros propósitos de año nuevo.
Cumplamos primero nuestras promesas más solemnes. Como cristianos hemos hecho y renovado promesas bautismales, que no deben tomarse a la ligera; por ellas nos comprometemos a no hacer el mal, a apartarnos del pecado y a trabajar por el bien. La persona  casada ha prometido “serte fiel en lo próspero y en lo adverso, en la salud y en la enfermedad y amarte y respetarte todos los días de mi vida”. Quien ha accedido a un cargo público ha prometido “ser  fiel a la República, cumplir y hacer cumplir la Constitución y las leyes”. Si fuésemos incapaces de cumplir con nuestros compromisos más radicales, ¿qué sentido tiene hacer nuevos propósitos?
Cumplamos los propósitos no cumplidos de años anteriores. Tomémonos en serio. Si no llegamos a cristalizar los propósitos de años anteriores, eso no quiere decir que no hayan sido formulados, o que hayan prescrito. Se trata de promesas aún no cumplidas, que están pendientes.
Probablemente hubo una buena razón para hacerlas, por lo que hay un bien detrás de ellas que nos espera. No se llene de nuevos compromisos; honre primer los que anteriormente hizo.
Formulemos propósitos proporcionales a nuestros recursos. Asumiendo, naturalmente, que no se tienen deudas pendientes, de las descritas anteriormente. En un momento como éste, es necesario conocerse bien a sí mismo, y actuar en consecuencia. Si uno tiene complejo de héroe, podría formular “metotas”, es decir, metas demasiado grandes, que no va poder alcanzar.  Se puede dar el caso contrario, que por ser timoratos, acomplejados o pusilánimes formulemos “metitas”, o sea propósitos ridículos, que cualquiera puede alcanzar.  Ejemplo de lo primero puede ser bajar abruptamente de peso, o comprometerse a realizar obras cuyo costo no se pueda asumir. Ejemplo de lo segundo podría ser el prometer estudiar una hora diaria solamente.
Definamos una estrategia. Esto es muy variado. A algunos les funcionó comprometerse ante muchas personas, para dejar de fumar, por el respeto que las mismas le merecían. Otros que habían decidido bajar de peso por razones de salud, se asesoraron profesionalmente para fijar metas parciales y plazos razonables, lo que les condujo al éxito.
5º Haga oración. Si al hacer metas le pedimos fortaleza al Señor y recordamos nuestros propósitos en las plegarias diarias, podemos estar seguros de que alcanzaremos lo que nos hemos propuesto.
Feliz Año Nuevo, encomiéndese a Dios, quiera a los suyos, cumpla sus deberes ciudadanos y sea buena gente. Que Dios le bendiga y haga prósperas las obras de sus manos.

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